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Lo grande y lo pequeño

Lo grande y lo pequeño

Los esfuerzos del hombre por mirar se han concentrado en lo grande y lo pequeño. Pero, desde el descubrimiento de la cuántica, se sabe que entre más se conozca sobre lo grande más se ignorará sobre lo pequeño. Y viceversa. Esta paradoja determinó la especialización de las tecnologías; y hoy se trabaja en el desarrollo de telescopios de largo alcance para mirar lo infinito y de microscopios de alta precisión para conocer lo invisible.

Justo la semana que pasó, fue presentada en Roma la última fase del telescopio Olimpo, considerado el más grande del mundo, capaz de obtener información sobre galaxias que hasta ahora no se han podido observar.

Pero, en la búsqueda de lo mínimo, la historia no es menos apasionante: de los antiguos microscopios de luz hemos llegado a los microscopios de fuerza atómica (AFM), que ya no ven con los ojos sino a través de ellos, según predicara de la facultad humana de la visión el poeta William Blake.

Los microscopios de luz (esos mismos que conocimos en el colegio) ven con los ojos, es decir, basados en la luz. Pero, cuando hubo de necesidad de mirar los electrones, ya no sirvieron, y hubo que inventar los microscopios electrónicos.

La nueva física trabaja sobre una materia invisible: las fuerzas y partículas que actúan al interior de los átomos. Para conocer su comportamiento se diseñaron los microscopios de fuerza atómica, basados en un criterio aún más novedoso que la electrónica: la posibilidad de ver a partir de una extensión tecnológica del sentido del tacto. En efecto, estos microscopios ven a través de lo que sienten, a través de lo que tocan.

Están dotados de una punta sensora, instalada en una especie de punta de alfiler, que les sirve para detectar el movimiento de los electrones, y es a partir de esta detección cuasi-sensorial que el microscopio infiere la dinámica del sistema a conocer y nos revela la existencia de las micropartículas.

Dicho en términos de Wikipedia, un microscopio de fuerza atómica (AFM, por sus siglas en inglés) es un instrumento mecano-óptico capaz de detectar fuerzas del orden de los piconewton.

La segunda noticia de esta columna es que la humanidad está ad portas de conocer el microscopio de fuerza atómica más poderoso que haya existido jamás. Lo tiene casi listo el Georgia Tech, y se llama Firat (Force Sensing Integrated Readout and Active Tip). Tiene la capacidad de generar imágenes 100 veces más rápido que los AFM convencionales, y como podrá medir parámetros más especializados, revelará datos desconocidos sobre asuntos tan complejos como la raíz misma de la vida: el ADN.

centrodelcaos@gmail.com

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