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¿Y qué hay de malo en eso?

¿Y qué hay de malo en eso?

¿Qué hay de malo en darnos placer nosotras mismas? Claro, como el hombre ha tenido que exaltar su virilidad para garantizar su descendencia esto le ha permitido a lo largo de la historia ejercer su sexualidad de una forma más libre y satisfactoria.

Las mujeres, mientras tanto, hemos sido receptoras pasivas no solo de los cortejos y de las prácticas sexuales, sino también de falsas creencias y tabúes que condenaron nuestra sexualidad hasta restringirla únicamente a la reproducción. ¿Qué tal? Se desacreditó tanto el placer corporal, que hubo épocas en las que solo se nos permitía el goce del espíritu.

Imagínense que por allá en 1903 un médico francés de apellido Caufeynon difundió un ensayo que hizo tránsito hasta bien entrado el siglo XX, que aseguraba que las mujeres que tocaban sus genitales podrían sufrir de histeria, catalepsia, parálisis, dolores inexplicables, vértigo, náuseas, insomnio, ceguera y trastornos mentales hasta quedar dementes. ¿Así quién se atrevía? Nadie, porque además quien lo intentaba solía recibir castigos severos.

Pero no crean, que si bien las recomendaciones del doctorcito parecen risibles, porque hoy la sexualidad es aceptada como una necesidad más del organismo, la vivencia del disfrute en muchos casos continúa contaminada con sentimientos de culpa y vergüenza, que se manifiestan principalmente en las prácticas sexuales sin pareja, mejor dicho en la autoestimulación.

Digámoslo ya: la masturbación es una alternativa válida para disfrutar la sexualidad, bien en pareja o en solitario, y no es otra cosa que la estimulación directa o indirecta de las zonas erógenas, con el objetivo de obtener o proporcionar placer. Punto.

No hay nada de qué avergonzarse ni de qué sentirse culpable. Es algo natural que forma parte de nuestras vidas, como reír o llorar, y con el perdón de los lectores dominicales, es sano, grato, relajante y divertido.

Tan normal es que las cifras más prudentes calculan que entre el 70 y el 80 por ciento de las mujeres tenemos esta práctica. Por supuesto en íntimo secreto, tal como debe ser. A quién más le importa. ¿Qué necesidad tenemos de divulgar un hecho tan personal? Ninguna, ni siquiera para inflar estadísticas, menos para alardear. En eso también nos diferenciamos de los hombres. El asunto está en hacerlo sin ningún tipo de temor, eso sí sin transgredir nuestros propios principios.

¿Sobre la técnica? No hay técnica. Hay que erotizar la mente y usar la imaginación. A medida que nos exploramos y nos conocemos encontramos lo mejor hasta sentirnos cómodas. Seguro que entre más opciones tengamos de disfrutar solas, mayor será la posibilidad de hacerlo en compañía. Por supuesto, esto llega cuando nuestros pensamientos atávicos se van y nos liberamos de culpas.

Pues bien, si lo deseamos hay muchas razones para autosatisfacernos aunque luego no se lo contemos a nadie.

Total, cuando lo hacemos solo estamos viendo por nosotras mismas. ¿Hay algo de malo en eso? estherbalac@yahoo.es .

¿Sobre la técnica? "No hay técnica. Hay que erotizar la mente y usar la imaginación”.

Esther Balac.

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