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Colombia y la felicidad

Colombia y la felicidad

Una página web que promueve el turismo a Colombia en inglés define a los colombianos como “la gente más simpática del mundo” y explica por qué: “En las encuestas sobre felicidad, Colombia siempre aparece como el país más feliz del mundo”. Termina su argumento lamentándose de que “sin embargo, muy poca gente visita este paraíso”.

Quienes conocemos, gozamos, padecemos y vivimos a Colombia sabemos que dista mucho de ser un paraíso. Basta con abrir ojos y oídos para comprobarlo, pues somos prolíficos productores de malas noticias. Pero sí parece cierto que el nuestro figura entre los países más felices del mundo. No es un mito. Las encuestas lo muestran. En los últimos años se ha despertado un particular interés por medir el grado de dicha de los pueblos del mundo, y allí, entre los campeones, estamos los colombianos.

En el 2004, la Universidad Erasmus, de Holanda, clasificó a Colombia como el país más feliz del mundo. Ese mismo año, una encuesta de Datexco y la revista Cambio coincidió en el dictamen. El Journal of Happiness Studies, de Gran Bretaña, nos concedió en enero del 2005 el cuarto lugar en el globo. Al año siguiente, el Mapa Mundial de la Felicidad (MMF), de la Universidad de Leicester, llevó a Colombia a su más baja posición en las tablas de la dicha: 33 entre 178 países. Repuntamos en el Índice del Planeta Feliz (IPF), de Amigos de la Tierra y Fundación Nueva Economía, donde logramos un honroso segundo lugar. Esta misma ubicación, detrás de Venezuela, nos confiere en Suramérica una reciente encuesta de Clima Group.

* * * * La brecha entre la puntuación de MMF e IPF se explica por el énfasis que hacen los diseñadores de los estudios en factores objetivos mensurables (expectativa de vida, escolaridad, ingreso per cápita, salubridad, etc.) o, por el contrario, en preguntas subjetivas sobre el grado de satisfacción personal y familiar del interrogado. En el caso del Planeta Feliz, la sobresaliente puntuación colombiana se debe en buena parte a que las ONG organizadoras introducen elementos ecológicos y de bajo consumo, que corresponden a la rica geografía colombiana y los bajos ingresos de la población . En contraste, el Mapa de la Felicidad se inspira sobre todo en la capacidad de consumo, lo que favorece a los países ricos.

Por eso conviene recibir con cierto escepticismo las investigaciones que pretenden representar con dígitos lo que filósofos, poetas, teólogos, siquiatras y sicólogos han intentado capturar sin pleno éxito: el sentido de la dicha, la ontología de la felicidad, por qué se extravía y cómo se recupera.

Los números, sin embargo, son obstinados y coinciden con las encuestas domésticas en señalar –según lo hace el Estudio Nacional de Valores, de marzo del 2006– que una mayoría de nuestros compatriotas se definen como personas contentas con su vida. Hace dos años, la encuesta Biswas-Diener fijó la cifra en un insólito 96 por ciento. Proporción sorprendente, en particular si consideramos la fuerte dosis de corrupción, violencia, miseria, impunidad, incomodidad, escasez de servicios y rechazo internacional que llueve a diario sobre sus cabezas.

* * * * Los especialistas intentan explicar tan extraño fenómeno. Las principales razones aducidas a lo largo de los años son: patriotismo, geografía espléndida y climas variados, buen humor, cultura que invita a la alegría, sólidos valores familiares, capacidad para disfrutar con las pequeñas cosas, espíritu de superación de los obstáculos... La sicóloga Nelly Rojas especifica un factor más: “La adversidad ha desarrollado en Colombia procesos de solidaridad colectiva que generan una sensación de felicidad basada en la confianza de los demás”. Algo semejante piensan otros estudiosos. El sufrimiento, pues, ha creado entre los colombianos un espíritu que los impulsa a gozar con mayor intensidad las cosas buenas de la vida. Al mismo tiempo, la mala imagen internacional hace que se admire más a los compatriotas que se destacan en el extranjero.

Adicionalmente, hay que decir que existe otra Colombia, ajena a los síndromes de corrupción y violencia; en ella prevalecen valores positivos de trabajo, superación e ingenio para sobrevivir. Aquel país, compuesto por la gran mayoría de la población, rara vez se asoma a las páginas de la prensa, porque no delinque, no ofrece cocteles, no protagoniza romances sensacionales y no ocupa posiciones de poder. Pero a la hora de las encuestas revela su optimismo y la satisfacción con que vive.

Nada de esto quiere decir que el colombiano se engañe sobre las precarias condiciones de su entorno ni que disfrute de manera masoquista con sus limitaciones. Sino que ha sabido mezclar realismo, resignación y buen humor en dosis que se parecen mucho a la felicidad.

A ellos, y a todos los colombianos, deseamos un nuevo año que responda a su optimismo y a su empeño de ser dichosos.

editorial@eltiempo.com.co .

Una nación mayoritaria y silenciosa, que a la hora de las encuestas revela su optimismo y la satisfacción con la que vive.

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