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Pinochet: legado negro

Pinochet: legado negro

La ‘ideología’ pinochetista descansa en una sola base: la violencia. Al enemigo no se le persuade, se le aniquila. El asesinato, la tortura, la desa-parición, el latrocinio fueron, por eso, sus herramientas favoritas para cumplir con el ‘mandato divino’ de borrar de la tierra tanto al sistema comunista como todo aquel que estuviera salpicado de marxismo. El dictador vivió y murió creyéndose el mecías enviado por la providencia para cumplir tan terrible encargo.

Su plataforma, si así puede llamarse, se redujo a un sartal de frases brutalmente afirmadas, sin tapujos, ni medias tintas y a veces hasta con cierto humor negro, cuya traducción en crueles realidades no se hacían esperar. Repacemos algunas de ellas: “Yo no conozco eso de los Derechos Humanos. ¿Qué es eso?”.

Cuando le dijeron, “hay una tumba con dos cadáveres” (contestó): “qué economía más grande… felicito a los que están encontrando cadáveres”, era un lugar de cadáveres.

“El demonio es manejado por Moscú”.

“Contreras no es un bandido… fue un hombre que actuó en defensa del país”.

“Hay que torturarlos porque de otra manera no cantan”.

“En Chile no se mueve una hoja sin que yo lo sepa”.

“El gobierno no tiene nada que ver con el asunto Letelier”.

“El día que me toquen a uno de mis hombres se acabó el Estado de Derecho”.

“Llevaron a esa institución (refiriéndose al ejército Alemán) a convertirse en un grupo de marihuaneros, o sea melenudos, homosexuales y sindicalistas”.

“Sobre el dramático informe Retting pasó el tiempo y hemos tenido un documento de un señor de cuyo nombre no me acuerdo”.

En ‘Las enseñanzas del caso Pinochet’ el ilustre doctrinante español Gregorio Peces-Barba, coautor de la actual Constitución de su país, señala con toda autoridad cinco consecuencias mayúsculas a partir del encarcelamiento del dictador en Londres (1998), a saber: 1. El fortalecimiento de las tesis progresistas que encarnan los derechos Humanos al fijar, jurídicamente, su protección universal. Ni la razón de Estado, ni la llamada jurisdicción doméstica de los Estados son ya protección suficiente para los gobernantes que los violen a través del genocidio, el terrorismo, las torturas, etc., etc.

2. Los jueces y tribunales nacionales cumplirán, hacia delante, una función subsidiaria en el sentido de estar prioritariamente al servicio de la comunidad internacional, como garantía de derechos no negociables como la vida y la integridad física y moral.

3. Las acciones tanto del juez instructor Baltasar Garzón como de la Audiencia Nacional han sido impecables, nítidas y legítimas… los hechos acotados en la petición existen serios indicios de reparticipación de Pinochet en los cargos objetos del proceso.

4. La razón de Estado, se convierte en virus cuando cede el paso a la pasión de Estado, tal como le sucediera a la señora Thatcher.

5. La histórica lección recibida por el mundo civilizado de parte de los familiares de las víctimas consiste, en palabras del mismo profesor Peces-Barba, en defender su limpia memoria y reindicar el castigo de sus verdugos, en demostrar la falacia repetida por la señora Thatcher, de que Pinochet había librado a Occidente del peligro comunista.

En síntesis, Pinochet ciñó sus acciones de gobernante al principio inquisitorial mediante el cual para reinar hay que eliminar. La razón de Estado fue su diario recurso durante los 17 años en los que instauró un imperio del miedo encargado de silenciar a la inteligencia en todas y cada una de sus manifestaciones. De manera excluyente sólo le concedió espacios de realización a quienes le temían -llamárense subalternos, testaferros, espías, informantes, torturadores- y, de modo muy peculiar, a un puñado de pensadores de extrema derecha comprometidos en armarle una ideología presentable frente a la Comunidad Internacional. .

Ex ministro delegatario y ex embajador en E.U.

"Pinochet ciñó sus acciones de gobernante al principio inquisitorial mediante el cual para reinar hay que eliminar”.

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