Los pueblos fantasma del Caquetá

Los pueblos fantasma del Caquetá

La mañana del 5 de abril del 2004, Rafael Martínez recibió en su negocio de Peñas Coloradas (Caquetá) la visita de uno de los hombres de ‘Fabián Ramírez’, el jefe del bloque sur de las Farc.

28 de diciembre 2006 , 12:00 a.m.

Llegó corriendo con el fusil al hombro y golpeando de puerta en puerta con la culata del arma. Lo propio hizo en el mostrador del bar de Rafael y le gritó: “Compadre, tiene cuatro horas para salir de aquí. Llévese lo que alcance a empacar”.

La misma advertencia recorrió las cuatro calles del estrecho caserío de 2.500 habitantes, contando comerciantes, prostitutas y raspachines ocasionales. Hombres, mujeres y niños se embarcaron en lo que pudieron y cogieron río Caguán arriba, hacia Cartagena del Chairá y San Vicente del Caguán.

Así lo recuerda Rafael en un hogar de paso en Bogotá, donde lleva 34 meses como desplazado. “La guerrilla nos gritaba que venía el Ejército y nos iban a matar a todos o nos iban a capturar por negociar con coca. Todo quedó allá”.

‘Puro delirio’ Él, su mujer y sus cuatro hijos se encontraron con otra realidad. Pasaron de negociar hasta una libra de arroz con base de coca y tener televisor de pantalla plana, antena satelital y pantalones de hasta 300 mil pesos, a dormir en un hogar comunitario y vestirse con solo dos mudas de ropa.

“Todo quedó en la casa. Nos dicen que hubo unos saqueos, pero en mi casa como que todavía está todo tal cual lo dejamos”, señala con tristeza.

Como la casa de Rafael están todas las del pueblo. A través de las ventanas se ve la maleza creciendo en las salas y los solares.

Las discotecas que manejaban hasta 30 millones de pesos de producido en un fin de semana, aún tienen las botellas de cerveza tiradas en el piso. El tiempo y la lluvia también han hecho de las suyas.

Los únicos que se pasean por las calles son los soldados de la Brigada Móvil 22 que entraron en ese abril del 2004 con el Plan Patriota.

Hasta las casas de ‘Fabián Ramírez’ y la extraditada ‘Sonia’ están desmontadas. Y sobre la coca que supuestamente quedó enterrada en el suelo de Peñas Coloradas, Rafael dice que “es puro delirio”, porque todos botaron el polvo blanco al río Caguán antes de irse. “Si no era para nosotros, no era para nadie”, asegura.

Pero él cree que algún día retornará a su pueblo. “Si no lo hemos hecho es porque nos da miedo de que la guerrilla nos mate y dicen que el Ejército no se va a salir de ahí y eso nos convierte en un objetivo militar”, señala.

Precisamente, el pasado 27 de junio una comisión encabezada por la Asociación de Desplazados de Peñas Coloradas volvió al caserío para planear el retorno, pero hasta ahora no se ha hecho efectivo.

Sobre lo que había en el pueblo y supuestamente ya no lo hay, el Ejército asegura que a su llegada no hubo un inventario y los primeros en entrar a Peñas fueron los hombres del grupo Jungla de la Policía.

La misma situación se vive en La Unión Peneya, un caserío de La Montañita, que queda al otro lado del Caguán. La advertencia de las Farc llegó el 31 de diciembre del 2003 y para el 4 de enero solo quedaban 10 familias de los 2.300 habitantes que había.

Retorno inseguro Pero el caso de este pueblo ha sido más dramático aún. Doña Gloria Villalba, quien consiguió educar a sus hijos con el producto de la coca, cuenta que han intentado en tres oportunidades regresar a La Unión. Las Farc les han advertido a través de milicianos que el que vuelva, se muere.

En algunas casas aún se mantienen los adornos navideños de ese 2003 y otras viviendas fueron saqueadas y literalmente agujereadas por los guaqueros que buscaban coca y dólares enterrados.

Para la ONU y la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes), los planes de retorno en estos dos pueblos y otras zonas del país no son tan seguros por las condiciones de orden público y la situación económica.

Mientras tanto, Peñas Coloradas y La Unión Peneya seguirán desocupados y a la espera de sus dueños.

4.800 fueron las personas que tuvieron que dejar sus pertenencias abandonadas en los caseríos de La Unión Peneya y Peñas Coloradas en el Caquetá, entre enero y abril del 2004 por la presión de los guerrilleros de las Farc, ante la llegada de las tropas del Plan Patriota.

Despierta con las noticias más importantes.Inscríbete a nuestro Boletín del día.

INSCRIBIRSE

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.