EL CINE CLUB Y LOS PARTIDOS POLÍTICOS

EL CINE CLUB Y LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Mientras disfrutaba en el Cine Club del Centro Andino de la presentación de la primera película suiza que llega a Colombia, después de muchos años, me dio por meditar acerca de los partidos políticos colombianos. Caí en la cuenta, entonces, de que han sufrido la misma suerte que las grandes salas de cine. Nadie piensa hoy en construir una sala para mil espectadores al estilo de lo que fuera el Cine Colombia, hoy Teatro Jorge Eliécer Gaitán, o el Cine Roxy, tan memorable para nuestra generación. Lo que hay hoy son salitas en los grandes centros comerciales, como el Andino o la Hacienda. Es algo que sucede en todos los órdenes. Quién piensa en una nueva central hidroeléctrica al estilo Guavio? Lo que hay son termoeléctricas locales en Barranquilla, Cartagena, Cali, etc., en manos privadas. Adiós al gigantismo! Y, en el orden religioso, cuántas sectas evangélicas han surgido en Colombia en estos 20 años, sin que ninguna tenga una catedral? Evoco, con ternura, el templo de la calle 14 e

23 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

El tránsito de militantes de un partido a otro, con el carácter de candidatos cívicos, quedará institucionalizado y nos parecerá ridículo recordar cómo se debatió acerca de si Don Rafael Núñez fue o no un traidor al partido liberal, cuando lo que en realidad hizo fue aceptar, como disidente del radicalismo, el apoyo conservador. A los liberales que fueron elegidos al Congreso o a la Constituyente en las listas conservadoras, quién po pero no partidista, sino de los intereses políticos, económicos y sociales que, coligados, se aglutinarán alrededor de determinado candidato. En cierta manera, será la resurrección del concepto corporativista del Estado, el cual cautivó, en un momento dado, la imaginación del General Uribe Uribe y puso en práctica, años más tarde, Oliveira Salazar en Portugal. Alrededor de la tasa de cambio, por ejemplo, se puede formar un frente de exportadores, banqueros e industriales amigos de la devaluación contra los agricultores partidarios de la estabilidad revaluacionista, con prescindencia absoluta de lealtades a la vieja razón social, liberal o conservadora, que dominó por más de 100 años el panorama político colombiano.

Se oye decir con demasiada frecuencia que faltan líderes cuando lo que faltan son partidos. Los Directorios de uno y otro carecen de un programa coherente y distinto al del contrario. No se discute ya acerca de un nuevo régimen que sustituya al existente sino acerca de la capacidad de un grupo humano o del contrario para hacer operar mejor un modelo económico común. Fue lo que sucedió en la última elección presidencial cuando los dos candidatos, con leves disentimientos de matiz, estaban identificados en proseguir la tarea del presidente Gaviria.

NOTA: Doña María Mercedes Carranza me ha anotado, con la correspondiente documentación, que el doctor Carlos Lleras Restrepo no admitía que lo incluyeran en el grupo de los Nuevos . A este propósito me hizo llegar el reportaje en el periódico EL TIEMPO, en donde el ex Presidente dice enfáticamente: Nunca pertenecí al grupo de los Nuevos .

La principal razón que lo mantuvo alejado de tal cofradía fue, según sus propias palabras, el tono con que los integrantes del grupo se referían a los prohombres de la Generación del Centenario.

A este respecto es necesario distinguir entre el grupo de los Nuevos y la Generación de los Nuevos . Por su edad, el doctor Carlos Lleras Restrepo fue contemporáneo de quienes, en su juventud, integraron tal grupo con su respectivo manifiesto iconoclasta. Pertenece, en consecuencia, a la generación que se conoció con tal nombre. Cosa muy distinta fue el hecho de que jamás militó en sus filas, ni compartió su posición crítica frente a la generación anterior.

Algo semejante ocurrió con Alfonso López Pumarejo y Laureano Gómez frente a los Centenaristas. Si bien es cierto que participaron en la vida pública cuando se celebraba el primer centenario de nuestra independencia, ni ellos, ni nadie, los asocian con los centenaristas que profesaban una ideología antipartidista, transaccional, que se conoció con el mote de Republicanismo y cuyo mayor éxito fue, precisamente, el Frente Nacional.

En este sentido, el Partido Republicano fue pionero en la tarea de descalificar a las viejas colectividades políticas, calificándolas de sectarias, y abriendo el camino al tránsito de un partido a otro, con el argumento de la apoliticidad que se ridiculizaba, entonces, con la paradoja de ser, un partido político apolítico .

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.