CUANDO EL FÚTBOL ES EL PERDEDOR

CUANDO EL FÚTBOL ES EL PERDEDOR

Cuando el fútbol comienza a debilitarse en su conducción; cuando su utilización deja de cumplir con sus mandatos naturales como juego, como fiesta popular, como deporte formativo, como espectáculo a favor de la alegría de la gente; cuando el fútbol pierde la conducción de hombres que cumplen con el mandato de mantener y sostener este fútbol, entonces es cuando se abren las puertas a la corrupción, se descubre la falsa promoción de dirigentes mediocres ávidos de poder que, agazapados con la promoción del ganador , terminan entregando los sueños y las pasiones de la gente, manipulando sus sentimientos, haciendo del fútbol un producto de mercado. Su criterio es meramente comercial, despojándolo de todo sentido cultural y emocional a favor del poder de los medios de comunicación, cómplices del gran negocio. Así comienza la desnaturalización de futbolistas y entrenadores que, sintiéndose fuera de la propuesta de los poderes, terminan obedeciendo las frías reglas del mercado.

23 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Hay que ganar para vender y para montarse a la propuesta de alcanzar un lugar siendo un vencedor .

Ser ganador es, en definitiva, desde el engaño de la propuesta, la meta que hay que alcanzar de cualquier manera. No importa cómo, hay que llegar primero. Y así comienza la trampa. Solo sirve el que llega antes que los demás, es decir, el que vende obedeciendo las leyes del mercado. Cargado de dramatismo se juega un partido de fútbol donde el montaje tramposo se encargará de acompañar al triunfador justificando todo. Solo sirve el que gana, que es como decir el que vende (como escribió Angel Cappa, hoy coentrenador del Real Madrid), por eso vive de las apariencias, no de los contenidos, aunque a veces coincidan de casualidad.

Así, el culto al campeón, como a un monito, lo visten de seda y lo pasean por todos los medios. A favor de su inocencia dialéctica lo trampean para hacerle decir todo lo que al gran negocio le conviene, y así cambian los personajes. Hoy el campeón de turno es otro, el de ayer agotó la leyenda y, entonces, ya no sirve como campeón. Pero si dejó algo en la memoria de la gente con su juego, hay que destruir las ideas, vender con su desprestigio. Ya no es nada, vendamos con su fracaso.

Menos que pasan, menos que arriban, pero siempre como una cosa objeto, nunca como una persona.

El capitalismo salvaje tiene la bandeja servida. Con el favor de los multimedios compran todo: dirigentes de clubes, asociaciones, equipos, jugadores, entrenadores; digitan horarios de partidos y hasta campeonatos. Prometiendo ayuda logística manejan, junto con sus secuaces, los destinos de nuestro fútbol. Terminan en la desesperación de tener que ser un ganador , hipotecando clubes y federaciones por apenas algún dinero para sobrevivir.\ Pero nada se resuelve, y así los clubes están casi fundidos con deudas cuantiosas, sin posibilidades de futuro. A todos los que están afuera de estas organizaciones se los califica con dureza pasando a ser los enemigos del fútbol.

A los dirigentes que permiten todo esto les cabe la responsabilidad de habernos llevado a donde estamos.

Ellos creen que son el fútbol porque el fútbol es un gran negocio, así como de la misma manera creen que son el arte, la literatura, la música y hasta la ciencia.

Nosotros creemos y aceptamos que hagan un buen negocio si reconocen que el fútbol les pertenece a la gente y a los futbolistas, también una pequeña parte a entrenadores que siguen soñando con la fiesta del día domingo. La lucha no está perdida, quizás sea una utopía que, como otras, dejará muchos valores en el camino.

Mi intención es prevenir a los honestos, buscar un sinceramiento de la real situación para abrir una polémica amplia y devolverle al fútbol un lugar que está perdiendo a favor de una sociedad más justa y mejor. Me refiero a mi país, en especial, pero también al fútbol de este lado del mundo.

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