HAGAMOS LAS PACES

HAGAMOS LAS PACES

Por qué si el cura Pérez quiere entablar diálogos de paz con el gobierno de Samper, el Eln vuela varios Cai en Bogotá? Por qué si el Eln vuela varios Cai en Bogotá, el gobierno le contesta al cura Pérez, registrando su actitud como un avance positivo ?

10 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Estos interrogantes, como muchos otros análogos que se podrían formular, sugieren una división dentro del Eln, que se sumaría a la cadena de fragmentaciones que, al parecer, ha venido afrontando en su interior la Coordinadora Guerrillera.

Parece un secreto a voces. La unidad de mando se ha erosionado. Los interlocutores únicos ya no existen. La coherencia interna de la guerrilla, tanto de las Farc, como del Eln, se ha roto.

En pocas palabras: es posible que el cura Pérez esté enfrentando la oposición interna de sectores radicales que no quieren la paz y que los colombianos estemos próximos a presenciar una división profunda, pública y explícita, entre una línea dura y una línea blanda del Eln.

Si ello es así, hace bien el gobierno explorando escenarios de diálogo con el cura Pérez.

Es utópico o iluso pensar en el éxito de un único proceso de paz, que tenga sentados en una sola mesa a los voceros legítimos y a los interlocutores autorizados de todas las fuerzas subversivas y de los agentes generadores de violencia, para que exploren caminos de entendimiento y reconciliación con el Gobierno, a la manera de Tlaxcala y Caracas.

En los últimos años el poderío económico de la guerrilla, por cuenta de las alianzas con el narco en muchas regiones, se ha incrementado notablemente.

No están en juego, pues, simplemente unas visiones distintas del país, sino un negocio multimillonario que ahora pretende, además, afianzarse con la búsqueda del poder local mediante la elección popular de mandatarios seccionales.

Sobre este particular será muy revelador, imagino, el informe que está preparando el doctor Carlos Holmes Trujillo, nuestro cauteloso Comisionado para la Paz.

A partir de su texto se podrán dilucidar, quizás, aspectos cruciales asociados con la nueva estrategia para encarar la guerrilla, tales como los énfasis militares, las perspectivas regionales del conflicto, la suerte del PNR, el destino de los programas de reinserción y la determinación de eventuales zonas de distensión, entre otros.

Sin embargo, más allá de lo que pueda estar sucediendo con la guerrilla, lo que también ha quedado claro a estas alturas es que la subversión no es la principal generadora de violencia en este país.

Ni la mayor cantidad de los muertos colombianos corren por su cuenta, ni la violencia se acabaría si la guerrilla se desmoviliza toda.

Además, como lo ha dicho el profesor Daniel Pecaut, la violencia colombiana no es la misma siempre. La violencia de hoy es distinta de la de hace seis años, o de la de hace veinte o de la de hace cuarenta. Es inadecuada su comprensión con criterios globales. No hay un criterio explicativo principal de la violencia colombiana de hoy.

Por eso, también, sería deseable visualizar al Alto Comisionado para la Paz, desactivando detonantes y fuentes generadoras de violencia, como un coordinador de muchos procesos diferentes, heterogéneos, que marchan a distintos ritmos, con distintos ámbitos, con distintos protagonistas y con distintos contenidos políticos, económicos y sociales.

Sí. Con guerrilleros, paramilitares, milicianos, bandoleros, pandilleros, en fin, con quienes así lo quieran, sinceramente.

Por otra parte, sabemos hace rato ya, que la paz con reflectores no funciona. Sabemos que la paz se asfixia con los micrófonos, las grabadoras, la televisión, la radio y la prensa.

Un proceso de paz -cualquiera, por pequeño que sea- está liquidado cuando su tramitación se vuelve farandulera.

Eso parece haberlo entendido con mucha claridad el actual gobierno.

Ojalá disponga de la misma claridad para reconocer todas las construcciones locales de paz y de reconciliación que están avanzando vigorosamente en muchas regiones del país, donde la tarea del Estado adquiere mucho sentido si se concentra no en oficializarlos ni en protagonizarlos, sino en facilitarlos, aclimatarlos, rodearlos de garantías y acompañarlos remontando las deudas acumuladas con las comunidades involucradas.

Fueron muy alentadoras las voces que se escucharon durante la Semana por la Paz que acaba de concluir. Será muy interesante estudiar la evolución de la iniciativa popular para regular la paz como un derecho fundamental mediante una ley estatutaria.

Bien lo decía Luis Carlos Restrepo, uno de sus promotores: El único rostro de la paz no es el de la negociación .

Ciertamente se trata de una construcción colectiva que requiere un activismo ciudadano y cotidiano por la paz, como el que afloró durante esas jornadas que le dejaron al país un testimonio de tolerancia y un mensaje de optimismo...en colores de guacamaya.

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