LOS TRAGUITOS DE YELTSIN

LOS TRAGUITOS DE YELTSIN

A Stalin le gustaban el coñac de su Georgia natal, el dulzón vino Kinzmarauli y los brindis pomposos y de pie. Kruschev engullía el vodka a la rusa, de un trago. Los políticamente apasionados besos de Brezhnev sabían a vodka. Ahora, en la Rusia nueva, no todas las tradiciones han sido desechadas.\ Que Boris Yeltsin se toma sus copitas es una de esas cosas que todo el mundo sabe y nadie puede demostrar. Presidenciales tragos que, amén de notorios escándalos, han provocado un serio cuestionamiento de los métodos en vigor en el Kremlin y del manejo global del poder en Rusia.

16 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Lo que distingue a Yeltsin es que a ninguno de sus antecesores lo acusaron de alcohólico. Entonces nadie se habría atrevido; ahora son los comunistas quienes lo hacen a diario.

Al máximo poder del Kremlin nadie le ha comprobado una borrachera, pero abundan las evidencias. El Yeltsin despeinado y con la voz turbia que apareció en la tribuna del Congreso de Diputados Populares de marzo de 1993 lo vimos docenas de corresponsales. Ya entonces sus opositores lo acusaron de alcoholismo y pidieron su destitución. Informe especial del corresponsal de EL TIEMPO en Rusia.

Absolut Boris\ Que el presidente ruso se toma sus copitas es una de esas cosas que todo el mundo sabe y nadie puede demostrar. Presidenciales tragos que, amén de notorios escándalos, han provocado un serio cuestionamiento de los métodos en vigor en el Kremlin y del manejo global del poder en Rusia.

Si la invención del vodka es asunto de eruditas disputas entre varios pueblos eslavos, la palma de su empleo se la llevan de lejos los rusos. En este país, donde los borrachos tendidos en los andenes son contemplados con una sonrisa entre lastimosa y comprensiva, hasta los altos jefes han visto su nombre ligado al espirituoso preparado que destilaron por primera vez, según un historiador no muy objetivo, monjes locales en 1440.

A Stalin le gustaban el coñac de su Georgia natal, el dulzón vino Kinzmarauli y los brindis pomposos y de pie. Kruschev engullía el vodka a la rusa, de un trago. Los políticamente apasionados besos de Brezhnev sabían a vodka.\ Andropov rompió la tradición: su nombre es sinónimo de rígidos controles al consumo de vodka y del primer aumento de precio en la botella. Y aún hoy hasta el último campesino soviético odia a su sucesor, Gorbachov, por la campaña antialcohólica con la cual empezó su gobierno podando viñedos y cerrando destilerías.

Yeltsin se distingue porque a ninguno de sus antecesores lo acusaron de alcohólico. Entonces nadie se habría atrevido; ahora los comunistas lo hacen a diario. Nadie le ha comprobado una borrachera pero abundan las evidencias.\ Despeinado y de voz turbia Aleksandr Yakovlev, director del semanario Obshaia Gazeta y viejo partidario del presidente, se lo recordó hace unos días en el articulo hasta ahora más franco sobre el tema.

Su inclinación por el alcohol, Boris Nikolaevich es un secreto sólo para usted mismo , le escribe, rememorando el 18 de agosto de 1991, el día previo al golpe de Estado que disolvió la URSS, cuando Yeltsin aplazó varias horas su regreso de Kazajstan a Moscú por estar, según Yakovlev, intransportable .\ Otro caso habría tenido lugar en una reunión de jefes de Estado de la CEI, al final de la cual el secretario de prensa del presidente corría por el recinto retirando cámaras y fotógrafos para que no registrasen el etílico estado del jefe.

El Yeltsin despeinado y con la voz turbia que apareció en la tribuna del Congreso de Diputados Populares de marzo de 1993 lo vimos docenas de corresponsales. Ya entonces sus opositores lo acusaron de alcoholismo y pidieron su destitución. Ha habido no pocas desapariciones del presidente por varios días, misteriosas y ligadas por la prensa a eventuales copas de más, como la vez que, después de dos días de silencio, apareció de pronto en un portaaviones en el Mar Negro como si nada hubiese ocurrido.

Más recientes son los rumores, en julio, sobre un viaje en barco por el Volga, durante el cual habría tirado al agua a su secretario de prensa. En agosto, su teatral dirección de orquesta en la ceremonia oficial de despedida de las tropas rusas en Berlín. Y, a fines de septiembre, el nunca aclarado motivo por el cual Yeltsin, de regreso de Estados Unidos, dejó al primer ministro irlandés esperándolo en el aeropuerto de Shannon. Allá la versión oficial fue que la presión le impedía bajar del avión a la cita. Llegando a Moscú el propio Yeltsin dijo que se había dormido. La prensa irlandesa publicó una caricatura, reproducida en Rusia, de una botella de vodka rodando de las escalerillas del avión y la leyenda por fin un mensaje del presidente Yeltsin .

Sobrio Kremlin El Kremlin o calla o se indigna ante los rumores. Pero la culpa la tiene el secreto en torno a un presidente que, según viejos partidarios, después de ganar el puesto con populistas apariciones callejeras se ha convertido en un monarca aislado del mundo exterior, rodeado de un reducido grupo de asesores todopoderoso.

El Kremlin es tan hermético como las masivas murallas rojas que lo rodean. Apuntalados por una constitución autoritaria, los mecanismos del centro del poder en Rusia recuerdan las intrigas de una corte palaciega y el burocrático sigilo del Comité Central del Partido Comunista Soviético del cual, por otra parte, proceden no pocas de sus piezas.

El gobierno está supeditado al presidente y todas las esferas de la vida nacional a sus decretos. Decretos que prepara y entrega para la firma un grupo de asesores, la mayoría de los cuales son hombres de tiempos del Partido Comunista de Sverdlovsk, la ciudad donde Yeltsin fue por años primer secretario. Casi cualquier ministro es menos importante que estos elegidos. Siete ostentan el cargo de pomoshnik (ayudantes). Uno, Victor Iliushin, el de primer ayudante . Este y Aleksandr Korzhakov, el responsable de la seguridad presidencial, según confesiones de Yeltsin, gozan de especial influencia sobre él.

En este círculo que se puede contar con los dedos de las manos y juega tenis con el presidente se dirimen las cuestiones claves del poder en Rusia.\ Funciona, como en tiempos del Comité Central, en medio del mayor secreto. Los asesores no dan entrevistas. Los medios rumoran sobre las intrigas que presiden hasta la menor decisión. Todo el mundo procura estar a bien con ellos. No es, pues, raro que los rumores sobre la inclinación por el vodka del presidente se hayan vuelto un cuestionamiento de si es el realmente el jefe.

De las indignadas demandas con que el parlamento inició sesiones hace unos días para crear una comisión médica que indague la sobriedad presidencial, se ha pasado a una polémica sobre quien maneja los hilos del poder en Rusia, el presidente o sus invisibles , como llaman a los asesores.

Viejo argumento de la oposición: comunistas y nacionalistas insisten desde hace meses que, a la sombra de un presidente enfermo, reina en Rusia el Rasputín colectivo de su círculo más próximo. Lo notorio es que hasta la prensa yeltsinista ha retomado el argumento. Yakovlev, en su artículo, dice que el presidente es cada día mas rehén de quienes lo rodean, y en el país se abre un periodo como de dirección anónima .

Rumores en estado puro. Copas presidenciales, poder de los ayudantes, estado real del jefe y eventual lucha por influirlo no pasan de ser, como dijera una vez Churchill hablando del Kremlin, conclusiones de quienes observan una lucha de perros debajo de un tapete. Porque lo único cierto en esta historia es el secreto mas completo que, como el misterio que rodea el gusto del primer hombre de Rusia por el vodka, es una prolongación de las mejores tradiciones comunistas. Rusia, en términos de alcohol y de gobierno, no parece haber cambiado mucho. El Kremlin, pese a su jefe, sigue siendo el sitio mas sobrio del mundo.

Examen médico Moscú (Efe) La propuesta de aprobar una ley que haga obligatorio un examen médico del presidente ruso, Boris Yeltsin, fracasó el miércoles, en la Duma, la cámara baja del Parlamento de Rusia con una fuerte presencia de la oposición.

La votación de la ley centró la atención de la cámara pese a la crisis desatada en Moscú por una devaluación sin precedentes de la moneda nacional.

La ley fue propuesta por la fracción comunista, en relación con el último escándalo motivado por la incapacidad de Yeltsin de asistir a una cumbre con el primer ministro irlandés, Albert Reynolds.

El suceso avivó las conjeturas sobre el supuesto mal estado de salud del presidente, que en lo que va del año ya se tomó cinco descansos y vacaciones.

Esta es la segunda vez que los comunistas piden al Parlamento un chequeo médico obligatorio de Yeltsin, que ya habían solicitado hace un año después de que el presidente apareciese evidentemente ebrio a su regreso de una cumbre de la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

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