UNA PENOSA CRISIS

Con gran pena he seguido el registro que la prensa diaria ha venido haciendo de la parálisis de algunos centros hospitalarios del país, con posibilidad de extenderse a otros, debido a diferencias salariales con su personal médico. Digo que con pena, pues la suspensión de actividades de aquellos colegas que prestan servicios de salud despierta una explicable reacción de extrañeza y protesta por parte de la opinión pública, lo cual a la postre, compromete el buen nombre de la profesión. No es posible -se dice- que, tratándose de un servicio esencial, quienes lo surten puedan impunemente someterlo al abandono. Además, los profesionales de la medicina han jurado dedicar sus vidas al servicio de la humanidad y, por lo tanto, no pueden contrariar esa promesa sin exponerse a una sanción, siquiera moral. En efecto, la Ley 23 de 1981, que es el Código de Etica Médica, registra en su Declaración de Principios que cuando el médico emprenda acciones reivindicatorias en comunidad, por razones sala

04 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

La huelga, se sabe bien, es un derecho consagrado en los códigos laborales, encaminado a servir de instrumento de presión, esgrimido por los trabajadores frente a los patronos o empleadores que se niegan a ceder a sus petitorios. Se exceptúan, sin embargo, aquellas actividades tenidas como servicios públicos esenciales, entre los cuales figuran en primer término los relacionados con la salud.

Puede verse, pues, que por razones éticas y legales a los médicos nos está vedado ir a la huelga, así nuestras pretensiones sean a todas luces justas. Esta desigualdad, en comparación con los derechos que posee la generalidad de los trabajadores, es una de tantas características que nos diferencian de los demás profesionales y hace de la nuestra una actividad especial, honrosa espiritualmente pero desventajosa en lo práctico.

Conscientes de esta situación, los médicos al servicio del sector oficial no han ido a la huelga pero han renunciado a sus cargos, o amenazan hacerlo de manera masiva, que para los efectos es lo mismo, pues desemboca en la parálisis de los hospitales. Careciendo del derecho a la huelga, hacen uso del derecho a renunciar, creando con ello una situación de crisis que deben resolver con prontitud los empleadores respectivos.

No obstante los efectos negativos que puedan derivarse de esta determinación de los médicos, es forzoso aceptar que les asiste la razón. Sucede que quienes prestan su desvelado concurso en los centros asistenciales del Estado no han sido tratados con la debida consideración. Sus salarios no se compadecen con su categoría profesional ni con la delicada función que desempeñan. Infortunadamente entre nosotros los reclamos laborales sólo son atendidos cuando median situaciones de hecho, como la que están propiciando ahora los médicos.

Es bueno recordar que en 1993 la Asociación Médica Mundial, vocero autorizado del gremio, condenó, en relación con el tema que comento, a los empleadores que explotan a los médicos al pagarles sueldos inferiores al nivel del mercado y otorgarles condiciones de trabajo inferiores, cuando saben bien que las responsabilidades del médico le prohíben ir a la huelga .

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