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A comprar, a comprar

A comprar, a comprar

Seguramente usted no es de los ingenuos que piensan que se adelanta la época navideña a noviembre para tener fiestas mejores y gozar cena, árbol y regalos en la armonía del hogar. Si lo piensa, se está hundiendo en las arenas movedizas de la publicidad. Este país ya sufrió el día de los novios, del amor y la amistad, de la madre, del padre y el Halloween. Falta la cuesta de enero. Ahora nos empujan a gastar prima, ahorros y parte del capital, si lo tenemos. Nos hacen creer que es la última oportunidad de comprar antes de que el mundo o las existencias se acaben.

No, no es por nuestra felicidad. Se trata de nuestra capacidad o incapacidad de consumo. Nos lavan el coco con toda clase de argucias. Aprovechan nuestras frustraciones pasadas. O las ilusiones infantiles que ya no volverán. Usan lucecitas, cancioncitas en inglés, papás Noel, renos, trineos, nieve y demás, para transportarnos a un mundo que no solo no es nuestro, sino que no existe en ninguna parte. El ser humano de estos días vive una realidad de la cual quiere evadirse constantemente. La publicidad le da empellones para que se salga de ella. Comprar por comprar se vuelve el alucinógeno que nos transporta al nirvana de la tontería.

Las destruidas calles de esta capital se iluminan para la navidad con un costo que supera los 6.000 millones de pesos para ambientar las compras. Un tercio haría el mismo efecto. No es un regalo que la ciudad nos hace. Lo pagamos con nuestros impuestos, con las elevadas cuentas de electricidad y los precios inflados de los comerciantes que patrocinan la encandelillada decembrina. Pero la publicidad nos aplasta no solo para el fin del año.

Todos los días, fechas para celebrar o no, las estratagemas de los creativos de la publicidad invaden nuestro mundo. En las congestionadas calles de nuestra ciudad hay cientos de pancartas, los carteles llenan los muros, los panfletos caen en nuestras manos como del cielo. La publicidad entra a nuestras casas por televisión, radio, revistas y periódicos. Es como si los departamentos de publicidad les hubieran dado un golpe de Estado a las direcciones de los medios. Un noticiero pasa un programa pagado sobre el Congreso y el otro da 7 minutos de noticias y 23 de propagandas. Los programas matutinos de radio duran 6 horas para intercalar anuncios, rifas y regalos. Las revistas mezclan propaganda y algo más, sin distinción posible.

Los diarios nos están habituando a que la primera página se oculta tras una propaganda. Nos ponen verdes de la ira.

Muchos de los productos que promueven ni siquiera son útiles y ya son obsoletos en otros países. Para ser humano no hay que cambiar televisor, celular, computador, ropa, toallas higiénicas o beber cerveza hasta perder el sentido. Para ser humanos debemos evitar la violencia, buscar la igualdad, la justicia y el bienestar de todos. No se es más humano por comprar frenéticamente ante los ojos de la población que ha quedado al margen de esta sociedad excluyente. Feliz Navidad.

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