SIETE BANDAS REAFIRMAN PACTO DE PAZ EN MEDELLÍN

SIETE BANDAS REAFIRMAN PACTO DE PAZ EN MEDELLÍN

A Ulises Echavarría Tobón, de 29 años, ex integrante de la banda de El Coquito , que opera en el barrio Trinidad, en el sur de Medellín, su vida le cambió desde el primero de enero de este año. De una existencia azarosa, llena de enfrentamientos con los otros seis combos del sector -con los que mantenían una guerra a muerte-, y del miedo a caer baleado en una de las esquinas del barrio, Ulises pasó a trabajar como albañil en una firma constructora de la ciudad.

04 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Ahora ayudo a mi familia a salir adelante -comenta-. Los muchachos del combo sólo nos paramos en las esquinas... Pero ya no peleamos con las otras bandas porque respetamos la palabra .

El cambio de Ulises y de otros 150 jóvenes miembros de las bandas de La Cueva, La 65, La 24, Santafé, San Pablo y Piamonte, es el resultado de un proceso de varios meses que se cristalizó el primer día de 1994. En esa oportunidad, durante una fiesta por la paz, auspiciada por un vecino pudiente y organizada por la parroquia de la Santísima Trinidad, los muchachos empeñaron su palabra en un pacto de no agresión. Es el primer acuerdo de esta naturaleza que firman siete de las doscientas bandas que existen en Medellín.

Los 28 mil habitantes de la zona sintieron que ese día se terminaban los tres años más violentos que recuerden. Durante ese tiempo, la zona permaneció bajo el azote de las bandas y combos. Las balaceras eran continuas y se registraron 188 muertes de jóvenes. Los atracos, robos y las vacunas a los dueños de tiendas eran comunes.

Después del pacto, han sido asesinados seis jóvenes de los combos; pero fuera de la zona y por problemas diferentes a la guerra de bandas , dice el padre Alejandro Restrepo, párroco de la iglesia La Santísima Trinidad y uno de los gestores del proceso.

Este pacto, que no tuvo firma de documento ni acto especial, fue refrendado el sábado pasado por los mismos jóvenes en proceso de reinserción, ante el alcalde de Medellín, Luis Alfredo Ramos Botero. Fue como un regalo para la ciudad en vísperas de la semana de la paz, que ayer comenzó Durante la visita del Alcalde, una de las personas más felices era la hermana Trinidad Zapata, de la comunidad de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María.

Recién llegada de Chile, en 1988, ella se encontró con el problema de las bandas y sicarios en la ciudad y empezó a trabajar. A este barrio llegamos por intermedio de un jefe de bandas, José Albeiro Espinosa, un limitado físico a causa de la violencia, que conocimos en un taller. El nos invitó a venir el año pasado en el mes de octubre. La situación estaba muy caliente . Las calles estaban demarcadas por las bandas. Era muy restringido el paso de un lugar a otro, pero nos metimos .

Después de recorrer esquinas y de hacerse amigos de los muchachos, se hicieron talleres sobre derechos humanos, y con la ayuda del padre Restrepo y del asesor de la Alcaldía de Medellín para la paz, Juan Guillermo Sepúlveda, lograron ponerlos de acuerdo para que terminaran la guerra.

La Alcaldía vinculó a 25 jóvenes en las Empresas Varias para la limpieza de las calles. También los comerciantes aportaron dinero con el cual se compraban mercados que se repartían en las casas. Hoy han sido contratados 30 jóvenes para construcción y 12 para pintura.

El Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena), regional Antioquia-Chocó, también ha contribuido al proceso, con programas autoconstrucción, electricidad, pintura, belleza, confección, estampación y programas de calzado y marroquinería.

Falta continuidad Aunque los esfuerzos de la administración municipal de Medellín, de la empresa privada, de la iglesia y de otras entidades para que la reinserción de los antiguos miembros de las bandas del barrio Trinidad sea una realidad, el proceso tiene algunos vacíos y problemas. Según la hermana Trinidad Zapata falta que la administración municipal sepa que aquí hay un proceso que necesita continuidad en trabajo y en presencia de la administración . La religiosa dice que los contratos de trabajo, que son a seis meses, no son una solución definitiva al problema.

El director del Sena regional Antioquia-Chocó, John Jairo Vélez, dice que La meta no es concluir capacitación y retirarnos sino consolidar el trabajo y dejar programas permanentes .

El alcalde Luis Alfredo Ramos, por su parte, asegura que el acompañamiento va a ser permanente. Pero es definitivo que la comunidad se integre . Los muchachos también están preocupados por el resurgimiento de las masacres contra jóvenes en la ciudad y creen que si son víctimas potenciales se verán obligados a coger de nuevo las armas.

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