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LOS PECES QUE NO MUEREN, MATAN

LOS PECES QUE NO MUEREN, MATAN

Treinta años de vertimiento de agroquímicos en la Sierra Nevada de Santa Marta y en la Zona Bananera, por donde pasan los ríos tributarios de la Ciénaga Grande (Sevilla, Aracataca, Frío y Fundación), le están causando graves daños a esta fuente. Los residuos de plaguicidas que acumulan los peces son preocupantes. En especies como las lisas, los chivos y las ostras de las más apetecidas en la Costa se encontraron concentraciones de cobre, zinc y cadmio de dos mil a veinte mil veces más que en otras clases.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
30 de septiembre 1993 , 12:00 a. m.

Estos metales, que fueron detectados en 1988, están por encima de los índices existentes en las áreas más contaminadas del mundo.

El cadmio, elemento químico asociado con desequilibrios cardiovasculares severos, se halla en las ostras de la ciénaga en niveles superiores a los establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Así, los peces que no mueren... matan.

El informe fue presentado ayer por Pro Ciénaga, organismo integrado por 67 profesionales vinculados a la Corporación Autónoma Regional del Magdalena y la Sierra Nevada (Corpamag), el Instituto de Investigaciones Marinas (Invemar), el Consejo Regional de Planificación (Corpes) y la Agencia de Cooperación Técnica Alemana (GTZ).

Pro Ciénaga tiene como objetivo recuperar integralmente la Ciénaga Grande y su entorno, en un plazo de diez años, con un préstamo de 15 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y recursos del presupuesto nacional.

En 1990, en la Zona Bananera, que tiene 12.000 hectáreas en producción, se aplicaron 748.100 litros y 343.950 kilogramos de plaguicidas, así como 362.880 litros de aceite agrícola, lo cual constituye una cifra significativa frente al consumo nacional , dice el estudio.

El daño hecho a los peces se ha manifestado, según la médica Marina Illidge, de la Secretaría de Salud, en excesivos casos de intoxicación aguda en el área (unos 600 al año), cuyas causas se están investigando porque no todos pueden atribuirse a los agroquímicos.

Lo más grave son los efectos a largo plazo, agregó Illidge, que se manifiestan en abortos, partos prematuros, cáncer y problemas renales, hepáticos y en los sistemas respiratorio y dérmico.

La funcionaria les pidió a las personas que viven en la zona no utilizar los recipientes que guardaron tóxicos.

Alertó, así mismo, sobre los problemas que generan los desechos orgánicos de las plantas extractoras de aceites comestibles, a partir del procesamiento del corozo de la palma africana. Las 16.000 hectáreas de palma plantadas actualmente en la región aportan unos 160.000.000 de litros de residuos líquidos.

Esa sustancia, a pesar de ser biodegradable, consume el oxígeno de 168.700 personas. Además, constituye un grave riesgo al acumularse y terminar en la misma Ciénaga Grande a través de los ríos y quebradas.

Illidge dijo, además, que las 23.040.000 bolsas plásticas que se utilizan para proteger los racimos de banano, por no ser biodegradables, también están contribuyendo al deterioro del ambiente y del paisaje.

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