NIÑOS JUEGAN A SER COQUEROS

NIÑOS JUEGAN A SER COQUEROS

En un patio de la vereda La Libertad -en Orito, Putumayo- tres niños mezclan hojas de mirto, una planta ornamental, con agua, harina, café y un poco de barro, en un recipiente que alguna vez almacenó un producto agroquímico. Juegan a procesar coca. A pocos metros, otro grupo de infantes, con palos pequeños que simulan las armas, se dividen en dos bandos para ir a la guerra. Ninguno quiere el papel de policía, todos quieren ser guerrilleros.

16 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Cada tres o cuatro meses, durante dos semanas, estos niños tienen vacaciones escolares. Es época de cosecha. Los cocales están en plena producción y ejércitos de trabajadores, incluidos mujeres y niños, se dedican a recolectar la hoja de la que muy pronto se extraerá el oro blanco del Putumayo .

Allí se mezclan indígenas y una gran variedad de colonos provenientes de todas partes del país. Aventureros. gente que escapa de la violencia en otras regiones, personas que encuentran en una zona abandonada el mejor refugio para escapar de las cuentas pendientes que tienen con la justicia, todos con la ilusión de desmontar unas cuantas hectáreas de bosque tropical para sembrar cocoroco .

Más del 50 por ciento de los habitantes del sur de este departamento vive en el área rural, y en los municipios de Puerto Asís, Orito y el Valle del Guamués la mayoría depende del cultivo ilícito de coca.

Son áreas donde no se encuentra un agente de la policía en cien kilómetros a la redonda y donde los únicos funcionarios que representan la ley o dan fe, por lo menos, de la existencia de un Estado, no tienen más alternativa que aceptar la realidad y en muchos casos, formar parte de ella.

Héctor Rubio* es profesor en una vereda de Orito y es coquero. Su salario como maestro es de 150.000 pesos y casi siempre le llega con tres y cuatro meses de retraso. Mientras tanto, una hectárea en plena producción le deja un millón de pesos. A duras penas alcanza para vivir y para darle de comer a otras familias , dice.

Sin adictos Edgar Moscoso es un paisa que un día llegó a San Miguel, en límites con Ecuador, a montar una discoteca y fracasó. Decidió entonces irse a La Hormiga, municipio vecino de Orito, a vender casetes, pero descubrió que el gran negocio era vender plátanos, un producto del cual los campesinos podrían autoabastecerse en la región, pero que no cultivan porque no es rentable.

Moscoso es hoy el inspector de Policía de Jardines de Sucumbíos. Su única arma es un machete y admite que los conflictos los arregla la guerrilla .

Aquí por ejemplo no hay viciosos. Cuando la guerrilla descubre a algún adicto, le llama la atención la primera vez; a la segunda, se tiene que ir o se muere , explica el inspector.

Los medianos y grandes cultivadores tienen que pagar gramaje a la guerilla. Si poseen más de cinco hectáreas, seguro aparecen en la lista, de la cual también forman parte las decenas de comisionistas que cada fin de semana llegan a la zona a comprar el producto.

A los subversivos nadie los ve, pero están en todas partes y son ellos los que imponen la ley por aquí , afirma un campesino.

Otro coquero asegura que la Fuerza Pública quedó condenada a quedarse en las cabeceras de los municipios, porque está comprobado que en el monte no son más que carne de cañón para los guerrilleros, por eso les tocó irse de las baterías de Ecopetrol , anota.

Y en últimas -agrega- es mejor que nadie del Gobierno venga a j... por aquí. Estamos seguros que ninguno puede darnos lo que nos da la coca .\ Según el Inspector, la gente quisiera no estar al margen de la ley, dedicarse a otras actividades, pero es que en realidad los campesinos no tienen otra alternativa. De no ser así, su pobreza sería mayor .

Las cifras Con una cosecha de más de cinco hectáreas ganan entre dos y tres millones de pesos. Los que no tienen sus propios cultivos trabajan en las grandes plantaciones, selva adentro, donde les dan la comida y les pagan 1.500 pesos por arroba recolectada, cantidad que puede representar de 6.000 a 18.000 pesos diarios.

Por aquí casi todos cultivamos entre una y tres hectáreas y la producción apenas deja para calmar el hambre , dice un campesino nariñense que un día abandonó su región y se radicó en la Inspección de Policía de Siberia, también en Orito.

Este hombre tiene su propia cocina , un rústico laboratorio hecho en madera y cubierto con teja de zinc, medio camuflado en el bosque secundario a pocos metros de su casa.

Muchas veces los comisionistas , compradores de base de coca, van hasta las fincas a comprar el producto. Les pagan en efectivo. Nadie sabe como llega tanto dinero a la zona.

En la región conocida como Piñuña, en jurisdicción de Puerto Asís, a tres horas de navegación por el río Putumayo, se mueven semanalmente mil millones de pesos, admiten las propias autoridades.

En esa zona proliferan más los cultivos de tipo industrial controlados directamente por los mágicos o narcotraficantes y los campesinos trabajan por un jornal.

Remesa y diversión Pero la mayoría de veces los campesinos van el sábado al pueblo a a vender la base de coca, tiempo que además aprovechan para comprar su remesa o mercado semanal y a divertirse.

Preparan una lista donde incluyen, además de los productos básicos, unos cuatro o cinco bultos de cemento, varios galones de gasolina y la más variada gama de químicos para cuidar de los cultivos por medio de la fumigación o abonando la tierra. Cemento y gasolina son fundamentales para procesar base de coca.

La mayoría de familias tiene moto o bicicleta todoterreno para transitar por las vías deterioradas y poder llegar a los cultivos y laboratorios, aunque utilizan el jabón de lavar ropa para su aseo personal y el papel higiénico no forma parte de la canasta familiar.

En esas poblaciones tienen un gran mercado las fumigadoras (antes de cada cosecha se efectúan tres aspersiones) las guadañas, que normalmente se utilizan para cortar el césped y los campesinos las utilizan para picar la hoja de coca (en Puerto Asís, por ejemplo, se venden un promedio de mil al mes).\ La Hormiga es la cabecera del municipio del Valle del Guamués. Está al sur de Orito, y se considera el gran centro de acopio de la actividad de la coca en el Putumayo.

Allí salen los campesinos con la merca , base de coca, que dependiendo de su presentación - sucia o lavada según la etapa del proceso en que se encuentra-venden entre 500 mil y 900 mil pesos el kilo.

La Hormiga, que tiene una actividad comercial similar a la que hay en Puerto Asís y Orito, es el centro de diversión de los cultivadores. Antes de regresar a su rutinaria actividad ilícita, se toman unos tragos y visitan prostitutas.\ * Este nombre es ficticio.

Logros del desarrollo alternativo Oficialmente la Policía Nacional reconoce la existencia de 4.100 hectáreas de coca en el departamento del Putumayo.

La secretaría de Agricultura asegura que son 45.000. Censos realizados por entidades oficiales, de carácter regional y local que actúan en la zona hablan de aproximadamente 40.000 hectáreas.

En Puerto Asís el propio alcalde afirma que el área cultivada es de 15.000 hectáreas.

Pese a la imprecisión respecto de las cifras, en la región existe ya un terreno abonado para poner el marcha el Programa de Desarrollo Alternativo, PDA, lanzado esta semana por el Gobierno Nacional.

Se trata de la labor que en los últimos tres años ha venido cumpliendo el Proyecto de Desarrollo Alternativo en el piedemonte del Putumayo, que forma parte del convenio suscrito entre Colombia y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El proyecto ha permitido erradicar hasta el momento 315 hectáreas y se aspira el próximo año a sustituir 300 hectáreas más.

Un total de 1.254 familias se han beneficiado del proyecto en los municipios de Puerto Asís, Puerto Caicedo, Orito y el Valle del Guamués.

En actividades pecuarias -avicultura, piscicultura, porcicultura- se ha comprometido a 472 familias.

Todas las familias involucradas en el proyecto han sustituido cultivos de coca con otras actividades agrícolas (caucho, chontaduro, caña, huertos de alimentación animal y humana, instalación de viveros).

De estas alternativas se destacan los proyectos del caucho, con más de 220 hectáreas sembrada y de chontaduro para explotación del palmito.

Precisamente para los próximos meses se tiene previsto el montaje de una planta que permitirá enlatar para exportación el palmito del Putumayo.

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