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Un tirano menos

Un tirano menos

Yo no sé qué diablos es lo que les duele a todos aquellos que en estos días han estado lamentando la muerte del ex dictador chileno, cuyo nombre es sinónimo de infamia. Alabar el legado que dejó uno de los peores déspotas en la historia de América Latina es casi como aceptar que, en efecto, no cometió ningún crimen.

¿Lo llorarán acaso en agradecimiento por el milagro económico chileno, gracias al cual se disparó la concentración de la riqueza en ese país? ¿Sentirán nostalgia por el índice de pobreza del 40 por ciento que dejó el tirano al entregar el poder, y que hoy está en un 18 por ciento? ¿Preferirán quizás el 27 por ciento de inflación de 1990, frente al 2 por ciento de hoy? ¿O sentirán una tristeza infinita porque del 14 por ciento de desempleo de 1986, se cayó a ese ridículo 8 por ciento actual? Claro, a lo mejor estoy equivocado y la cosa no es por ahí. De pronto lo que tiene llorando desconsoladamente a los seguidores del sátrapa es ver que en Chile no han vuelto a tener otro presidente capaz de ‘ahorrar’ en su mandato 30 millones de dólares para luego ocultarlos en el exterior. Debe dar mucha lástima ver que mandatarios como Patricio Aylwin, Eduardo Frei o Ricardo Lagos hayan salido de La Casa de la Moneda con las manos limpias.

¿O será que lo que de verdad les hace falta son los controles del gobierno a toda actividad ciudadana? ¿Estarán de pronto sufriendo porque ya no hay censura de prensa? ¿Será que echan de menos los ‘recorridos turísticos’ de los helicópteros Puma que no se volvieron a ver en ese país? ¿O quizás están furiosos porque el gobierno ya no regala tiquetes sin regreso, como esos tres mil que repartió entre los dirigentes y militantes de la oposición? Desde luego, yo no tengo respuestas para esas preguntas, pero sí me las alcanzo a imaginar. Y me da escalofrío el solo hecho de pensar que hay gente (dentro y fuera de Chile) que encuentre algo digno en la brutal figura de Augusto Pinochet. No puede ser respetable un dictador que afirmaba que los derechos humanos eran un invento marxista y que justificaba las fosas comunes como una forma de ahorrar costos. Y lo más grave es que decía todo esto sin el menor sonrojo, incluso después de abandonar el poder.

No puede ser respetable un opresor que nunca reconoció sus desmanes. No hay que lamentar la muerte de un gorila que despreciaba la vida humana, y que además era mentiroso, machista y homofóbico, y que nunca manifestó el menor remordimiento por las atrocidades que propició, porque todo lo hacía “por el bien de la Patria”, pero con la complicidad del Tío Sam.

Bien dijo Colin L. Powell al reconocer el papel de Estados Unidos en la desestabilización del gobierno de Allende: “Es una parte de la historia de nuestro país de la cual no estamos orgullosos”. Lo mismo le podrá repetir el ex dictador al diablo cuando lo tenga cara a cara y le hable de sus infamias.

Periodista .

"No puede ser respetable un dictador que afirmaba que los derechos humanos eran un invento marxista”.

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