DÓNDE BUSCAR LOS EVASORES

DÓNDE BUSCAR LOS EVASORES

La sabiduría popular nos responde que aguas abajo . Esta reflexión la hacemos de cara a un aspecto de lo que podría ser la política antievasionista del Gobierno, donde según lo que hasta ahora trasluce, el ahogado lo estarían buscando río arriba, es decir, en el territorio de quienes ya son contribuyentes regulares y quienes como tales merecen el condigno reconocimiento de tales, en tanto que en esta tierra de nadie , donde la evasión es rampante y está el verdadero grueso de ella (se ha estimado que equivaldría a un tercio del potencial de recaudo) poco o nada se dice, o lo que es peor: como en el caso de nuestros amigos Cote y Fino (Portafolio # 56, página 9) se revelaría una actitud aterradora y sorprendentemente laxa. Veámoslo de esta manera: estamos en presencia de dos escenarios completamente diferentes: el de los evasores propiamente tales, frente a los cuales y contrario a lo que abiertamente dicen nuestros citados amigos, sí debe recaer todo el imperio de la ley, pues es

10 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Está en la evasión pura y simple, el verdadero factor de distorsión de la estructura tributaria y es al Estado a quien corresponde, no sólo erradicarla, sino que este mal puede aducir su ocurrencia o su existencia, para justificar el aumento de la carga en quienes sí han asumido el imperio de la ley.

Ahora bien, el otro escenario, el de los regulares , donde ciertamente existen fisuras de elusión, de evasión relativa y de inequidades en el propio diseño, no sólo de la normatividad, sino de la propia administración tributaria, la cuestión debe mirarse bajo otra óptica, arcada esta, a su vez, desde la perspectiva de la inspiración social que el Gobierno ha querido darle a su gestión.

Los clásicos han concebido como factores de la producción (admitámoslo así, sin reservas y por ahora) la tierra, el trabajo y el capital. Por razones sociopolíticas que desbordan la frontera de este artículo, la tierra, en este caso el agro, no es virtualmente objeto de tributación. El Estado es consciente de ello. Implícitamente no sólo lo admite, sino que lo tolera. Ello, acaso, debería ser objeto de otro análisis.

El trabajo. Al parecer se estaría pensando, perdiendo de vista la perspectiva social de la actual Administración, replantear el tratamiento tributario que la ley da al salario integral, desconociendo que es precisamente este factor de producción el motor de los restantes, aprovechando su eventual indefensión en el Parlamento e ignorando la situación de absoluta inelasticidad que tiene el salario en cuanto a alternativas u opciones que siendo absolutamente legales, sean a la vez inteligentes para lograr una mejor ubicación frente al fisco.\ El capital, en cambio, siendo libre en su comportamiento, puede emplear de mejor y más eficiente manera su inteligencia para, dentro de la legalidad, lograr mayores beneficios tributarios.

Lo que sí no encuentra justificación es el trato privilegiado que continúa dándose ( por qué?) a ciertos sectores, como tampoco el que pretendería darse a otros más.

En todo lo dicho, lo que está de por medio es la justificación moral del tributo, causa primera que es del cumplimiento voluntario de la obligación tributaria. A ello habremos de referirnos en la próxima nota.

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