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A GALERAZAMBA LE CAYÓ LA SAL

A GALERAZAMBA LE CAYÓ LA SAL

Galerazamba parece hoy uno de esos desolados y calientes pueblos que se ven en las películas del Oeste, en los que los únicos que atraviesan las calles son los animales famélicos y uno que otro vestigio de lo que algún día fue un frondoso árbol. Tan deprimente aspecto cobra mayor dramatismo con el abandono de las casas donde antes vivió el personal administrativo de la Concesión Salinas, y que ahora se ven saqueadas y destruidas, y la gran cantidad de maquinaria arrumada en un viejo parqueadero, corroida por el óxido y envuelta en cadillos y pringamoza.

Como si fuera poco -cuentan con picardía algunas personas-, a un párroco que pasó por aquí se le ocurrió la brillante idea de trasladar toda la documentación de la capilla Villa Asunción de Galerazamba para Santa Catalina, dejándolos prácticamente indocumentados.

Galerazamba es un corregimiento de Santa Catalina (Bolívar) conocido por sus minas de sal que otrora lo convirtieron en próspera región en la que sus pobladores se daban el lujo de gozar de muchos privilegios que otros no tenían, gracias a derechos adquiridos con la Concesión Salinas, entidad que antes manejaba la explotación de este mineral.

Fueron setenta años de bonanza. Aquí no faltaba nada. Buenos servicios públicos, dos escuelas de primaria, colegio de bachillerato, oficina de Telecom, acueducto --lo único que queda--, casino para los trabajadores de la compañía y un bien equipado hospital, para envidia de los poblaciones vecinas que a duras penas tienen puesto de salud. Todo por cuenta de la empresa.

Era la época de las vacas gordas. Había plata para gastar en frías (cervezas) e invitar a la familia a Cartagena. Incluso, los fines de semana los visitaban turistas que querían saber cómo era eso de sacar sal y, de paso, darse un bañito en sus playas dejando buenos dividendos a los dueños de casetas y vendedores ambulantes.

Pero esa gran vida quedó atrás hace dos años con la liquidación de Concesión Salinas y la llegada del proceso de privatización. Como dicen algunos de sus ex trabajadores ahí sí nos empezó a caer la sal , porque no solo se fue la empresa del pueblo sino que con ella también partieron los privilegios que habían tenido durante tanto tiempo.

Ahora solo queda el recuerdo. La única tienda del pueblo abre apenas dos horas al día porque, como no hay plata, no hay clientela. Me dice mi papá que tenían todo y nada les costaba. Si se quemaba un foco, por ejemplo, no era nada más que llamar y enseguida les enviaban no uno sino varios con operarios , cuenta el inspector de Policía, cabo segundo Arnold Robles.

Y es que con el cambio, Galerazamba pasó a depender del municipio de Santa Catalina, el cual tiene ahora la obligación de entregar recursos para su desarrollo. Pero como siempre, dice Dagoberto Bolaños, fiscal de la Acción Comunal, ese billete ni lo veremos . La nueva empresa tiene la obligación de entregar anualmente al municipio el 12 por ciento de regalías.

Esto ha sido muy malo para todos. Cuando llegó la nueva empresa nos dijeron que iban a crear 400 empleos directos y eso es mentira porque a duras penas tienen 18 personas; además, en la recolección prefirieron a los de afuera , dijo Bolaños, curtido explotador de sal, quien por 14 años trabajó para la Concesión, y hoy, a falta de oportunidades, se dedica a vender gaseosas y cervezas en una pequeña caja de icopor que él mismo fabricó.

Galerazamba tiene dos mil habitantes y al momento del cierre la empresa tenía fijos 150 trabajadores. En temporada de cosecha ocupaba en mano de obra más de mil, entre gente de allí y de las localidades vecinas.

Hoy, la localidad es otra. Sus gentes empezaron a conocer las necesidades que generalmente sufren las regiones colombianas, algo que nunca pensaron y que creían solo les ocurría a otros lugares, pero que a ellos nunca les llegaría la saladera a pesar de vivir rodeados de sal.

Sin embargo, sigue siendo un pueblo pacífico, donde nunca pasa nada. Ni siquiera hay peleas , comenta el cabo segundo Arnold Robles, quien lleva tres meses y medio en Galerazamba y todavía no ha estrenado el calabozo, ni mucho menos levantado un acta por alteración del orden público.

Parece que el tiempo no pasara. Para mi, todos los días son iguales, no hay nada que hacer ni mucho menos a dónde ir , dice Erika de Robles, esposa del inspector de la Policía del corregimiento.

La gente, que parece resignada a su suerte, se dedica, ahora más que nunca, a la recolección de piedra china (les pagan a 250 pesos la bolsa y cada bolsa se llena con dos paladas), labor que siempre han alternado con la cosecha de sal, pero que ahora no se sabe por qué razón se viene explotando indiscriminadamente y sin control. Esto ha hecho que la poca playa haya ido desapareciendo y cada vez el mar esté más cerca de las charcas y cristalizadoras de sal, amenazando con cubrirlas sino se toman las medidas pertinentes.

Todo parece indicar que, por ahora, en Galerazamba, seguirán soplando vientos salaos, pues de seguir así, se quedarán sin sal y sin china. Solo con la posibilidad de que algún cineasta se enamore de su desolador paisaje y se le ocurra filmar una película de vaqueros, pues lo único que falta son las moñas de maleza muerta.

La nueva empresa Por efectos de la privatización, la licitación para la explotación de sal en Galerazamba la ganó la empresa Caribe Internacional Ltda, por un período de siete años.

La firma está conformada por un grupo de empresarios de Cartagena, quienes se asociaron con ex empleados de la Concesión Salinas que, con su liquidación, compraron acciones y crearon las empresas Salineros de Galerazamba y Cartagenera de Sales.

Caribe Internacional se inició con un capital de 105 millones de pesos, y los ex trabajadores son dueños del 32 por ciento.

La firma se constituyó legalmente en junio de 1993, pero solo comenzó operaciones en octubre de ese año. A finales de julio, recogieron, en su primera cosecha, 16 mil toneladas de sal, lo que ellos consideran un récord, porque generalmente esa cifra se lograba en dos recolecciones, dijo Jorge Cotte, secretario de la junta directiva de Caribe Internacional.

En la última cosecha del año (septiembre-octubre) aspiran recoger unas 15 mil toneladas.

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