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Una mañana

Una mañana

El 11 de septiembre de 1973 yo estaba en segundo de bachillerato. De repente, alguien llegó a llamarnos a una reunión urgente en el teatro del colegio, el entrañable teatro José Fernández Madrid, hoy convertido en su biblioteca principal.

Los grandes se sentaban adelante, y luego se descendía de curso hasta que los más pequeños quedábamos en las últimas bancas. O las primeras según se entraba. Ahora que lo pienso nunca entendí porque no era al revés. Lo cierto es que por entre las cabezas de los grandes, me di cuenta de la figura pequeña de Don Agustín Nieto Caballero, quien subía con dificultad al escenario. Una vez allí, con su voz frágil pero increíblemente dulce, nos explicó lo que acababa de pasar en Chile. Estaba desolado. Señaló los horrores de un golpe militar, y que jamás las naturales imperfecciones de la democracia, justificaban la sangre derramada y el fuego disparado. Todo lo contrario. Había que insistir en ella justamente por eso mismo. Socialmente.

Y en eso, el presidente Salvador Allende quien había sido elegido a través del sufragio universal, era víctima de la ignominia y el despotismo, y ni Chile, ni ningún país, merecían semejante suerte. Recordó nuestra propia dictadura. Veinte años atrás. Y cuál fue entonces la posición del colegio.

Lo recuerdo ahora. Con exactitud. Fueron sus palabras. Se me quedaron grabadas para siempre.

Después habló de su vida en Chile. De cuando fue embajador. De su amistad con Gabriela Mistral. De la hospitalidad y la valía infinitas del pueblo chileno. Habló de la posición de su colegio, que era, al fin de cuentas, su propia posición. Yo era un niño. Pero gracias a esa mañana aciaga en que las nubes cubrían el cielo chileno, entendí muchas de las cosas para las cuales me estaban educando. Entendí además, que cualquiera que fuera mi destino como ciudadano, los valores de la libertad y la democracia eran inexorables.

Sé que algunos amigos ex alumnos encuentran inadecuado que, a veces, escriba de asuntos políticos en esta columna de opinión. Tal vez tengan razón. Sé también que muchos no estuvieron de acuerdo cuando estuve en el Caguán en el marco de las audiencias públicas del entonces proceso de paz de la administración Pastrana, y en donde las Farc no permitieron que acabara mi discurso. O en otras ocasiones. Repito, tal vez tengan razón. Pero también es importante recordarles, que un proyecto educativo en general, y uno como el nuestro en particular, es a su modo, un proyecto político en el sentido más griego de la palabra. Alejado de las luchas partidistas sí. Jamás sin pecar de irrespetuoso o arbitrario haría una recomendación electoral en ningún sentido. Pero no porque ello deba ser así, se pueden dejar de expresar las convicciones más amadas y profundas que uno aprendió en las aulas que ahora dirige. En los términos de mi maestro Platón, del que aún, aunque quisiéndolo, no he podido desprenderme. Un colegio jamás debe alejarse de las complejidades de la sociedad. De su transcurso. De luchar porque sus estudiantes encuentren su papel en el mundo en una sociedad políticamente constituida. En mi caso, esa mañana tan lejana como dolorosa, me lo habría de señalar.

Rector Gimnasio Moderno .

"Un colegio jamás debe alejarse de las complejidades de la sociedad”.

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