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TRES MESES SIN ANDRÉS ESCOBAR

TRES MESES SIN ANDRÉS ESCOBAR

Han pasado tres meses desde la muerte de Andrés, el defensa central de la Selección Colombia. Allá en Medellín pocos quieren hablar. Pero EL TIEMPO converso con dos de sus grandes amigos.

Vos no podés estar ahí... Han pasado tres meses y un día...

El primero de julio, Andrés Escobar y Juan Jairo Galeano se encontraron en un estadero de Medellín, en la vía a Las Palmas para conversar un rato y relajarse un poco de la tensión que había sido el Mundial. En Estados Unidos todo había sido muy triste.

Allí estuvieron hasta la madrugada, cuando Andrés dejó a Juan Jairo en su carro y este se marchó a su casa.

Veinte minutos después llamaron a la puerta en la casa de Galeano.

Andrés y Juan Jairo se habían conocido cuando Galeano era compañero y amigo de Santiago -su hermano mayor- en la selección Antioquia.

Nosotros teníamos 16 años y Andrés estaba en los 13. Era un peladito. Cuando yo iba a la casa de ellos, él siempre estaba pendiente y gritaba: Llegó Galeano . Cuando entró a las inferiores del Nacional nos fuimos haciendo amigos, Santiago se fue para otro equipo y quedamos Andrés y yo, y nació una amistad leal, sincera y honesta .

Jugaron juntos en el equipo profesional de Nacional y estuvieron en los primeros pasos de la era Maturana-Gómez, hasta el año 92, cuando Juan Jairo se marchó para Millonarios. Hasta entonces fueron llaves, dentro -cuando compartían el cuarto en las concentraciones- y fuera de la cancha -cuando se trataba de todo menos de fútbol- .

Estuvimos ennoviados con dos hermanas. Yo empecé a salir con Paola Gallego y le presentamos a Adriana. Y desde entonces durante casi ocho meses, lo que duró la relación de ellos, estuvimos de arriba para abajo juntos: en fútbol, en la iglesia, cuando íbamos a María Auxiliadora, a comer, a rumbear, a hacer visitas.

Del 87 al 92 casi no nos separamos. Uno de los momentos futbolísticos más importantes en su vida lo vivimos juntos: el gol en Wembley, cuando el era un pelado de 21 años.

Nos tocó en el mismo cuarto y hablamos toda la noche del gol... no dormimos y lo vimos en todos los canales de la televisión inglesa. Hablamos por teléfono con todo el mundo en Medellín y, cómo sería la emoción de él, que al final me pagó hasta mis llamadas...

Llegamos a ser como hermanos. Dormíamos en la misma cama, en la mía o en la de él, nos poníamos la misma ropa y desde que pudiéramos estábamos juntos, incluso en las vacaciones, en Santa Marta o en Cartagena , recuerda Galeano.

La madrugada del 2 de julio, Galeano abrió la puerta. Segundos después sintió un mazazo. Habían matado a Andrés. Cómo creerlo, si unos minutos atrás estaban juntos.

La rabia, la impotencia y los si hubiera asaltan, desde entonces, en la soledad, la mente de este hombre que no ha podido dejar de pensarlo.

Si no hubiéramos ido a ese sitio, si hubiéramos parqueado los carros uno al lado del otro y no a cincuenta metros, como quedaron; si nos hubiéramos ido para la montaña, como pensábamos hacerlo... Todas esas posibilidades me hacen sentir más su ausencia, el dolor y el sentimiento de frustración, de no tener a mi amigo cerca.

Hablar de Andrés me produce alegría -dice Galeano-, porque sé que él quiere vernos contentos. Aún recuerdo que precisamente en julio del año pasado, cuando murió mi mamá, él me dijo: Loquito, no podés estar triste porque vos naciste para estar alegre .

Yo soy una persona sola y es precisamente cuando esos momentos de soledad me atacan, cuando lloro con rabia y me pregunto por qué se fue si él era bueno...

Vos no podés estar ahí metido en ese hueco , es la frase que Juan Jairo le repite una y otra vez a Andrés cuando lo visita en el cementerio.

No le llevo flores, porque todas se las dí en vida, con el afecto, la admiración y el cariño que solo se le brinda a personas tan especiales como Andrés. Su muerte la estoy sufriendo por dentro .

Juan Jairo y Andrés habían hecho planes para irse a la montaña, más exactamente a Andes (Antioquia), la tierra de J.J., y luego pensaban quedarse unos días en Jardín.

Lo habían invitado a la Costa y a Miami, pero él había preferido quedarse porque quería estar con la gente. Ahí es cuando vuelve el maldito si hubiera y lo extraño más... , dijo Galeano que no había hablado desde el insuceso con ningún medio de comunicación..

A cuál Andrés? El jueves 30 de junio, un día después de haber llegado de Estados Unidos, Andrés llamó a la casa de don Pedro Pablo Alvarez, su primer técnico en Nacional, lo saludó y quedó de pasar a visitarlo ese sábado o el domingo, para llevarle un regalo, como hacía sagradamente cuando salía de viaje.

Que la virgen lo acompañe Don Peter (así le decía), y nos vemos , fueron las palabras que escuchó de Andrés.

A las 5 de la mañana del 2 de julio volvió a sonar el teléfono en la casa de Don Peter . Mataron a Andrés , le soltó sin rodeos Juan Jiménez...

A cuál Andrés , preguntó Don Peter... A Andrés Escobar , le contestó, de nuevo sin rodeos.

Fue Santiago -el hermano- quien dejó a Andrés en manos de Don Peter . Andrés jugaba en el equipo de Marllantas, que dirigía Carlos Piscis Restrepo, hoy técnico del Once Caldas.

Jugaba en el medio, de 10. Estudiaba de 7 a 12, así que solo podía entrenar por la tarde, y lo ubicaron en el horario de 2 a 4.

Tenía una anemia aguda -dice Don Peter -. Era amarillo, amarillo, y Santiago me había advertido que tenía un genio espantoso. Era muy malito para comer y sólo le gustaba el mecato: los turrones, los chicles, los bocadillos y los pasteles .

Francisco Maturana dirigía la primera B, y don Pedro la tercera y el equipo de ascenso.

Fue mucho lo que le insistí a Maturana para que lo inscribiera. El tenía sus dudas porque no lo había visto. Con Andrés había ocurrido lo mismo que con Pacho . Yo lo había pasado de volante a zaguero.

Voy a ubicarte en un puesto en el que vas a ser figura , le dije una vez a Andrés.

Maturana lo vio jugar dos partidos y me dijo: Ese va a ser un gran jugador . Descubriste el agua tibia, fue lo único que se me ocurrió contestarle .

Lo trataron de la anemia y el genio se le compuso. Era tan delgado que fue necesario hacerle un trabajo de gimnasio y fortalecimiento.

Fue en 1987 en un partido del octogonal, cuando se lesionó Nolberto Molina, el zaguero titular, cuando lo pusieron a jugar en serio y se quedó con el puesto en Nacional.

Se convirtió en profesional, pero seguí pendiente de él y él de mí.

Nunca olvidó un cumpleaños, un Día de Padre o una Navidad. A donde iba me traía un regalo .

Ese jueves, cuando hablaron, don Pedro le recomendó que se cuidara mucho. Ojo, mijo que este pueblo está muy picado. No se quede hasta muy tarde en la calle .

Le mataron a su hijo , le decían en la calle a don Pedro cuando lo veía y así se sentía él.

Ocho días después de su muerte, don Darío, el papá de Andrés lo llamó para que fuera por el paquete que le había traído de Estados Unidos: una sudadera, una loción y una chaqueta de cuero con 200 mil pesos en el bolsillo. Era el regalo.

Andrés nunca me olvidó. Cuando hizo el gol en Wembley, me lo dedicó por la radio. Apenas nos vimos en Medellín, me preguntó: Sí me escuchó Don Peter ? .

Su vida no ha cambiado mucho, sigue siendo técnico, se sigue levantando en la madrugada. O tal vez sí, sí ha cambiado, pues cuatro veces a la semana antes de salir para Itagí, donde entrena su equipo de ahora, hace escala en Campos de Paz, faltando un cuarto para la 6 de la mañana, para visitar la tumba de Andrés.

Me parece que estoy hablando con él. Una noche se me apareció y conversamos: estaba ahí, en la orilla de mi cama, donde se sentó muchas veces cuando a mí me operaron. Usted me va a tener que ayudar Don Peter , me dijo. El problema, mijo, es que vos estás muerto, le contesté.

Eso no me dio miedo, por el contrario, es la mejor forma de sentir que sigue conmigo.

Nunca voy a olvidar -dice don Pedro- esa vez en Cúcuta cuando jugando la Copa de Campeones con un equipo de Santander, nosotros necesitábamos golear 6-0 para quedar campeones.

A ellos les expulsaron un zaguero en el primer tiempo y nosotros nos fuimos 2-1 al frente. Para el complemento le advertí a Andrés que dejara de pelear con el centrodelantero, porque lo iban a expulsar, y así fue.

Se hizo echar comenzando el segundo tiempo, pero al final ganamos y quedamos campeones. Mientras que todos celebraban, él no hacía más que llorar. Yo le había dicho que era un culicagado, que no podía salir de la casa. Al final me tocó abrazarlo y decirle que era un verraco y que iba a ser el mejor .

A Andrés nunca se le olvidó este capítulo en su vida, que cada vez que recordaba con don Pedro le decía se acuerda esa vez que usted me hizo llorar... era cuando yo era un problema para usted .

PARA NOSOTROS, SUS AMIGOS, ANDRES NO HA MUERTO Los amigos muchas veces representan la memoria viva de sus amigos. Así ocurrió con los de Andrés Escobar, a través de quienes se logró rescatar algunas facetas de su vida.

El impaciente Hernán Luna, el médico del Atlético Nacional, recuerda al amigo con el que compartió muchas cosas en el fútbol y fuera de este; pero también al paciente.

Era un hombre muy sensible en todos los aspectos de su vida, entre ellos su dolor; muy exigente en el trabajo médico y de recuperación si estaba lesionado.

Cuando el dolor se hacía intenso, a veces perdía el control. Es más, algunas veces llegó a retirarse cuando no aguantaba más .

El dientón Carlos Marios Echavarría, amigo personal.

El dientón, como le decíamos entre amigos, era un tipo simpático, que solo se enojaba cuando las cosas en el fútbol no le salían.

Lo fregábamos mucho porque vivía pendiente de su gordita , Pamela, la mujer que por amor lo hizo regresar de Suiza. Cuando salíamos solos, lo más fácil era que en la madrugada se volara para llevarle una serenata.

Para nosotros, sus amigos, él no ha muerto... está alrededor de nosotros .

El temor John Jairo Carmona, miembro del cuerpo técnico de Nacional.

Nosotros alcanzamos a estar juntos en el equipo. Aún recuerdo que cuando comenzó pensaba que no podía llegar a jugar porque veía gente muy grande delante de él, como Nolberto Molina o Luis Carlos Perea. Fue un hombre respetuoso que quería llegar muy lejos, respetando a los demás.

Visitar la tumba de su madre -doña Beatriz- era sagrado para él y yo muchas veces lo llevé. Hace unos días le compré unos pompones amarillos y estuve allí visitándolo a él. Ese día lo extrañé más que nunca .

Solidario Oscar Darío Chavarriaga, director del departamento de Divisiones Inferiores del Nacional.

Llegó al equipo proveniente del Calasanz, por 400 mil pesos, cinco balones y unas suderas que les encimamos. En esa época vivíamos quebrados y a él muchas veces le tumbamos los 600 pesos del subsidio de transporte que les dabámos a los muchachos. Nunca lo olvidó y siempre nos lo cobró.

Una vez tuvo un problema con el gerente del equipo, Oscar Ríos. Andrés le manoteó y él decidió hacer una carta para suspenderlo. Al final la rompimos porque era tan buen jugador que el perjudicado iba a ser el club .

El ejemplo A su puesto, dentro y fuera de la cancha, no ha llegado el hombre que lo pueda reemplazar, ese es un sentimiento generalizado.

Santander Ospina y Marcos Barrios, dos muchachos de las divisiones inferiores del equipo que juegan en su posición y se preparan para ocupar su puesto en el futuro.

El calzaba 43 y yo 41. Pero así y todo usaba sus guayos. Para mi era un honor , recuerda Santander, a quien Andrés muchas veces le ayudó a pagar las cuotas de la casa.

Siempre estaba pendiente de los muchachos que estaban comenzando y cuando tenía tiempo iba a los partidos. Si uno estaba mal de espinilleras, tenis o guayos, él se los quitaba y los regalaba A Marcos Barrios le decía nunca baje los brazos, tiene que seguir luchando, porque en cualquier momento yo me voy y usted tiene que estar listo para reemplazarme .

Salvó a Juliana Francisco Jaramillo, el utilero de la Selección Colombia, no olvidará a Andrés, no solamente debido a las circunstancias del fútbol, sino porque salvó a su hija de nueve años.

Una vez estábamos en Riosucio y Juliana se estaba ahogando. Ella estaba en la piscina y Andrés, con ropa y todo, se mandó al agua y la salvó. Ella todavía lo llora... él le salvó la vida .

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