NOVEDADES EXTRANJERAS

NOVEDADES EXTRANJERAS

Isaiah Berlin. Ramin Jahanbegloo (Anaya-Muchnik) Este es un diálogo, o mejor una tertulia, con el más grande pensador vivo de las ideas políticas y literarias de nuestro tiempo. Un largo conversatorio con el filósofo iraní Ramin Jahanbegloo traza la biografía intelectual del pensador letón, nacionalizado inglés y elevado a la condición de noble por la corona británica. Sir Isaiah Berlin recorre de manera luminosa y sencilla los vericuetos de las ciencias morales, sociales y políticas, deliberadamente en contra de la moda, a contracorriente, como siempre gustó hacerlo en su obra política. Primero habla de Marx, su primer encargo, a quien despacha rápidamente no sin reconocer su admiración por la hondura de su visión pero menos por sus profecías y herederos proféticos.

16 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Habla de sus autores rusos favoritos desde Herzeen de quien se confiesa devoto hasta Tolstoi y Dostoievski, a los que compara en su soberbia descripción de zorros y erizos. Después dirige su atención a los fundadores de la teoría política y del Estado Moderno: Vico, Maquiavelo y Hobbes a los que celebra en su enfoque empirista y realista de la política. Ello le sirve para proclamar su abierto rechazo de todo idealismo utópico en materia política. Rechaza la idea de que pueda crearse una utopía acorde con valores científicos, políticos e incluso estéticos.

En la tercera parte de sus conversaciones somete a prueba las ideas libertarias y los llamados derechos humanos. Aquí se reclama partidario del pluralismo ético y político y defensor irrestricto del credo liberal sobre los Derechos del Hombre. Los dos últimos capítulos sirven al entrevistador para evocar los gustos literarios y musicales del pensador. Auden, Turgueniev, Stravinski, Pasternak, Verdi son algunos de sus favoritos. Pero lo que asombra al final de este largo trayecto que va de Petrogrado a Oxford, de Washington a Moscú y de Londres a Jerusalén es el tono sereno aunque emotivo como un analista da cuenta de los forjadores del Renacimiento, la Reforma y la Ilustración. El invita a compartir su amor por esos héroes intelectuales, los compañeros de viaje en la aventura mental.

Las civilizaciones actuales. Fernand Braudel (REI) Desde siempre se nos ha enseñado que civilización es aquello que los hombres hacen y cultura lo que los hombres son. Con esta vieja distinción se otorgaba una dignidad espiritual a la cultura y se rebajaba la civilización a la trivialidad de lo material. Fernand Braudel, el eminente historiador del Mediterráneo, extiende el limitado sentido de la civilización a todo el bien común forjado por los hombres en su separación de la llamada barbarie. Todo lo que el hombre ya no olvida comprende esta memoria colectiva de la humanidad, o sea, los bienes colectivos que permiten el dominio de la naturaleza y la convivencia humana. El fuego, la escritura, el cálculo, la domesticación de plantas y animales son bienes colectivos tanto como los conocimientos técnicos de la civilización industrial y los medios de comunicación y convivencia de la llamada modernidad.

Una civilización no es, pues, ni una determinada economía o sociedad sino lo que persiste a través de economías y sociedades y permite su reproducción simbólica y material. Este concentrado volumen recoge el espacio y ritmo de las grandes civilizaciones que hoy subsisten: desde el Islam y la China hasta las variantes de la civilización occidental nacidas en el Mediterráneo. Esta es, pues, una gramática de las civilizaciones europeas y no europeas.

El hombre bizantino. Guglielmo Cavallo (y otros) (Alianza) Cuando hablamos de Bizancio nos referimos al imperio que dominó por más de un milenio la historia y civilización europeas. Comienza con la fundación de una Nueva Roma por Constantino entre el año 324 y 338 de nuestra era. La Nueva Roma fue dotada del plano y los privilegios de la antigua. Rodeada por el mar y por tanto fácil de defender, Constantinopla atrae naturalmente a los hombres, sus productos y sus ideas. Lo más importante de este precioso volumen sobre el Imperio Bizantino es la reconstrucción de este encuentro de culturas, la pagana y la cristiana, en uno de los focos naturales y económicos más poderosos de nuestra civilización. Más que un hervidero de intrigas o de disputas teológicas inútiles Bizancio es epicentro del despliegue de cultura material y espiritual más importante del medioevo tanto por la calidad de su enseñanza como por el influjo en la difusión de los tesoros culturales de la antigedad griega y cristiana.

Los personajes que dominan este mundo ortodoxo son sin lugar a dudas el Emperador y el Obispo. Ellos aparecen retratados en medio de sus cortes fastuosas y de su riqueza material y espiritual de palacios y catedrales. Pero también aparecen aquí los humildes campesinos y los pobres indigentes que trabajan sin descanso preludiando el moderno trabajador de Occidente. Los estratos de mediano poder como los soldados y los profesores se entremezclan con los funcionarios de la burocracia centralizada al servicio del basileus como dominadores de la escena pública y dispensadores de poder.\ Por encima de todos ellos se encuentra el comerciante, inicialmente tendero, que poco a poco se apoderó de los negocios de intercambio comercial con todo Occidente y sirvió como intermediario con los grandes comercios de Oriente. A su lado la mujer y el santo no son más que figuras marginales y marginadas que contribuyen a sostener esa imagen de un reino poderoso y centralizado que discrimina a los desvalidos de la ciudad y el campo.

Al final de estos diez ensayos, uno queda con la impresión de que el hombre bizantino vive fascinado y orgulloso de los tesoros de su civilización pero aterrado a la vez de los excesos de su despotismo cometidos a nombre de Cristo que camina sin daño entre serpientes y escorpiones .

El ciudadano. Thomas Hobbes (Debate) Una preciosa edición bilinge ha venido a llenar el vacío existente alrededor de las obras del gran filósofo inglés Thomas Hobbes. El Ciudadano debería haber sido el tercer tomo de la trilogía propuesta por Hobbes junto a sus tratados Del cuerpo y del hombre. No fue así porque la guerra civil obligó al pensador inglés a publicar su obra política en primer lugar. Sin embargo, esta obra es más precisa y rigurosa que el famoso Leviathan, más vigorosa y polémica.

Lo que Hobbes quiere defender es la unidad del Estado y señalar un sitio para las iglesias y el parlamento, protagonistas todos ellos de las turbulencias de la época. Se podría comparar finalmente esta obra de Hobbes con El Príncipe de Maquiavelo, diciendo que en la primera obra de Maquiavelo publicó un manual muy útil para mandar, y que en la segunda Hobbes redactó las normas para obedecer.

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