SONDA ESPACIAL MAGALLANES MUERE EN VENUS

SONDA ESPACIAL MAGALLANES MUERE EN VENUS

La sonda espacial Magallanes, que durante cinco años ha revelado los secretos de Venus, entró ayer en un camino sin retorno al reducir su órbita e introducirse en la densa atmósfera del planeta que debe provocar su desintegración. Los directores del proyecto perdieron contacto por radio con ella, por lo que dieron oficialmente por finalizado este proyecto espacial.

13 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

La nave interplanetaria, cuya misión ha costado 900 millones de dólares, realizó antes un último experimento para probar su aerodinámica, declaró Jim Doyle, portavoz de la Agencia Espacial estadounidense de la Aeronáutica y el Espacio (NASA).

Los técnicos dieron el lunes las últimas órdenes para que el encendido de los motores de la nave redujera la altitud de sus órbitas hasta unos 145 kilómetros de la superficie de Venus y su velocidad media pasara de 26.550 kilómetros por hora a 50.

Durante su descenso, la sonda Magallanes envió las últimas lecturas del planeta, que se espera sean muy interesantes ya que serán las primeras tomadas a tan corta distancia de su superficie.

Los investigadores estadounidenses decidieron que ante la imposibilidad de hacer regresar la sonda espacial a la Tierra era mejor el suicidio de la nave y esperar a perder contacto con ella cuando dejen de funcionar sus paneles solares que generan electricidad.

El director del proyecto, Douglas Griffith, del Laboratorio de Propulsión de Cohetes de la NASA, explicó que la sonda redujo progresivamente su velocidad hasta quedar prácticamente flotando en la espesa capa nubosa de la atmósfera de Venus.

Los expertos predicen que en cuanto se introduzca en la activa atmósfera de ese planeta comenzará a subir la temperatura y la sonda se derretirá, aunque es posible que algunas de sus piezas puedan incluso llegar intactas a la superficie.

Griffith reconoció que será un momento triste, ya que ha sido una de las misiones más brillantes llevadas a cabo por la NASA y se requerirán varios años para descifrar e interpretar toda la información que ha enviado a la Tierra.

El sistema de radar con el que va equipada la Magallanes, que fue lanzada en 1989, ha permitido observar la superficie de Venus a través de la espesa capa nubosa que le rodea, descubriendo un planeta de volcanes y corredores, el más largo de los cuales tiene unos 6.800 kilómetros de longitud.

Los datos recibidos de las 15.000 órbitas que ha realizado desde 1990, año en el que llegó a las cercanías del planeta, han permitido descubrir 543 cráteres, 27 cañones, 42 montañas, 20 planicies, una meseta, tres campos de dunas y 16 valles.

Los técnicos de la NASA consideran que la Magallanes ha cubierto el 98 por ciento de la superficie de Venus y confirmado que se trata de un planeta relativamente joven -de entre 300 y 50 millones de años- debido a su gran actividad volcánica.

Venus ha sido uno de los planetas que más ha cautivado el interés de los científicos porque frecuentemente se le considera el hermano gemelo de la Tierra por tener ambos similares dimensiones y composición.

Hasta ahora se sabía muy poco de Venus, pues su espesa atmósfera, que alcanza una temperatura de 480 grados centígrados, hacía prácticamente imposible su estudio desde de la Tierra.

Los directores del proyecto perdieron varias veces el contacto con la nave interplanetaria, que tardó 15 meses en llegar a las proximidades de Venus, pero lograron recuperar la comunicación gracias a diversas órdenes enviadas por radio.

La Magallanes fue lanzada desde el transbordador espacial Atlantis y su éxito facilitará que la NASA repita esta forma de enviar naves, ya que permite ahorrar combustible y reducir las daños que se sufren al superar la gravedad terrestre.

Lenta agonía En el centro espacial desde donde se le seguía la pista a la sonda espacial Magallanes, en California, los científicos llevaban brazales negros como señal de luto al transmitirle las órdenes finales.

El descenso de la nave se realizará por kilómetros de ardientes nubes de dióxido de carbono y ácido sulfúrico.

El fin podría tardar hasta el viernes, al desintegrarse la nave bajo la aplastante presión atmosférica. Los investigadores jamás sabrán precisamente qué le pasó al aparato.

La creciente densidad atmosférica disminuirá la velocidad del satélite de 26.400 kilómetros por hora hasta 48 según la nave descienda en espiral hasta una altura de unos 140 kilómetros de la accidentada superficie.

Aminorará la marcha hasta casi nada y será pulverizada , dijo Douglas G. Griffith, director de misión en el Laboratorio de Propulsión a Reacción de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), aunque algunos pedazos podrían llegar hasta la superficie.

La atmósfera no tardará en atraparla. La temperatura aumentará , dijo ayer el planificador de misión Rob Lock.

El descenso es un experimento para explorar la aerondinámica de la nave según atraviesa la atmósfera de Venus. La información podría ser utilizada para diseñar naves capaces de permanecer en órbita más tiempo. También podría ayudar a programar el vuelo de la sonda Topógrafo Global de Marte, que se espera lanzar en 1996.

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