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En cuestión de impotencia, no todo son pastillas

En cuestión de impotencia, no todo son pastillas

Lo primero que hace un hombre cuando tiene una falla en su desempeño sexual es disculparse de manera racional. “Entiéndeme, es que estoy cansado”, “Sabes que el trabajo me tiene tensionado” son, entre otras, frases de trámite que él dice en un tono que apenas disimula una preocupación que no comparte.

Por supuesto, de esto no se habla más con el fin de atenuar lo que para él es el máximo atentado a su virilidad.

La cama se convierte en un desierto en el que las mujeres no dejan de pensar que también son culpables y adoptan dos conductas: o hacen creer que no se han dado cuenta o procuran atraer al hombre con sobredosis de erotismo.

Error, porque la indiferencia y la presión solo logran el efecto contrario.

¿Qué hacer? Ahí, nada. Aparte de mantener una cálida cercanía física y evitar convertir las sábanas en una sala de conferencias para disertaciones eruditas sobre la ‘disfunción eréctil’.

Cuidadito, eso sí, con echar el tema por el sifón. Para nadie una mala faena queda impune, por lo tanto los dos se deben una conversadita fuera del dormitorio pasados unos días, preferiblemente antes de volverlo a intentar.

El objetivo es abordar el tema como un asunto físico que tiene solución en lugar de asumir que es una catástrofe sexual. Para eso ambos deben tratarse como amigos entrañables que intentan hallar soluciones en común expresando cariño y sin dejar de sentirse deseables.

Hay que tener claro que esto es un trabajo en equipo. El hombre debe dejar la bobada de evadir la situación y la mujer debe reconocer que tiene velas en ese entierro.

Hablar de las posibles causas y, si es necesario, visitar al médico, pero juntos. Si pueden tratar el tema con sinceridad habrán recorrido la mitad del camino.

El paso siguiente no es correr al catre. Quieticos: recuerden que aliviar la presión que presume ‘hacer bien la tarea’ actúa sorprendentemente en la recuperación de la confianza del macho herido.

Eso no significa que deben darle vacaciones al sentimiento. Al contrario, es el momento de aprovechar todas las situaciones para demostrar que se atraen.

Reinventar el cortejo, aumentar los besos, estrechar los abrazos, incluso mejorar en lo físico y agradar en el vestir.

Hay que enfatizar el contacto físico. Las caricias, los masajes deben exaltarse. Dejen al tacto la situación, tóquense por turnos evitando los genitales, relájense, eroticen sus mentes, explórense y eviten el coito.

Recuperen el placer de sentir que las parejas pierden con el tiempo. Ver películas eróticas, leer revistas o crear fantasías sexuales a dúo es lícito. Muévanse hacia la masturbación mutua. Poco a poco aparecerán las erecciones que a su tiempo descubrirán cuando son óptimas, entre tanto gócense los momentos.

En las parejas de verdad, los dos son responsables de los dos y un pene flácido no es la excepción. Entonces, manos a la obra. Esto no exime la aplicación de las medidas recomendadas por profesionales solo cuando son necesarias. No todo son pastillas. Se los digo por experiencia.

estherbalac@yahoo.es.

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Se estima que una de cada 10.000 personas vive hasta los 100 años.

Los investigadores trabajan para desarrollar medicamentos que puedan imitar el efecto de esta variante genética.

- EL OFICIO REDUCE RIESGO DE CÁNCER DE MAMA La actividad física, y en particular hacer tareas domésticas, contribuye a reducir el riesgo de contraer cáncer de mama en mujeres de todas las edades, según una investigación divulgada en el Reino Unido. De acuerdo con expertos, el estudio aporta pruebas de que las formas moderadas de actividad física pueden ser más importantes en la reducción del riesgo de este cáncer que las modalidades de ejercicio más intensas pero menos frecuentes.

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