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NEGRET, MÁS PRECOLOMBINO QUE NUNCA

NEGRET, MÁS PRECOLOMBINO QUE NUNCA

Cada vez más involucrado con América, Edgar Negret confiesa que para salvarse hay que echar mano del pasado, estudiar lo que fueron las culturas prehispánicas y tratar de recuperar lo que verdaderamente fue el continente. El artista dice que necesitaría vivir otros 100 años para acabar de hablar de esas viejas cosas que son las eternas, las que debieron ser siempre. Y precisamente, esto es lo que el escultor hace, hablar de ellas en un lenguaje plástico contemporáneo. Buscando los tesoros ocultos de civilizaciones milenarias cayo en la cuenta de que estábamos parados sobre el misterio, que buscábamos afuera .

Fue así como logró una renovación realista de lo americano. Inventó un idioma retomando formas de inspiración indígena, el cual convirtió en un trabajo artístico mucho más amplio y especialmente más internacional. Un vocabulario actual que a la vez contenía todo el simbolismo como un intercambio con los misterios de miles de años atrás.

Una búsqueda expresiva que lo llevó por caminos que estaban más cercanos de lo que creía, como las raíces precolombinas, que en el fondo eran lo auténtico y que de manera dosificada le abrió las puertas para un tratamiento único del color.

Negret dice que se convirtió en colorista a partir del conocimiento de los tejidos andinos, de las pinturas murales de San Agustín y de su última experiencia con el arte mexicano. nadie ha manejado los colores como América, era un idioma de símbolos y una forma de comunicarse. Los libros sagrados hablan de cómo los colores de los vestidos distinguían el rango y posición de una persona, eran su pasaporte, su representación de lo que eran .

La exposición que se inaugura el próximo jueves en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, permite presenciar especialmente su evolución de los últimos diez años, desde una estética del siglo XX muy cercana a este realismo, siempre renovador.

Pero su independencia artística la ha logrado, gracias a su sensibilidad y a la evolución de su interés entorno a culturas remotas que desde 40 años atrás revolucionaron las técnicas empleadas anteriormente y reformaron la cultura visual colombiana. La noción de vanguardia y de modernidad es un tema que se evoca constantemente en todo su trabajo, como un regreso al pasado con una mirada renovadora.

Negret en colores La referencia a lo ancestral lleva consigo mundos mágicos, mitos y leyendas que hacen parte de la identidad cultural de muchos pueblos y sus connotaciones sagradas.

La inspiración proviene de los Incas, los Aztecas y la cultura agustiniana y están representadas en 40 grandes piezas, realizadas durante los 10 últimos años. En ellos revela como nunca sus fuentes de índole sagradas, proveniente de zonas arqueológicas de distintos países latinoamericanos.

Son creaciones tridimensionales que no tienen un carácter estático ni se limitan a exhibir una sola cara. Es posible ver distintas figuras si se miran de arriba a abajo, o de norte a sur.

Parecen más poemas en formas reales, que su espíritu poético ha logrado proyectar en el espacio. Son obras que crean sensaciones ópticas de una elegancia conceptual que sobrepasa los dobleces del material utilizado.

En estos últimos trabajos el problema del espacio aparece más ondulado y quebrado que en sus anteriores piezas, En algunas, las formas repetidas permiten que el interior y exterior de una pieza proyecte aberturas espaciales, donde el aire circula libremente y hace que se conviertan en esculturas livianas, a pesar de su monumentalidad.

La exposición, ocupará todas las salas del museo. Adicionalmente, cuatro esculturas de gran formato estarán ubicada en la vía peatonal del Centro Comercial Andino.

La exposición reúne esculturas de la época conocida como Incaica, inspiradas en un viaje que hizo al Cuzco y a Machu Picchu en 1980. Los temas y títulos son reminiscencias del culto sagrado al sol, homenajes a la naturaleza como las Serpientes emplumadas, Espejos del agua, Las máscaras de Teotihuacán, Los templos del sol, Homenajes a Tamayo, como simbologías y mitos de esta época.

En su trabajo siempre impecable se conjuga lo mágico con lo simple, con un respeto espiritual por el espacio. Son esculturas que parecen vigilantes de regiones sagradas, como las formas monolíticas de San Agustín realizadas con un espíritu, que resalta su sensibilidad por formas complejas y exuberantes, presentadas sin molestar un entorno, más bien le confieren un esplendor a los ya revaluados mitos y leyendas de América Latina.

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