STONE: UN INTENTO DE SUICIDIO

STONE: UN INTENTO DE SUICIDIO

Normalmente si escribo sobre una película es porque me gusta, porque produce dentro de mí algo que me conmueve. En el caso del film/clip de Oliver Stone no se muy bien como tratar de disuadir al posible espectador de que caiga en la trampa de entrar a verla. No estoy en contra de la violencia en el cine, en absoluto, puedo tener reservas en algunos casos, cuando la violencia es estúpida, innecesaria o está mal resuelta. En la que nos ocupa de Asesinos por naturaleza, y como me declaro en contra de cualquier tipo de prohibición, solo me resta buscar argucias para que los menos posibles caigan en las garras de este estúpido.

23 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Oliver Stone, apareció ya hace años empeñado en contarnos que había participado en la guerra de Vietnam y que todo lo que allí vivió, y todo lo que posteriormente pasaba por su cabeza relacionado con aquella sangrienta contienda, era también la pesada carga que arrastraban aquellos muchachos supervivientes, obligados a la más vil experiencia, apenas traspasada la pubertad: matar.

Su primera incursión en el cine como guionista de Expreso de medianoche, de Alan Parker, por el que incluso ganó el Oscar, fue más o menos celebrada y mucho mas aun su primera película, Salvador. Después vino Platoon. Nadie como los americanos, lógicamente, han llegado a contarnos aquella odisea con tanta eficacia, y Stone parecía unirse a Taxi Driver, de Scorsese, y a Apocalypse Now, de Coppola.

Pero fui encontrándome año tras año con Stone en las conferencias de prensa de los festivales, y poco a poco intuí que no le interesaba en absoluto hablar de su película sobre Vietnam, la que fuera, le enloquecía hablar de él y de su Vietnam, de su especial visión de la guerra que se empeña en personalizar. Pero el estreno de Nacido el 4 de julio, en la Berlinale, empezó a desatar cierta disparidad de opiniones sobre la toma de conciencia de Oliver Stone y su discurso petulante y reincidente. A pesar de estar basada en una novela biográfica, él había asumido la personalidad no ya dañada psicológicamente por efecto de la guerra, sino que casi nos hacía creer que su verdadero protagonista, al que paseaba empujando su silla de tetrapléjico, Ron Kovic, por la Kurfurftendamn, también era él.

Franca decepción En general aplaudo la capacidad de los americanos para analizar su país con el bisturí que les permite enseñar las vísceras más infames y desgarradoras. Stone me rompió directamente los cojones, cuando después de ver el que considero su mejor trabajo, JFK, me di cuenta de que aquella espectacular reconstrucción del magnicidio de Dallas, basada en el libro del juez Morrison, no era sino otra manera de meternos por las narices que realmente Kennedy también había sido el culpable de que a él , tan listo y tan guapo, -me irrita, lo siento- le había deshecho la guerra, en este caso, de Kennedy.

Que nadie piense que Asesinos por naturaleza tiene algo que ver con Reservoir Dogs, de Tarantino, o Blue Velvet, y Corazón salvaje, de Lynch, ni siquiera con el subgénero gore , especialidad independiente imaginal del más puro muestrario de casquería que no deja de tener sus adeptos e incluso sus salas de exhibición especializadas. Ni mucho menos algo parecido a El padrino, de Coppola, uno de los nuestros, de Scorsese, Los intocables de Elliot Ness, de Brian de Palma. Las espléndidas, Grupo salvaje, de Peckinpah, la alucinante vio lencia de la trilogía de Harry el Sucio, y sobre todo del film de Clint Eastwood, Los imperdonables. Ni mucho menos la insoportable angustia que te produce esa pequeña obra maestra de Kieslowski llamada No matarás.

Nada de esto está en el film de Oliver Stone, cuya peor conclusión es que los jóvenes puedan creer que van a ver una película impactante y transgresora que les invite a quitarse el muermo de encima si es que lo tienen. Nada. Es solo un juego muy peligroso.

(*) Pilar Miró es directora de cine y ex directora de Radio Televisión Española.

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