CIEN DÍAS DE INCERTIDUMBRE

CIEN DÍAS DE INCERTIDUMBRE

Es el tercer ensayo del día. Ni la lluvia del páramo, que produce un ruido ensordecedor al chocar contra la carpa, desanima a medio centenar de niños paeces que en lengua nativa cantan a todo pulmón el himno nacional, mientras las goteras se filtran por el techo de esta escuela improvisada. En esta carpa del albergue de Mosoco, en el nororiente del Cauca, cada vez que llueve hasta los santos se emparaman. Aquí, junto a los pupitres y tableros, permanecen hacinados desde el sismo del pasado 6 de junio los damnificados de la parroquia: una virgen María sin manos, un ángel con las alas agrietadas y otros cinco santos incompletos.

16 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Los niños continúan ensayando, pues no quieren embarrarla durante el recibimiento a Gustavo Wilches Cháux, director de la Corporación Nasa Kiwe para la reconstrucción de la cuenca del río Páez, quien por primera vez los visita, pasados más de cien días del terremoto y la avalancha que provocó muertes -todavía no se sabe cuántas- y la destrucción de una docena de pueblos asentados en la cordillera entre Cauca y Huila.

Esta visita es una especie de privilegio para estos damnificados que no conocen siquiera a quien le llueven ahora las críticas. Desde Belalcázar, la cabecera municipal, hasta el Nevado del Huila, las quejas son similares.\ Wilches dice que es imposible estar en todos los lugares en un área que comprende 10.000 kilómetros cuadrados y 15 municipios de dos departamentos con problemáticas diferentes de los guambianos, paeces, mestizos y habitantes urbanos. Además, hay que recordarle a todas las instituciones y a la gente que la emergencia no ha terminado .

Ayuno colectivo Hasta al padre Mario García, quien fue rescatado de la primera bocanada de barro en Irlanda, ese 6 de junio, y se convirtió durante dos días amargos en el soporte de un centenar de sobrevivientes en el filo de una pendiente, piensa que todo va muy lento.

El país no lo supo, pero durante un mes y medio no hubo alimentos para los albergues de La Plata, Tálaga y Taravira, donde permanecen cerca de tres mil damnificados. Algunos desalojaron los albergues y empezaron a regresar en busca de sus pueblos destruidos.

Por el pedazo de calle que quedó de Tóez se encuentran más de diez familias que vencieron el miedo de tener cerca al río y al volcán nevado del Huila. Susana Calambaz, una mujer paez, se vino desde Popayán donde terminó sindicada de quererse robar tres ollas plásticas. A mí me acusaron de ladrona mientras que un uniformado de apellido Ortiz y un joven de nombre Juan Carlos, al amanecer, sacaban cosas del Liceo, en taxis amarillos. Por ahora, de aquí no vuelvo a salir . Lo mismo piensan 1.200 personas en Vitoncó y Montecruz de Vitoncó, donde estaban los sitios sagrados de los paeces.

Una denuncia Aunque los rumores de robos en los depósitos de ayudas en Popayán no son nada nuevo, sólo hay una denuncia concreta que investigan la Defensoría del Pueblo y la Fiscalía en esa ciudad. Lo cierto es que la mayor parte de los damnificados no ha visto por ninguna parte carpas, plantas eléctricas, ropas y otras donaciones.

No hay correo y solo funcionan dos precarios canales telefónicos. La carretera de emergencia a La Plata (Huila), mientras se cumplen estudios para una definitiva, tuvo tropiezos como la triple caída del puente de Cohetando y un buldózer permaneció varado durante más de un mes por falta de un repuesto.

La esperanza está en un convenio comunitario para reparar 31 puentes peatonales, 20 caminos de pico y pala e instalar 16 tarabitas en sitios estratégicos-cuerdas para cruzar el río, prendido a una balinera-, con una inversión de 800 millones de pesos. También se otorgó un presupuesto adicional de 15.000 millones de pesos al Instituto Nacional de Vías.

Para llegar de Belalcázar a las faldas del Nevado del Huila se requieren siete horas de tortuoso camino y tarabitas. Nadie se atreve a cruzarlo por las aguas, pues ya no es el amigo que antes era. Cerca del Nevado, un cementerio de barro seco cubre a Irlanda. Entre las cruces hay unas cuantas amapolas.

Y las elecciones A la Alcaldía de Belalcázar, un municipio cuyo destino es incierto, hay tres aspirantes que prometen poner en orden el asunto. Los 400 damnificados que están en La Plata también han recibido la visita de políticos.

Reconstruir a Páez tiene un futuro incierto. Ni siquiera es fácil poner de acuerdo a los mismos damnificados por sus diferencias ancestrales. Por ejemplo, los indígenas de la mesa de Tálaga (parte alta) son evangélicos y tienen costumbres distintas a los mestizos de abajo que son católicos. Lo único que tienen en común es su apego a la tierra.

Wilches lo sabe y dice que se está trabajando sin descanso. Es que estar cuatro meses en albergues o campamentos deben ser como cuatro siglos .

Lo disperso de los esfuerzos es también una traba , dice Francisco Quintero, director de El Ciudadano, el periódico de Belalcázar y dirigente local. Nasa Kiwe opera en Popayán, desde La Plata se envían las ayudas, Belalcázar es el punto de referencia de la comunidad y hay cientos de personas que están volviendo al cañón del Páez y otros que nunca salieron .

Uno de ellos, Guillermo Pete, un indígena que perdió a su esposa y sus seis hijos y que saluda desde el portal de su casa de bahareque en Yanobuco, dice que me devolví a trabajar en los cultivos porque es lo único que me queda .

Ronda de muertes Cuando Mercedes Silva, de 67 años, murió bajo una carpa blanca del albergue de Novirao, en cercanías de Popayán, algunos indígenas dijeron que la mujer murió de tanto pensar en la tierra que dejó .

Otros hablaron de falta de atención médica, mientras que el Servicio de Salud del Cauca informó que fue una hernia inguinal estrangulada. Lo cierto es que esta y otras ocho muertes más precipitaron la decisión de asignar a este sitio dos médicos permanentes, dijo Evangelista Capaz, gobernador suplente del Cabildo de Wila.

Ellos, junto a una promotora y tres practicantes de enfermería, están encargados de la salud de los 2.155 indígenas que habitan Novirao, el más grande de los albergues de la región. Pero entre Mosoco, Escalereta, Vitoncó y Botatierra solo hay un médico que debe movilizarse constantemente por trochas y tarabitas y atender a unas 3.000 personas.

José María Pete, miembro del cabildo del Albergue de Miraflores, dijo que a ese sitio llega un médico cada 15 días. La semana pasada ocurrió un brote de escabiosis o salpullido en la piel que afectó a unos 17 niños y 22 adultos. Todo se controló y el médico, ante la situación, prometió regresar en corto tiempo: una semana.

Aunque Corpopáez informó que no tiene reportes comprobados de muertes en Escalereta, Humberto Rocha, promotor de Salud del albergue, dijo que en agosto murieron Feliciano Ulcuene, de 56 años; Reyes Guegia, de 70; Fidelina Tenorio, de 48; María Lectamo, 52; N.N. Yonda, 58, y una niña de 12 años identificada con el apellido Lequipo.

Según Corpopáez, para evitar estas situaciones se buscará garantizar durante 24 horas el transporte inmediato de pacientes a los centros hospitalarios más cercanos y el fortalecimiento de la atención en la zona con 15 médicos.

A los problemas de salud originados por el hacinamiento se suma la inclemencia del invierno que apenas se inicia.

Gustavo Wilches Cháux, director de Corpopáez, dice que antes de la tragedia la comunidad de los paeces registraba uno de los índices más altos de morbilidad en el país por enfermedades, pues en 1993 se presentaron 25 muertes por diarrea, cinco por afecciones respiratorias, siete por tumores malignos y siete por tuberculosis.

El traslado, en negociación Lo que más enferma a los paeces es no poder hacer nada. Los damnificados se sienten inútiles y presos en los campamentos.

Las escuelas se improvisan aquí. En El Tahúr, un establecimiento público de Belalcázar, funciona una escuela, mientras que los niños de la vereda de Tálaga reciben clases en una meseta.

Para fines de octubre está planeado el traslado de los damnificados de Novirao a la zona de Rionegro, entre Huila y Cauca, en donde se están avaluando 1.400 hectáreas para asentar a las familias. Este traslado está en negociación, pues según los líderes de Novirao, ellos esperaban unas 4.000 hectáreas de terreno para su reubicación.

También se están estudiando opciones para reubicar a las comunidades de los albergues de Miraflores, La Selva, Bodega Alta, El Hato, Llanito, Escalereta y EL Chero. Para la compra de terrenos están destinados 4.200 millones de pesos.

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