CARMENZA DUQUE

CARMENZA DUQUE

Hay imágenes de Carmenza Duque poco conocidas. Por ejemplo, rodeada de morcillas, chunchullo, longanizas y papas criollas, al lado de una fritanga que la mantiene caliente en el clima paramuno de Monserrate; viste como fritanguera. Otras: cantándole al Papa Juan Pablo II, en el parque El Tunal, vestida con un traje blanco de encajes y cintas en la cabeza. O arrodillada frente al Sumo Pontífice, en Palacio, diciéndole: Ay!, tan querido... .

10 de febrero 1991 , 12:00 a.m.

Las dos primeras pertenecen a escenas de la película El niño y el Papa en la que Carmenza caracteriza a una mujer humilde. La otra, durante la recepción que el presidente Belisario Betancur ofreció al Papa Juan Pablo II en Palacio. A ella le correspondió ser la anfitriona.

Así ha sido su vida: llena de contrastes, aun en su esporádica aparición en cine.

Siempre ha amado la música, pero nunca le ha podido dedicar el tiempo que quisiera. Y aunque son miles sus seguidores, en su hogar (tanto de soltera como de casada) ha tenido tropiezos para dedicarse de tiempo completo a la canción, un sueño que se inició en su infancia.

En esa época, ganaba los exámenes del colegio cantando... o sentándose muy cerca de la compañera que más estudiaba. Prefería un copia disimulada a dedicarles tiempo a los textos escolares. O, en la mayoría de los casos, demostrar sus dotes artísticas a cambio de una buena nota.

Su voz convenció primero a las monjas del colegio Sagrado Corazón en su Manizales del alma. Luego, a una empresa publicitaria que le grabó un disco de circulación cerrada; y más tarde, al jurado del Festival de Ancón, en Perú, donde ganó como mejor voz en 1970. Imposible de callar Convencio a todos,exceptos a su famili. Los padres de esa niña, en ese entonces de l6 años,no veian con buenos ajos que acostumbrada como esta a comodidades,se dicidiera por una caarrera artistica que entonces no tenia mayor prestigio Eso no es para ti, no es para iniñas de bien decian. En cambio, se la imaginaban cursando estudios profesionales en alguna universidad de prestigio en la capital. Ella, por su parte, abrigaba la esperanza de viajar a Italia para estudiar música popular.

La casualidad del primer disco grabado para circulación privada y, dos meses más tarde, el triunfo en tierra inca, y seis meses después la grabación del primer larga duración comercial, desviaron su trayecto original.

Unicamente se necesitaron ocho meses para que se quitara de la mente a Europa y, a cambio, se fijara como meta Bogotá. Una universidad en la capital.

La idea era clara: tenía que matricularse en cualquier facultad para ocultar debajo de los libros sus intenciones de dedicarle más tiempo a la música. Escogió, entonces, antropología, como excusa.

El pretexto cada vez se necesitó menos. Sin tomar completamente en serio la profesión, llegaron invitaciones para que cantara en Panamá, Nueva York, Venezuela y en las diferentes ciudades colombianas.

Un éxito temprano, sin mucha dedicación, terminó por convencer a su madre y más tarde a su padre quien de detractor pasó a ser su mayor crítico y apoyo.

Sin darse cuenta, la jovencita universitaria que compartía su apartamento cerca de la Javeriana con amigas de infancia se vio metida de lleno en el mundo del espectáculo. Su nombre ya era conocido en el medio, pero su popularidad aumentó por su noviazgo con Pacheco, en el año 71. Romance de dos estrellas.

Las relaciones con Pacheco, a pesar de que se habló de matrimonio, no fueron muy largas. Un año después se casa con Jorge Alberto Gutiérrez Gómez, un estudiante de derecho con familia ganadera.

El matrimonio fue, precisamente, uno de los obstáculos en su carrera artística. Durante los 18 años que duró casada se separó hace seis meses, poco tiempo le podía dedicar a la música. En realidad, su esposo no estaba de acuerdo del todo con la actividad artística. Por eso solo grababa un disco al año, un especial de televisión y un presentación pública. No más.

Mucho menos cuando nació Simón hoy de 17 años y, luego María Francisca de 13. La música, entonces, pasó a segundo plano.

Pero su alejamiento musical se acentuó cuando Simón se enfermó de leucemia, hace tres años y medio. Fueron los momentos más difíciles su vida. Luchó cada día, cada minuto, cada segundo por su hijo.

Y cuando alcanzó a ver esperanza en la recuperación, decidió dedicarle buena parte de sus energías a una fundación que ayudara a los niños con iguales problemas, pero sin medios económicos. Nació así la Fundación Los Niños de Carmenza Duque.

Por eso regresó al escenario. Lo hizo en 1988 en un concierto para recaudar fondos para la fundación. Pero fue una reaparición fugaz. Luego de la presentación se alejó nuevamente de las luces y tramoyas, y de los estudios de grabación.

Ahora, nuevamente regresa al mundo artístico. Lo hace con nuevo disco (parte de las ventas son destinadas a la fundación). Aunque en esta ocasión no se trata de algo pasajero como la anterior.

Por primera vez lo hace con un programa de promoción. Hacía veinte años que Carmenza Duque no visitaba medios de comunicación ni se subía en un avión para viajar por Colombia a contar que tiene una nueva producción.

Veinte años después, Carmenza prácticamente debuta.

Pero debuta para explicar cómo una artista se ha mantenido vigente a pesar de que duró casi cinco años sin grabar, sin aparecer en televisión, sin giras, sin emisoras, sin entrevistas.... Nada fácil, pero con su clase y su visión lo ha hecho.

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