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Dos toreros se fueron en hombros ayer

Dos toreros se fueron en hombros ayer

Un encastado, astifino, variopinto y bien conformado encierro de Alhama fue la base para que los tres toreros armaran una fiesta de valor, entrega y vistosidad en la ya tradicional corrida del diario EL TIEMPO.

Los toros no eran grandes, pero eran ofensivos. Todos atacaron los caballos y, excepto dos –el tercero y el sexto–, todos dieron la pelea en los medios hasta el final. Jaboneros, castaños, negros, listones, mostraban sus ancestros veragüeños (Alhama es Jandilla y Juan Pedro).

Cómo le han respondido de bien las sustituciones a la empresa de Cali. En la segunda y en la tercera corridas un crecido Abellán borró el recuerdo de Iván García. Y ayer, Antonio Ferrera, convertido en una tromba, no dejó pensar a nadie en Alejandro Talavante. Cada día la asistencia a la plaza va en incremento, a la par que las celebraciones del público que llenó otra vez a más de tres cuartos del aforo.

El hispano Antonio Ferrera se abrió de capa sin acomodarse en los primeros lances, pero luego de una laboriosa vara de Viloria formó la marimorena en un tercio de banderillas explosivo y enervante, que puso en pie la plaza.

Dos pares galleados de poder a poder y uno al quiebro, sorprendente, dieron paso a una ovación histórica. Y con el cuarto igual o más, porque en el último par los pitones pasaron por un espacio inverosímil entre la piel del torero y las tablas. Con la muleta, dos faenas en las que el riesgo primó sobre la estética. Los enrazados animales repitieron y repitieron, y él aguantó y aguantó. Los derribó de sendas estocadas, pero en particular la del cuarto clasifica ya para la de la feria. De sus manos salió rodado el toro, patas arriba y sin puntilla, para la vuelta al ruedo que le concedió la presidencia. Una oreja del primero y dos del cuarto le abrieron la puerta Señor de los Cristales.

La casta del colombiano Paco Perlaza topó con un segundo áspero y cornipaso, que además le buscó las cosquillas desgarrándole la ropa. El caleño no se arredró, pero tampoco pudo ligar con aplomo, aunque lo mató bien.

En el segundo, Perlaza, como un gallo de pelea que defiende su patio, sacó el repertorio de capa y por verónicas, medias repetidas, navarras y revoleras lanzó su grito de guerra. Luisín picó bien, pero Procuna pareó mejor y saludó. Y ‘Paco’ de rodillas en la boca de riego, inició la faena que se fue por derechas y naturales salpicados de adornos, en medio del vocerío de la paisanidad. Otra vez su toreo de sabor vernáculo hacía diana en el corazón del público. Otra vez su voluntad de poder se hacía realidad.

A pecho descubierto dejó un estocadón y recibió las dos orejas, mientras el toro se iba entre palmas.

Salvador Cortés, el triunfador de la pasada feria de Sevilla con su toreo de corte artístico, chocó contra un tercero excesivamente castigado en varas, que se defendió y entableró. Era imposible cualquier lucimiento. Abucheos y algunos pitos fueron su primera cosecha en esta plaza.

Saltó el último de la corrida. Y el sevillano, entre la espada y la pared por el triunfo multitudinario, sacó un as bajo la manga. Apeló al efecto, insólito en él, del parón en los medios y los cambios por pecho y espalda.

Ya con la atención encima, abrió el compás, cargó la suerte, soltó el brazo, bajó la mano y dibujó los mejores naturales de la tarde por su limpieza, lentitud y temple. No fueron muchas tandas y acaso tres por derecha, porque el toro se rajó y se atrincheró en la barrera. Pero ya estaba justificada su presencia. No tuvo más remedio que seguirlo y ponerle su cuerpo como señuelo para lograr las arrancadas hacia tres bernadinas apretadísimas. Y el público, todo con él. La estocada fue de antología, fulminante como un rayo.

Una fortísima petición de dos orejas solo fue satisfecha a la mitad en un palco que ha demostrado imponer su voluntad, cuando lo ha tenido a bien. Se fue a pie. Pero así y todo, llevaba en alto su cartel y su buen nombre torero.

Se mató muy bien ayer en Cañaveralejo. ¡Qué estocadas! La corrida fue un homenaje a la suerte suprema.

APUNTES TAURINOS DESDE LA BARRERA En Cali las vías no dan abasto para la feria. Hay obras y está llena la ciudad. La cabalgata del 25 y el desfile de carros antiguos de ayer bloquearon el norte de la ciudad. Algunos aficionados llegaron tarde a la corrida.

Lidió su encierro la ganadera doña Venus Zarzur de Castro, con sus toros de Alhama. Muy buena corrida. Y mañana, con los Guachicono, el que se comerá los nervios será su esposo, don Luis Fernando Castro. Vamos a ver quién pone punto a quién. Todo queda en casa.

El maestro César Rincón, quien no figura en los carteles de Cali como matador este año, sí lo hace como ganadero. Esta tarde se lidian sus toros de Las Ventas del Espíritu Santo. No estaba a gusto por la devolución de uno de sus toros por parte de la junta técnica. Como dicen en ese difícil mundo, ¡que haya suerte, matador! La caída de los carteles de los españoles Iván García y Alejandro Talavante no la ha sentido la afición. La gran actuación de Miguel Abellán, quien sustituyó al primero y ha cortado tres orejas, y Antonio Ferrera, en reemplazo de Talavante, salió ayer en hombros por la puerta Señor de Los Cristales. Cortó tres orejas. Qué más se pide.

Ayer asistieron varios toreros a la corrida. Entre ellos, Sebastián Castella y José Mari Manzanares, dos de los que componen terna de esta tarde, junto al colombiano ‘Dinastía’.

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