RESURRECCIÓN DEL FOLLETÍN

RESURRECCIÓN DEL FOLLETÍN

Pérez Reverte, Arturo. El Club Dumas, o La sombra de Richelieu Alfaguara Hispánica, Madrid, 1993 Cómo tratar de explicar el éxito de este novelista y periodista español del diario El País de Madrid, empeñado en sacarle partida a aquel género menor de la literatura, el de las series por entregas, hermano gemelo de culebrones y telenovelas, o sea el folletín, heredado de una moda francesa decimonónica? El folletín presenta una imagen degradada en sus volutas a diferencia de los largos relatos de la novela y de la historia , como sentenció desde su gravedad académica del Colegio de Francia el pontífice estructuralista Roland Barthes en alguno de los párrafos de su gélido ensayo de crítica literaria, El grado cero de la escritura .

09 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Pero no son los profesores quienes dan el salvoconducto para una brillante carrera literaria. Porque la gran popularidad de la novela de Pérez Reverte continúa en aumento, vendiéndose como las botellas del generoso vino de Anjou: siete ediciones, 132.000 ejemplares y millones de lectores exhibiendo orgullosos su credencial de afiliación al Club Dumas. Novela de desafíos al lector, de reflexiones sobre el género narrativo, de apología del universo del libro, el lector y la certeza de todas las mentiras del juego literario.

Tal vez la frase de Flaubert para explicar el talento gigantesco de Dumas vuelve a tener sentido: Que para leerlas no es necesario ninguna iniciación y que su acción es divertida . Porque resulta que Pérez Reverte ha dado nueva vida, reencarnando y poniendo al día, a esas espléndidas y entretenidas aventuras de capa y espada admiradas en el cine del barrio o leídas en la infancia, recogidas por la pluma de Alejandro Dumas (padre) en sus tres inmortales novelas (Los tres mosqueteros, Veinte años después y El vizconde de Bragelonne) con las peripecias de los mosqueteros del rey de Francia: Athos, Portos, Aramis y, por supuesto, D Artagnan, el más astuto, inteligente y resuelto gascón. Además, honra la legendaria figura de Dumas con una información enciclopédica acerca de su vida, debilidades, infortunios iniciales, éxitos, amantes, derroches, anécdotas de sus colaboradores (insinúa, escandalosamente, que uno de ellos, Augusto Maquet, fue el verdadero autor del ciclo de Los Mosqueteros), sus supersticiones, deudas, hasta su triste muerte en la ruina.

Murmullo de los libros Para que su novela tenga una mayor densidad, Pérez Reverte ha incluido varias tramas paralelas con el recurso de la intertextualidad como si se tratara más bien de la preparación de una deliciosa cassata italiana con varias capas de los más apetitosos sabores y colores. Por eso El Club Dumas, a todo lo largo de sus cuatrocientas noventa y tres páginas es una novela policíaca con crímenes y pistas por causa del valioso manuscrito original de Dumas (el aparente suicidio del editor Taillefer por celos literarios da inicio a la misteriosa cadena de muertes); ironía sobre los textos de ocultismo en una trama que gira alrededor de las pesquisas por otro libro extraviado, un libro diabólico, Las nueve puertas y sus perversos y desquiciados poseedores; aventuras, bromas, trampas y juegos infantiles con las ilustraciones del libro con el propósito de involucrar al lector en la búsqueda del error o para que descifre el mensaje con la ayuda de espejos; celebración nostálgica del mundo alucinante de los libros frente a los peligros que acarrea la cultura finisecular del cine y la televisión en esos recorridos morosos del narrador y los diligentes personajes por librerías de viejo, cuartos de bibliófilos, cazadores de libros, talleres de encuadernación o de falsificación de valiosas ediciones (como el de los hermanos Ceniza en una calle del viejo Madrid), anaqueles de pulcras bibliotecas que guardan incunables, códices, o vigiladas por bibliófilos empeñados en hacerse a la colección de aquellos libros expurgados por el cura en el capítulo VI de El Quijote.

Son colecciones de libros que murmuran entre sí en un diálogo erudito en medio del silencio de las bibliotecas. Libros que también le han rematado el juicio a los personajes, como a ese Víctor Fargas, solitario en su mansión repleta de libros: En sus pupilas dilatadas y ausentes sólo había libros. Se levantaba por las noches para vagar como alma en pena frente a sus libros. Les hablaba, acariciaba sus lomos entre juramentos de lealtad. Usted sabe, creo, lo que significa ser un bibliófilo apasionado; pero yo soy bibliópata . Además hay alusiones a la táctica guerrera, añoranzas de un Napoleón vencedor aquí en la ficción de la batalla de Waterloo, y, desde luego, escenas de erotismo cuando los cuerpos ansiosos de Lucas Corso, el maduro cazador de libros y una joven estudiante de letras se enlazan en la habitación de un hotel de París.\ En literatura nunca hay lindes nítidos; todo se apoya en algo, las cosas se superponen unas a otras, y terminan siendo un complicado juego intertextual a base de espejos y muñecas rusas , dice Boris Blakan, el crítico literario experto en Dumas encargado de oficiar de cicerone en esta novela. Y así es El Club Dumas, con sus guiños evidentes a Umberto Eco, Chesterton, o Conan Doyle, con sus epígrafes de los padres del folletín, con toda su mezcla de poderosos brebajes encargados de hechizar al lector, hipnotizado de antemano por Pérez Reverte, hasta el punto de hacerle dudar de los límites que separan la ficción del universo de las cosas reales, con unos personajes bien estructurados -Varo Borja, Corso, Irene Adler, Víctor Fargas, Rochefort o Liana Taillefer- quienes transitan de un libro a otro, saltan impúdicos desde las historias de Alejandro Dumas, reencarnando en otro Richelieu, otro malvado Rochefort, otra artera Milady, o, lo prodigioso, se despojan de su esqueleto de papel para dar el salto desde las páginas del libro colocándose junto al lector para estrecharle su mano o responsabilizarlo de los asaltos y laberintos de la trama.

El Club Dumas es la tercera novela de este escritor y periodista español, corresponsal del diario madrileño El País en todos los frentes de batalla contemporáneos, Etiopía, El Salvador y el conflicto de Bosnia Herzegovina, pero que de manera feliz sabe delimitar el oficio reporteril de las técnicas del género literario, como lo comprueban la documentación y creación de El Club Dumas y todo su empeño en rescatar la mirada hacia el género decimonónico del folletín.

Y de verdad que ha cumplido su tarea de un modo tan brillante que, sus inventores en el viejo periódico Le Siecle -Dumas, Hugo, Balzac y Musset- aplauden complacidos. Entonces, usted, desocupado lector, qué espera para afiliarse al juego ingenioso de El Club Dumas? Y debe apresurarse porque ya se exige un requisito adicional para disfrutar su rica fantasía: el gozo que nos proporciona la lectura de La Sombra del águila, la última novela de Arturo Pérez Reverte.

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