GAMINES PRIVATIZAN LAS CALLES DE BOGOTÁ

GAMINES PRIVATIZAN LAS CALLES DE BOGOTÁ

Cecilia y José son dos indigentes del centro de Bogotá. Desde hace un mes, este par de mendigos cierran cualquier calle de la ciudad y todo aquel que quiera pasar tiene que pagar para poder hacerlo. Al principio, no les importaba cuánto dinero les dieran, pero luego decidieron pedir una cuota fija a cada conductor o transeúnte que pasara por su zona de trabajo y establecieron que el peaje sería de 200 a 500 pesos, todo dependía del modelo del carro y la pinta del peatón .

23 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Empezaron en la Avenida Circunvalar, cerca a las universidades, porque según ellos los estudiantes se asustan mucho y sueltan rapidito el billete, aunque hay otros que del susto nos echan el carro encima o salen corriendo . Luego se fueron a la Caracas y por último decidieron montar su negocio en la primera calle que encontraran, porque para ellos en cualquier lugar por donde pasen carros está el billete .

Sin embargo, lo que empezó como un rebusque se convirtió en un negocio redondo. Ahora no son dos o tres indigentes los que se reúnen para cobrar un peaje , son grupos de hasta 15 personas que paran desde buses y colectivos hasta taxis y peatones.

Idelbrando Sastoque, conductor de bus, asegura que aparecen en el lugar menos esperado. Primero me pararon en la Avenida Circunvalar cerca a la Universidad América y les di plata porque pensé que iba ser solo esa vez, pero luego se convirtió en algo diario, me los encontraba en todas partes. Ahora, me les vuelo el cerco.

Como Sastoque, hay muchos que se quejan de los indigentes, porque no solo paran carros, sino que también detienen a los peatones que desprevenidamente pasan por el lugar.

Jaime Redondo, estudiante de derecho de la Universidad Externado de Colombia ha sido víctima de los mendigos varias veces. Dice que desde hace tres semanas les da 300 pesos diarios, porque bloquean la calle y para poder pasar hay que darles lo que pidan .

Un negocio redondo Desde hace cinco años, cuando Cecilia y José eran unos adolescentes, empezaron a mendigar. Con el dinero que recogieron compraron una zorra en la que recogen chatarra, luego de pedir limosna durante dos o tres horas en las calles más congestionadas del centro de la ciudad.

Para ellos, pedir plata no es ninguna vergenza. Al contrario, aseguran que es como cualquier camello y sufrimos tanto o más que un asalariado, porque esta labor tiene leyes y rondan los avivatos que nos quieren arrebatar las ganancias .

Y es que la mendicidad ya es toda una actividad organizada. Cecilia y José comenzaron a pedir en las calles, donde acosaban a los transeúntes armados con una botella rota o un cuchillo oxidado, pero según ellos ya eso no les da susto y no sueltan ni cinco.

Luego, tuvieron que ingeniarse algo más seguro y menos riesgoso. Se montaron en bus ejecutivo y echaban un cuento bien rebuscado que ablandara corazones y aflojara los bolsillos de los pasajeros, pero dicen que también la cosa se volvió muy competida y ya no nos comen cuento .

Por eso el asunto de los retenes les resultó una minita de plata, y como cualquier negocio que se respete ya tienen horarios y zonas preferidas. Estos grupos de gamines no salen en los días lluviosos, no trabajan los fines de semanas y tampoco después de los festivos. Cierran las calles por dos o tres horas máximo y luego se retiran al sitio más inesperado de la ciudad.

Para la Policía ha sido difícil encontrarlos. El Mayor Pinzón de la Estación Cien de Bogotá asegura que no han detectado el primer retén de gamines porque son casos aislados los que se denuncian y cuando llegan al sitio indicado ya no encuentran ni retenes ni gamines .

Y es que no es fácil rastrearlos, porque su modus operandi es variado y sorpresivo. Ellos montan los peajes cuando sus otras actividades, -pedir en los buses y en la calle-, les deja tiempo libre.

Claro que las ganancias no son ninguna limosna. La actividad resultó ser tan fructífera que fácilmente pueden reunir en una hora diez mil pesos, todo depende de la afluencia de tráfico y del genio del conductor.

Las personas que han sido víctimas de la mendicidad móvil aseguran que los días preferidos de los gamines son los viernes en la tarde, claro que no falta el factor sorpresa, algunos lunes o martes pueden aparecer y montar el negocio, que generalmente marcha sobre ruedas.

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