LAS CARTAS SOBRE LA MESA

LAS CARTAS SOBRE LA MESA

La fortuna es una diosa que hay que seducir de noche. Esa es la hora propicia para perder la prudencia y arriesgar el pellejo en busca de unos pesos. La fortuna -que es mujer por esquiva y coqueta-, no se entrega a cualquiera. Escoge caprichosamente a sus amantes. Nunca lo hace directamente, tiene un séquito de acólitos que visten de paño y corbatín. Su nombre cambia según el idioma: dealer, en inglés; coupier, en francés y pagador en español.

09 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Ellos son el pasaporte a la opulencia. Pero su trabajo es más mundano. Son los encargados de administrar las mesas de juego en los casinos. Los que reparten la baraja y pagan las apuestas. Los intermediarios de la fortuna.

El coupier pertenece a ese grupo de seres que habitan la noche. Miran desde la barra y le administran la alegría a otras personas. Unas cuantas fichas de más equivalen a una sonrisa; unas de menos, a la desesperación.

No todo el mundo puede aspirar a ser dealer. No es una técnica, es un talento. En pleno siglo XX y en países con poca tradición en juegos de mesa y casino, los coupier se comportan como las viejas asociaciones de artesanos del renacimiento. El maestro escoge a sus alumnos y les revela los secretos del oficio. Solo los más talentosos pueden llegar lejos. Tienen que ser rápidos de manos y hábiles con las matemáticas. Una combinación difícil de encontrar.

El procesos de adiestramiento de un coupier puede durar alrededor de cuatro meses. En una primera etapa le enseñan la técnica para el juego, principalmente black jack, póker, ruleta, punto y banca, y baccarat. Después, cuando se han ubicado los candidatos ideales, se les va introduciendo en los casinos para que hagan una práctica. A los cuatro meses, los que tengan el toque de la fortuna, pueden considerarse graduados.

Es que jugar con la suerte y sobre todo, ser su intermediario, es un trabajo que requiere mucho autocontrol y don de gentes. Para el dealer, la sorpresa es su condición de trabajo. En una noche pueden ver cómo todo un maestro universitario se transforma en un obseso que puede perder hasta el alma en una noche.

Hay diferentes tipos de jugadores. Primero está el turista. Es decir, aquel que viene a divertirse y apuesta lo mínimo. Luego está el probador de suerte. Es aquel que pretende ganar un millón con una apuesta de cien mil pesos. Se desespera cuando se da cuenta que ese no es el camino. Luego está el jugador innato. Es el que juega todos los días pero tiene un tope máximo. De ahí no se pasa. Por último está el jugador compulsivo. No es el que juega todos los días, pero el día que lo hace entrega hasta lo que no tiene. También está el pato de casino. Es aquel que busca a la persona que está en racha para hacerle barra. Su objetivo es aprovechar el entusiasmo del ganador y recibir una propina o una ficha para poder jugar , dice una coupier que lleva más diez años en el oficio.

Los coupiers de casinos grandes, como los de los hoteles, ganan relativamente bien. El promedio puede estar entre unos 700 mil y un millón de pesos mensuales. Su ingreso nada tiene que ver con la mala suerte del jugador. En algunos casinos los dealers juntan las propinas y sacan un promedio para todos.

El dealer, además de su habilidad, debe ser un psicólogo empírico. El juego es un camino a la evasión y el dealer el guía. Escucha en silencio y soporta las nostalgias que se ahogan en alcohol. Por eso, una de sus virtudes es el silencio y la prudencia.

Pero tentar a la suerte es un asunto que tiene su riesgo. Los coupier lo saben. Por eso se protegen. Aunque sus ageros no tienen nada de particular: una pata de conejo, o un escapulario. Si le huyen a las malas energías.

No hay tradición En Colombia el juego es todavía una actividad licenciosa. Su reputación corre paralela a la de la prostitución. Eso lo saben los dueños de los casinos y por eso se hacen cómplices de sus clientes. Muchos de ellos cambian el nombre del establecimiento a la hora de pasar la cuenta de la tarjeta de crédito.

Hay señoras que le mienten a sus maridos y por las tardes los llaman desde el casino para decirles que están tomando el té con sus amigas .

La tradición de los casinos apenas está llegando a Colombia. El juego de mesa no es una costumbre muy afincada en nuestro país. Los primeros casinos que se abrieron existieron en las zonas turísticas: Cartagena, San Andrés, y Cúcuta. Es por esta razón que la mayoría de las personas que se dedican a este oficio son originarios de estas zonas del país.

De acuerdo con los registros de Ecosalud, en Colombia, casinos de verdad, como los de Montecarlo y Las Vegas, solo existen 16 y en el último mes tributaron al Ministerio de Salud 426 millones de pesos.

Ir a un casino no quiere decir perder el dinero. Según Mario E. Garzón, en países como Estados Unidos la tendencia es devolver cada vez más por las apuestas. En algunos casinos por cada dólar apostado se devuelven 92 centavos. El quid del asunto es que entre más jugadores mayor ganancia. El jugador que sale escondido entre un barril tiende a desaparecer.

En todo caso, los dealer nada tienen que ver con este paseo. Ellos solo cumplen con entregar las cartas y dejar que la diosa fortuna escoja al afortunado.

ABRETE SESAMO En los casinos existe un lenguaje especial que es bueno conocer para tener buena suerte.

Puntos: Buen cliente, jugador con mucho dinero.

Sabot Cajetín Zapato: Cajita de donde se sacan las cartas.

Placas: Fichas cuadradas de gran valor. Casi siempre superior a 50 mil pesos.

Cilindro: Circunferencia donde rueda la bolita.

Pala: Personas a las que se les paga para que llenen el casino e inviten a la gente a jugar.

Salada: Persona con mala suerte.

Zetas: Ageros Ligar: Buena energía entre los dealers.

Montar barras: Hacer trampas.

Pagar mesa: Cuando un dealer se equivoca tiene que pagas las apuestas antes que termine el juego.

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