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Un Botero en Naúca (Chocó)

Un Botero en Naúca (Chocó)

He querido hacer un ejercicio de imaginación, a la luz de aquella promesa que nos hicieron: cualquier colombiano podrá tener un cuadro de Botero en su casa. Y a la luz de la polémica que suscitó la mecánica del premio. Naúca es una pequeñísima población colombiana que está en Chocó. En el alto río Baudó. Para llegar a Naúca es necesario primero llegar a Quibdó. Si usted tiene para el pasaje en avión, la cosa resulta fácil. Pero si va de bus, como la gran mayoría de los colombianos haría, debe atravesar la Cordillera Occidental por Risaralda. Digo la carretera, aunque sea un eufemismo, porque aquello podría parecer una de esas trochas que llevaron a Arturo Cova hasta Villavicencio. Y si es invierno, la desventura es inevitable: porque es selva y es pantano y es difícil y son lomas y se corre además con el riesgo de que salga la guerrilla.

Pero digamos que usted llega a Quibdó de cualquier manera. En ese estado tendrá que descansar un poco antes de enfrentar la segunda parte del camino que inevitablemente será en bus, o en jeep, o en lo que sea que lo lleve hasta la ribera del río Baudó. Y después se tendrá que buscar la manera de remontar el río hasta Naúca. Casi siempre el viaje es en una canoa pequeña en donde usted tendrá que “echar canalete” como todos. Siete horas después de remar estará en Naúca. Allí hay tiendas también. Y venden cerveza.

Imaginemos por un momento que la tapa premiada con el cuadro de Botero salió en Naúca. Y que la persona a cargo del premio en Bogotá se entera. No se sabe cómo se entera, pero se entera. Y entonces, el próspero ejecutivo, con una mueca desencajada, se preguntará ¿dónde carajos queda Naúca? Acto seguido llegará un comité asesor con mapas detallados de la zona y le mostrará el sitio exacto: longitud 77 grados un minuto oeste, latitud cinco grados, y treinta y cinco norte. Entonces comenzará una lluvia de ideas para desembarazar al pobre hombre de semejante lío geográfico. Al cabo de tres horas tendrán la ruta que acabo de nombrar.

El dilema grande se centrará en ¿cómo rayos llevamos el cuadro de Botero hasta Naúca? Porque también tendrá que desplazarse una nube de ejecutivos prósperos y fotógrafos y, de pronto, una cámara de televisión, para darle cuenta a Colombia de que sí era verdad, que cumplieron, y que un colombiano de una región apartadísima de todo bienestar se ha ganado el Botero. Así que después de varias reuniones deciden traer a la persona de Naúca hasta Bogotá.

Y en tremenda ceremonia televisada por todos los medios harán entrega del cuadro de Botero a la señora Luz Palacios, por ejemplo. Y la mandarán en avión hasta Quibdó. Todo esto ocurrirá en una semana, aproximadamente.

Mágicamente tenemos a una señora en la mitad de Quibdó, buscando transporte para el Baudó, con un cuadro de Fernando Botero en la mano. Mágicamente estará viajando por el río Baudó con un cuadro de Botero en la canoa. Y mágicamente emparedará un enorme clavo que trajo desde Quibdó (porque en Naúca no hay ferreterías y no sobran los clavos) y colgará por fin el premio gordo. Y claro que todos los aldeanos tendrán que ver con el cuadro. Durante un mes habrá romerías de visitantes, provenientes de veredas y corregimientos cercanos, para ver el cuadro.

En Naúca la humedad podría alcanzar el 90 por ciento: es selva chocoana, húmeda: clima que provocó más de una muerte europea, en tiempos de la construcción del canal de Panamá. Así que al cabo de un mes, la gorda tendrá su primer hongo. En una mano, digamos que en una mano. Y doña Luz pensará en todas las recomendaciones que le hicieron los expertos museógrafos y curadores en Bogotá. Y pensará en venderlo cuando ya es tarde.

Mientras tanto, la romería de curiosos seguirá viniendo, y doña Luz cobrará la entrada para entonces. Porque todos quieren ver al único ser bien alimentado de la región: el que está pintado en la pared.

cristianvalencia@yahoo.co

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