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LA ETA SE ESTARÍA MURIENDO

LA ETA SE ESTARÍA MURIENDO

No sólo por lo que está sucediendo en Irlanda, donde el IRA prácticamente ha desaparecido, sino porque el 81 por ciento de los vascos no justifica para nada los atentados de la ETA, y sólo el uno por ciento cree que esa organización representa a la mayoría de los vascos, es muy probable que la violencia política en el país vasco esté a punto de terminar. Mientras las tropas de la Guardia Civil desfilaban en presencia del Rey por la Plaza Cibeles de Madrid, en el Día de la Hispanidad, los entusiastas seguidores de Horri Batasuna -el partido que ha sido calificado como el ala política de la ETA-, recorría con banderas multicolores las calles de San Sebastián pidiendo la retirada definitiva del país vasco de esa Guardia Civil que desde la dictadura franquista es para ellos un símbolo más de la eliminación completa de la identidad vasca y la imposición por la fuerza de una identidad española .

Aunque casi todos los partidos políticos que toman parte en las elecciones al parlamento vasco están de acuerdo en que la violencia sólo se supera a través del diálogo no excluyente y la participación de los movimientos sociales, el problema real es que la convivencia no está resuelta, porque así la ETA no existiese el conflicto político entre el pueblo vasco y el estado español se mantendría porque este último no ha reconocido a Euskal Horria sus derechos como pueblo soberano.

El lío que se va La violencia ya no tiene asiento popular en el país vasco. El 48 por ciento de esta sociedad en constante progreso entiende que hoy día la ETA recibe muchísimo menos apoyo que hace unos años; que ella desaparecerá gracias a un acuerdo con el gobierno (39 por ciento) y, por qué no, a través del cese voluntario de sus actividades (21 por ciento).

Por ejemplo, los comunistas de Izquierda Unida (IU) piensan que no existe justificación alguna para el ejercicio de la violencia terrorista . Y, por su parte, el derechista Partido Popular (PP), aspira a erradicar la intolerancia y el fanatismo, cuyo máxima expresión es el terrorismo de ETA , negándose, por lo pronto, a entablar negociaciones puesto que los demócratas tienen que dejar claro que no es posible obtener objetivo pol siempre su integridad e independencia; pacifista y devoto a más no poder, puesto que allí nacieron San Ignacio de Loyola, Francisco de Vitoria, San Francisco Javier, el pueblo vasco considera que una solución verdadera y justa vendrá a través de la libre determinación .

Hasta el punto que han llegado a pensar en un modelo de organización política estatal más idóneo: el federal; sin promover, por lo pronto, rupturas basadas en la completa independencia estatal de Euskadi.

El cascabel del gato Cuáles serían los pasos para encontrar una salida digna para todos los antagonistas? 1.- El reencuentro: los vascos han venido trabajando intensamente en crear una fuerte base social que le dé soporte y sentido a los acuerdos políticos con los que podría remacharse una negociación.

Teniendo siempre como referente la reconciliación, las fuerzas populares se reunieron a lo largo del año pasado en la población de Maroño para buscar fórmulas de superación del conflicto armado y empujar a la clase política para que orientara sus esfuerzos en la misma dirección.

Al parecer, el escenario más propicio para que el diálogo continuase sería el propio parlamento vasco, donde todas las fuerzas tienen representantes.

2.- La tregua: a través de un paciente y discreto trabajo de persuasión, confianza y serena reflexión, algunos sectores han sugerido que, para desempantanar el proceso de paz, sea la ETA la que dé el primer paso si tiene el coraje de iniciar una tregua y así proseguir con el diálogo y la cooperación .

3.- Posnacionalismo y reconciliación: luego de la tregua podrían desarrollar el diálogo. Con lo cual se podría pensar un referendo, una etapa de culminación , en la que la sociedad será la encargada de refrendar el proceso de transformación y ser garante de su desarrollo .

Tal como lo prevé el Partido Socialista, es posible llegar a desarrollar una cultura autonomista y posnacionalista, es decir, la cultura política capaz de cohesionar a la sociedad vasca en torno a valores como la tolerancia, pluralismo, democracia, participación y solidaridad .

Cultura de la que no sólo deberá imbuirse la ETA, sino el propio Estado que enfrenta hoy tremendas acusaciones por violación de derechos humanos, sobre todo, en lo referente a la política de reinserción, la legislación antiterrorista y la dispersión de 600 presos que han sido alejados de sus 3 mil familiares y de sus, por lo menos, 25 mil amigos.

Es lo que el mundo espera de los vascos. Que, conscientes de su papel en la historia, dirijan ahora su energía solidaria que los ha caracterizado siempre hacia la cooperación, para solucionar los graves problemas globales planteados hoy por la miseria, el hambre y el genocidio.

* Politólogo, director de la maestría en Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana

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