PERSPECTIVAS ECONÓMICAS

PERSPECTIVAS ECONÓMICAS

La Asamblea Anual del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, reunida en esta oportunidad en Madrid, sirvió no solamente para celebrar los 50 años de la conferencia de Bretton Woods que dio vida a estas instituciones, sino para revisar las perspectivas de mediano plazo de la economía mundial. Por primera vez en mucho tiempo las noticias fueron alentadoras. Después de siete años de vacas flacas se estima, ahora, que en 1995 el PIB mundial se expandirá a una tasa del 3.5%, un ritmo superior al experimentado el año pasado por los países de la América Latina y el Caribe. Lo cual quiere decir que nuestras economías crecerán más aceleradamente en los años por venir y que habrá que realizar mayores esfuerzos que en el pasado para contener la inflación.

10 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Como es apenas natural cuando se predice un más rápido crecimiento económico, la obsesión de los banqueros centrales y de los gobiernos deja de ser la recesión y pasa a ser la inflación. La receta, por tanto, desde ahora, es que las autoridades monetarias hagan cuanto esté a su alcance para evitar una mayor inflación. De ahí que se prevean nuevas alzas en las tasas de interés internacionales; algo que bien podría suceder en el mes de noviembre y que dependerá del comportamiento de los indicadores de producción en los meses más recientes.

La elevación de las tasas de interés en el exterior parece, pues, inevitable. La expansión de la economía en los Estados Unidos ha conducido ya a una mayor utilización de la capacidad instalada en la industria y a la reducción del desempleo.

La primera habría llegado en agosto al 85 por ciento, nivel al cual, de acuerdo con los expertos, empiezan a enfrentarse cuellos de botella para ampliar la producción y, por consiguiente, son más propicias las alzas de los precios. El desempleo, según se anunció el jueves de la semana pasada, habría descendido en septiembre por debajo del 6 por ciento de la población económicamente activa, otro indicador de auge y, aunque parezca paradójico, de preocupación. Porque cuando las cosas van bien la probabilidad de que dejen de serlo es más alta; comienzan a escasear la infraestructura de producción y los recursos humanos, lo cual quiere decir, en último término, que las economías deben prepararse para una nueva ola de crecimiento, aumentando el ahorro y la inversión y mejorando la productividad.

Pero la escasez relativa de capital no es asunto que concierne únicamente a Estados Unidos y a Europa. De cierta manera el mundo entero tendrá que resolver este problema para mantener un ritmo elevado de crecimiento económico. Ello implica reprimir la demanda en el corto plazo, para evitar la inflación, y estimular el ahorro para generar los fondos que se requieren para las nuevas inversiones por cuanto su demanda no está aumentando exclusivamente en el mundo desarrollado; continuará exacerbada por la reconstrucción de Europa Central y Europa Oriental y por la apertura a los mercados financieros de economías tan grandes como las de la China y la India.

Estos fenómenos no son extraños a lo que sucede en Colombia. De un lado, la inflación colombiana dejó de ser baja para los parámetros latinoamericanos y, por supuesto, internacionales, lo cual amerita la lucha de las autoridades para reducirla, con su secuela de altas tasas de interés si es que el Gobierno no aumenta, sustancialmente, su superávit fiscal. De otro, la necesidad de incrementar el ahorro es gigantesca por lo que las tasas de interés reales no podrán ser, en el mediano plazo, tan bajas como se quisiera sino lo suficientemente atractivas para encauzar el ahorro y desestimular el consumo. En el caso colombiano el asunto es particularmente preocupante porque las últimas cifras disponibles registran un desplome en la tasa de ahorro de la economía.

Es necesario que los colombianos seamos conscientes de que una buena economía no se logra con base en el gasto desmedido y en el despilfarro. La receta para el progreso no es novedosa; por el contrario, es muy vieja; lo que ocurre es que de tiempo en tiempo nos la recuerdan entidades como el Fondo Monetario Internacional y nos cuesta trabajo escucharla: austeridad en el gasto, más ahorro y una política monetaria cuidadosa y ortodoxa.

Por eso es conveniente, además, que los funcionarios gubernamentales, los banqueros y los periodistas acudan, cada año, a reuniones multinacionales como las de la semana pasada en España. Y es bueno recordar que Colombia no es una isla y que tenemos mucho por aprender del mundo que nos rodea.

Como siempre los grupillos de izquierdistas trataron de alborotar frente a los lugares de reunión, protestando contra las entidades internacionales. Casi integraban un patetico grupo de protestantes, que intentaban desconocer las realidades internacionales y políticas. Ya no asustan. A veces dan lástima.

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