ESTOS DÍAS TODO EL MUNDO ES UN ACTOR EN OCAÑA

ESTOS DÍAS TODO EL MUNDO ES UN ACTOR EN OCAÑA

Qué locura!, dijo sonriente una joven al tiempo que los mimos y las comparsas se distribuían en las calles de Ocaña durante el desfile inaugural del Quinto Festival Nacional y Primero Internacional de Teatro Universitario. Saltimbanquis, payasos, cantores y cuenteros se reunieron en este municipio de Norte de Santander, capital de la provincia del mismo nombre, para contarle a la gente otra historia y, como dice el director del certamen Fabio Lozano Tascón, quitarle ese estigma de violencia a esta región fronteriza con Venezuela.

18 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

En las calles más de 10 mil personas salieron a contemplar la tarjeta de presentación de los muchachos venidos de 37 universidades de Colombia y siete de Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Panamá, Honduras, Cuba y El Salvador, quienes con cánticos, vivas y alegorías, les dijeron a los ocañeros que sí creen en ellos.

La alegría era tal que ni siquiera la caída desde los dos metros de altura de sus zancos que sufrió uno de los participantes fue suficiente para acallar la animación.

Mientras las calles se alegraban lentamente con el paso de los artistas, la paciencia de la gente fue puesta a prueba por los 30 grados de temperatura que el sol le regaló ayer a esta localidad.

Al cruzar por la parte posterior del parque 29 de Mayo, la banda y los artistas ya estaban llegando al paroxismo de esta orgía de humor y alegría.

El desfile siguió y en el parque los comentarios quedaron flotando entre las ceibas centenarias que adornan el descuidado cuadrado que reúne la historia que comenzó un 14 de diciembre de 1570, cuando don Pedro de Ursúa ordenó al capitán español Francisco Fernández de Contreras que fundara una ciudad cerca al río grande de la Magdalena para hacer más viable las comunicaciones.

En Ocaña siempre se ha hablado de teatro, por eso la Fundación Teatro Universitario se comprometió desde hace cinco años a hacer del festival un fenómeno de grandes magnitudes que solamente se pueda comparar con la Gran Convención que el 9 de abril de 1828 se reunió para acabar los problemas entre santanderistas y bolivarianos.

Iván Angarita, profesor de español e inglés en esta ciudad y uno de los directivos del festival, dijo que se están viendo diversidad de propuestas, pues los artistas provienen de muchas partes y el objetivo es contemplar lo que traen, intercambiar experiencias y conocer en que va el desarrollo de esta manifestación cultural de las universidades del país.

La selección se realizó entre 54 centros de educación superior. Videos con apartes de las obras que habrían de montar en el Teatro de Bellas Artes de Ocaña llegaron desde todas partes a la organización que, con un criterio netamente técnico y artístico, escogió las propuestas.

Angarita sostiene que la única exigencia es la calidad para que se justifique el hecho de traerlos a hacer teatro con gastos pagos desde el 14 hasta el 21 de octubre.

Pero no solamente en Ocaña se verá teatro. La muestra se extenderá al resto de la provincia, especificamente a municipios como Convención, Abrego, Teorama y El Carmen.

De la misma manera, Río de Oro, Pailitas y Aguachica, en el Cesar se olvidarán por unos días de los problemas económicos y de la violencia que los aquejan para dedicarse a admirar y soñar un poco con este ritual.

Sin embargo, sostiene Angarita, allí no se podrán llevar las expresiones más complejas como el teatro del absurdo o las sombras de la Universidad Nacional porque no existen las condiciones técnicas para montar las obras. Además, apenas se está trabajando para crear allí una cultura del teatro.

Ante esto, solo se llevarán muestras de comedias y teatro callejero para la diversión de la gente y para que se acostumbren a que en esta época del año el programa será ir a teatro.

Los grupos extranjeros únicamente estarán en Ocaña y en los pueblos más cercanos. Se hizo un convenio con algunos alcaldes con el fin de que ellos colaboren en este desplazamiento.

El desfile inaugural concluyó con la muestra de los ecuatorianos. Era tal el fervor del pueblo ocañero, que hasta el sol no quería irse para seguir compartiendo la alegría de estos jóvenes venidos de todos los rincones de Latinoamérica.

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