CARRETERAS CON DUDOSOS RECURSOS

CARRETERAS CON DUDOSOS RECURSOS

Comenta un reciente documento del Banco Mundial que los impuestos con destinación específica deben evitarse cuando los procesos presupuestarios funcionan bien, es decir, cuando los recursos del fisco se asignan a actividades con alta rentabilidad, tales como el mantenimiento de carreteras, que si se descuidan tienen más tarde altísimos costos de rehabilitación ; advierte el documento que cuando ese no es el caso, los impuestos con destinación específica permiten evitar que se desatiendan actividades cuyo abandono es especialmente perjudicial. El impuesto a los combustibles, creado mediante el Decreto 3083 de 1966, fue durante muchos años el principal recurso con que contó el país para el desarrollo de las vías nacionales; a partir de 1982 ese ingreso sirvió también para la rehabilitación de los ferrocarriles y para la construcción de caminos vecinales o carreteras de penetración.

11 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Pero en 1991, el artículo 359 de la nueva Constitución acabó con la destinación específica de las rentas nacionales, poniéndole fin al uso exclusivo que había tenido el impuesto a los combustibles en la infraestructura vial del país.

Al perder las carreteras nacionales los recursos del impuesto a los combustibles, la Ley 105 de 1993, que reestructura el sector transporte, asignó a esas vías como recursos para su construcción y conservación las partidas que se apropien en el presupuesto nacional y los ingresos provenientes de su utilización, tales como peajes y tasas por valorización.

Al perder también sus recursos los caminos vecinales o carreteras de penetración, que son eminentemente municipales, la Ley 105 autorizó a los municipios (y distritos) para establecer una sobretasa máxima del 20 por ciento al precio del combustible automotor con destino exclusivo al mantenimiento y construcción de vías públicas y a la financiación de proyectos de transporte masivo.

Con el fin de proporcionar los recursos para la construcción y mantenimiento de las carreteras departamentales, que con sus 50.000 kilómetros (sin incluir los 15.000 kilómetros que pretende endilgarles la Nación a los departamentos) constituyen el 45 por ciento de la red vial del país, que se encuentran destapadas o sin pavimentar en un 97 por ciento y que cumplen la importantísima tarea de conectar las carreteras nacionales con los caminos vecinales que sirven al sector rural del país, la Ley 105 creó el Fondo de Cofinanciación de Vías (FCV).

Los recursos asignados al FCV son las partidas que se apropien en el presupuesto nacional y en la Findeter y los ingresos provenientes del impuesto a la cerveza.

Si las conductas del pasado sirven para pronosticar las futuras y si se impone la lógica de que el éxito de la apertura económica depende de que se disponga de una infraestructura vial adecuada, lo que puede esperarse con optimismo es que los recursos del presupuesto para las carreteras nacionales, previstos en la Ley 105, se materialicen periódicamente.

Pero ese optimismo no tiene igual justificación para el caso de los recursos del presupuesto nacional con destino al FCV. Lo que las conductas pasadas indican como más probable es que la asignación de esos recursos se atienda como un mal necesario y nunca reciba la prioridad que se merece por ser las vías departamentales las que mueven la economía campesina.

De otra parte, lo que puede esperarse con el impuesto municipal a los combustibles es que se cobre únicamente en ciudades tales como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y unas pocas más para atender la construcción de vías urbanas y los servicios de transporte masivo. Lo más probable es que el resto de los municipios del país, que son la gran mayoría, decidan no cobrar el impuesto.

Parece entonces que se presenta la oportunidad para que de alguna manera el impuesto municipal a los combustibles, con destinación específica para la construcción y mantenimiento de vías públicas, se traslade por lo menos parcialmente a los departamentos, para que dispongan de un recurso confiable de inversión para mejorar sus anticuadas carreteras, que son el complemento de los caminos vecinales.

Sostienen los expertos que los impuestos con destinación específica tienen relativamente poca resistencia cuando producen beneficios fácilmente identificables. Dejar de cobrar el impuesto a los combustibles en los municipios y no poder cobrarlo para mejorar las abandonadas vías departamentales, sería un lamentable desperdicio.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.