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Desavenencia accidental con Ecuador

Desavenencia accidental con Ecuador

La satisfacción por el repunte del crecimiento económico, de regreso ojalá estable al nivel de algunos tiempos anteriores a la infecunda ola neoliberal, se vio enturbiada por la persistencia del desempleo y la miseria, por el efecto deprimente de la revaluación sobre las exportaciones, por la decepción de la reforma tributaria y, quién lo creyera, por roces inesperados con el fraterno Ecuador, a propósito de la fumigación de grandes e inadmisibles plantaciones de coca en la zona fronteriza.

El deber irrenunciable de combatir el narcotráfico en su condición de veneno de la humanidad, sus siembras, instalaciones y redes de distribución, no excluye a ningún país. Ni puede ser incompatible con el cultivo de estrechas relaciones entre el vecindario, sobre la base del respeto al sagrado principio de no intervención de un Estado en los asuntos de otro.

Primero, el renacimiento esperanzado del ideal grancolombiano y, luego, la integración en la Comunidad Andina sirvieron para fortalecer los vínculos históricos y reforzar la simpatía ancestral con la bella nación ecuatoriana.

A cada cual correspondió seguir su camino, pero no se abolió la cooperación recíproca ni el esfuerzo por la complementación de sus economías a fin de salir del microcosmos en que se hallaban atrapadas. Dentro de esta autonomía de vuelo, observamos con sorpresa y recelo por sus consecuencias, valga el ejemplo, la sustitución intrépida del sucre, la tradicional moneda ecuatoriana, por el dólar estadounidense. Semejante determinación habría de restarle flexibilidad al manejo monetario una vez pasada la bonanza petrolera, así no tenga por ahora inconvenientes insuperables.

En ejercicio de su soberanía, Ecuador acabó decidiendo abstenerse de negociar el TLC con la superpotencia, en tanto Colombia y Perú lo gestionaban. Todo ello parecía conciliable. Sin embargo, la liebre de la discordia salta donde menos se piensa y esta vez lo hizo con motivo de la aspersión de los extensos cocales en terrenos próximos a la línea fronteriza. Dichos sembradíos constituyen la yugular de las guerrillas colombianas, hasta el punto de que la atroz violencia no desaparecerá mientras cuente con esa poderosa fuente de recursos.

Hablando se entienden las gentes, tanto más si cada uno se pone en los zapatos del prójimo. Es la vía civilizada y adecuada que en esta ocasión debiera servir para superar malos entendidos y susceptibilidades. Entre casa, si la expresión cabe, digamos que el tratado de libre comercio con E.U. no autoriza a Colombia a menospreciar la importancia fundamental del vecindario, ni a tirar por la borda lo que resta del Pacto Andino. En realidad, el presidente Uribe no ha incurrido en tamaño error. Sin embargo, duele comprobar que la representación diplomática ante nuestros dos más cercanos vecinos y hermanos por añadidura, Ecuador y Venezuela, dista mucho que desear.

Por su significación intrínseca y por su historia común, tal representación debiera estar encomendada a duchos y atemperados personajes del más alto rango: ni principiantes ni bisoños ni simples fichas políticas. Los contactos directos entre Jefes de Estado y entre Cancillerías son muy útiles, pero no pueden ser permanentes ni reemplazar la paciente labor diplomática del día a día, destinada a preservar el mutuo entendimiento y la amistad entre pueblos y gobiernos, e igualmente a suministrar información veraz y oportuna. Ahí hay, por parte de Colombia, falla inocultable, de mecánica si se quiere, pero no menos perjudicial e indeseable.

A falta de esa acción diplomática, continua, incesante y eficaz, se tiende a reemplazarla por la del micrófono con dimes y diretes de funcionarios de diversa clase y categoría, en forma que, lejos de superar las dificultades, las enredan más y las enconan. De consiguiente, todo aconseja reivindicar y fertilizar los cauces institucionales y confiar en que a través del diálogo se superen las diferencias.

* * * * Feliz y Próspero Año Nuevo a los amables lectores de esta columna y a todos los compatriotas.

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