NUEVO HORIZONTE PARA PUEBLO PESCAO

NUEVO HORIZONTE PARA PUEBLO PESCAO

La tragedia más grande que pudo ocurrirle a la anciana Ercilia Rocha fue salir de Pueblo Pescao, donde vivió por más de cuarenta años en un rancho con paredes de palos de balsa, pisos de tierra, techo de paja y cartón, y sin ninguno de los servicios esenciales. De ahora en adelante su vida transcurrirá en otro ambiente, mucho más cómodo, pero sobre todo más decente: la urbanización Nuevo Horizonte.

10 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Allá dejaba un mundo de recuerdos. Triste y melancólica, tuvo que irse de su destartalada posada donde, para bien o para mal, según ella misma dice, había pasado los mejores años de su vida. Al ver que la demolían, pidió entre lágrimas y gritos que la dejaran entrar para morir en ella.

Pero el de Ercilia Rocha no fue el único caso de resistencia al cambio, según cuenta Gloria Cabrales Solano, directora del Fondo de Vivienda Municipal de Montería, y quien dirigió el equipo que tuvo la misión de reubicar a las 150 familias que ocupaban el peligroso barranco a orillas del río Sinú, declarado zona de alto riesgo por la Oficina Nacional de Atención de Desastres.

Pueblo Pescao estaba situado a 200 metros del más importante sector comercial de la capital de Córdoba y se convirtió en toda una leyenda para sus 243 mil habitantes. Por eso no solo los de Pueblo Pescao tienen nostalgia. Por los años 60 llegaba allí, en los meses de verano, una gran caravana de camiones cargados de bocachicos procedentes del río San Jorge y a su alrededor se fueron estableciendo compradores mayoristas, expertos abridores y saladores de bocachicos; fritangas y cantinas.

Pero en esa misma época, siendo alcalde Libardo López Gómez, se erradicó cerca de allí la zona tugurial de El Triángulo, considerada como la gran vergenza de Montería, y también se evacuó Pueblo Pescao.

Sin embargo, en los años siguientes los invasores fueron volviendo poco a poco y se apropiaron de las zonas vecinas a las pesqueras a orillas del río, en su margen derecha, convirtiendo el sector en un verdadero antro, refugio del hampa criolla que tenía su centro de operaciones en la zona de mercado, así como expendio público de toda clase de drogas.

Ir a Pueblo Pescao? Ni de riesgos, allí ni las águilas se atreven , solían decir los monterianos. Era, por eso, un sector que muchos no conocían. Cuando han desaparecido hasta las viviendas y los buldóceres comienzan a remover la tierra, las gentes, llenas de curiosidad, van llegando para conocer la terrorífica zona en donde siempre imperó la ley del más fuerte.

Solo la leyenda del cachaco que fue muerto a puñaladas cerca a los depósitos de madera, en l978, lograba encerrar a primera hora de la noche a este conglomerado heterogéneo que pareciera que nunca durmiera. Dizque se aparecía en las noches de luna llena convertido en un caballo que tenía cola de pescado y corría relinchando por la única calle del sector en busca de sus asesinos.

Ahora todo es distinto. Ya se iniciaron los trabajos de ampliación de la Avenida Primera o 20 de Julio hasta empalmar con la doble calzada de la calle 41, a un costo de 120 millones de pesos. Los 1.500 habitantes de Pueblo Pescao se fueron para la urbanización Nuevo Horizonte (nombre que busca ser premonitorio para ellos), al sur de la ciudad, en lo que fue la antigua hacienda Los Araújos, donde gozan de 149 viviendas dignas, con todos los servicios públicos, incluido el transporte, y un hermoso parque recreacional.

Cada vivienda tiene un costo aproximado de apenas 450.000 pesos, que fueron financiados a través de un convenio con el Instituto para la Reforma Urbana y la Vivienda el Interés Social (Inurbe).

Mientras, en lo que fue Pueblo Pescao, el único problema por resolver es la reubicación de las seis pequeñas empresas comercializadoras de bocachico que se encuentran situadas en lo que fue la entrada y que se está convirtiendo en dolor de cabeza para la administración municipal, pues pretende reubicarlos en el barrio La Coquera, a orillas del río, en donde no hay infraestructura alguna.

Los vecinos de ese sector sostienen que es casi como abrirle paso a una nueva zona tugurial. Allí estarían las pesqueras a cielo abierto y con una extensa área de terrenos colindantes de propiedad del municipio y, por lo tanto, vulnerables para que se convierta el sector en el nuevo Pueblo Pescao.

Ante eso, los habitantes de los barrios La Coquera, Simón Bolívar y Buenavista, entre otros, se oponen, señalando que sería como abrir un hueco para tapar otro. Los dueños de las pesqueras tampoco quieren este lugar y piden la búsqueda de soluciones concertadas para evitar su quiebra.

Erlinda Rocha, entre tanto, empezó una nueva vida convencida de que jamás todo volverá a ser como antes. Para ella, la miseria era su palacio.

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