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Sol y sombras

Sol y sombras

América Latina atraviesa por un período de alto crecimiento económico y considerable turbulencia política. El buen desempeño económico se debe tanto a factores externos excepcionalmente favorables, como a políticas domésticas prudentes. La convulsión política se origina tanto en la permanencia de altos niveles de desigualdad y pobreza, como en la agudización de las diferencias ideológicas en la región. La manera como se resuelvan estas tensiones determinará el comportamiento económico futuro del área.

En el 2006, América Latina completa cuatro años con crecimiento del 5 por ciento anual promedio. Ha sido especialmente vigoroso en Argentina, Venezuela y Uruguay, que venían de crisis profundas, y en Chile, Perú, Colombia y Centroamérica. El auge se debe en buena parte a una demanda externa vigorosa y a los altos precios de nuestros productos de exportación, gracias al buen comportamiento de la economía mundial, especialmente de Asia, y al acceso fácil y barato al crédito internacional. Pero también a una política macroeconómica sana y a la mayor productividad de nuestras economías, producto de las reformas estructurales de los 90. Las exportaciones han crecido, hay superávit comerciales, la inversión doméstica y extranjera se ha recuperado, la deuda externa ha disminuido, hay acumulación de reservas internacionales y mejoras en las cuentas fiscales.

Las perspectivas económicas continúan siendo buenas para la región en los próximos años, así se prevea una desaceleración moderada de la economía mundial.

La política regional está convulsionada y muy dividida. Aunque en general se mantienen la apertura al comercio, la prudencia macroeconómica y la vigencia de las formas democráticas, hay crecientes divergencias frente a la inversión privada, la política social y la integración regional.

En un extremo están Venezuela y Bolivia, cuyos gobiernos han adoptado posiciones confrontacionales con la inversión privada nacional y extranjera y con E.U., y posturas políticas y sociales radicales o populistas, lo que ha generado una grave polarización interna y tensiones serias en las relaciones hemisféricas y con sus vecinos. Es muy probable que el nuevo gobierno ecuatoriano se oriente en estas direcciones, y hay algunas similitudes en el caso argentino. En el otro extremo están Colombia, Perú, México y la mayoría de América Central, cuyos gobiernos mantienen políticas muy favorables con respecto a la inversión privada, una política exterior en lo esencial alineada con la de E.U. y poco énfasis en la política social. La posición más equilibrada la representan Chile, Uruguay, Brasil y Costa Rica, cuyos gobiernos combinan una política muy favorable a la inversión privada con una política social agresiva y moderna y una política exterior balanceada, que busca relaciones comerciales y políticas mas amplias.

Este panorama regional, de por sí complejo para Colombia, se agrava con los acontecimientos internos recientes. El auge económico nacional, que llegó al récord histórico de 6 por ciento en el 2006, se debe a factores comunes con el resto de la región, pero también a la confianza que generó la primera administración Uribe con su política de seguridad interna y los anuncios contra la corrupción.

Los avances en seguridad se mantienen, con algunos reveses. Sin embargo, los numerosos escándalos de corrupción en dependencias oficiales y la revelación de vínculos estrechos entre paramilitares y políticos cercanos al Gobierno han comenzado a erosionar la confianza en la Administración, tanto en el país como en el exterior.

Con un Congreso de E.U. dominado por los demócratas, se hará mas difícil la aprobación del TLC en estas circunstancias. Las encuestas siguen siendo muy favorables al Presidente, pero juzgan más críticamente la política oficial frente a los paramilitares y el narcotráfico. El Gobierno debería adoptar una política de tolerancia cero frente a la corrupción y una posición mas firme y clara con respecto al paramilitarismo y al proceso de justicia y reparación si desea evitar que esa erosión continúe y ponga en peligro sus logros internos y en política exterior

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