TUERCAS Y TORNILLOS PRECOLOMBINOS

TUERCAS Y TORNILLOS PRECOLOMBINOS

Hace cerca de diez años tuvo una retrospectiva en el mismo MAM, con motivo de la celebración de sus cincuenta años de trabajo ininterrumpido. Eran 150 esculturas. Me molestó ese montaje porque estéticamente no era muy funcional. Estaban muy amontonadas y no se veían bien. Hace unas semanas, conversando con Gloria Zea le comenté ese episodio y me dijo pues hagamos otra . En esta nueva muestra he ido menguando la expresividad de las obras, se han vuelto más fuertes, más simétricas. Los incas repetían la doble imagen con obsesión, hasta en los tejidos. Lo de México es muy barroco, como son ellos. A todas les pongo color. Las esculturas de San Agustín tenían color, que ha desaparecido. Las últimas que han descubierto tienen unos amarillos preciosos . El tema de lo religioso no es nuevo en Negret. Desde hace muchos años se ha interesado en él con énfasis en lo precolombino, desde cuando empezó a investigar y descubrir la gran riqueza de lo americano. Me absorbió esa maravilla metafísi

09 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Pese a que durante este año, yo que siempre fui muy alentado, he soportado quebrantos de salud; ya me estoy recuperando, he subido dos kilos en el último mes ; está muy contento porque descubrió que es descendiente directo de los incas. Una hermana de Atahualpa se vino para Popayán con un español, que llega a ser mi tatarabuela por ambos lados, paterno y materno. La nieta se casa con el primer Vivas que hay en la región y mi madre también tenía apellido Vivas .

Próximo a cumplir 74 años, recuerda que haber nacido en Popayán fue una ventaja, porque en toda familia siempre había alguien que se dedicaba al arte, bien en artes plásticas, música o poesía. Su padre, el general Rafael Negret Vivas -uno de los primeros en formarse académicamente-, y su madre María Dueñas Rodríguez, lo apoyaron en su inclinación artística, al igual que sus nueve hermanos, hoy todos fallecidos. Antes de aprender a leer, se comunicaba con los demás mediante dibujos y recortes que ensamblaba a manera de colages.

Estudió primero en el colegio de Pepa Mosquera, luego se fueron a vivir a Cali, donde se formó en el Colegio San Luis Gonzaga, de los maristas. Retornan a Popayán y entra a la Normal anexa a la Universidad del Cauca. A la muerte de su padre, en 1940, viaja a Bogotá. No me gustó nada. El frío, el viento y los artistas usaban boina con una borla que les caía, y unas capas... una cosa bohemia horrible, salones oscuros con cortinas, era sórdido .

Abren en Cali la Escuela de Bellas Artes y se matricula allí. Era interesante, pero uno estudiaba con modelos una cosa que no iba a hacer, no había satisfacción con lo que se aprendía allí . Termina y vuelve a Popayán, a donde llega Jorge Oteiza, un pintor vasco que vive todavía, un verdadero genio. Me abrió todas las posibilidades, nos habló de la armonía del espacio y cómo reaccionaba éste. Era otro vocabulario. Estaba interesado en el espacio dentro de la escultura y ya había escultores como Henry Moore, que rompía la forma y aparecía el espacio interior. Lo poderoso estaba dentro de la escultura y entonces había que romperla, taladrarla y empezar a ver esas reacciones que había en la forma .

El arte dejó de ser En 1959, a poco de morir su madre, viaja a Nueva York, donde trabaja en un club de escultores que carecía de profesores, el interés se centraba en la técnica. Hizo Vaso con una flor, con alambre de acero, que expuso y mereció un comentario el sábado siguiente, nada menos que en el New York Times, su bautizo de oro. Dos años más tarde viaja a París. No me gustó, le faltaba expresión, perdí tiempo. Lo único que me gustaba era ir a las catedrales . Viaja a Mallorca, donde vive dos años más. Me acerco a los barcos, que me dan la idea del metal, los colores y las formas de naves que hablaban de desplazamientos, de partidas, todo eso se me junta y comienzo a trabajar en metal. En esa ciudad han laborado el cristal con colores bellos. Entonces pinto por primera vez las esculturas con puntos de colores rojos y blancos. Una de esas está en la Fundación Rockefeller .

Regresa a Nueva York, donde Josefina Valencia, paisana suya, hija del maestro Guillermo Valencia, quien trabajaba en la Unesco, le da una beca para que se especialice. Visita una enorme colección de precolombinos y queda prendado con esas culturas. Escoge entonces estudiar a los indios navajos, de Estados Unidos, porque la curación la hacen a través del arte. Para ellos la enfermedad es una ruptura entre el paciente y Dios. Los ponen en contacto a través del dibujo. Durante nueve noches hacen cada uno un dibujo, que imprimen en arena y así logran el contacto .

Vuelve, para quedarse, a Colombia, donde se hace a un nombre sólido, familiariza al país con su estilo y su lenguaje plástico, hasta situarse entre los mejores escultores del mundo. Hay obras suyas en España, Corea, Venezuela y Estados Unidos, principalmente, pero en casi toda Latinoamérica se le conoce, y coleccionistas privados e instituciones conservan sus esculturas. A estas alturas de la vida, no tiene idea de cuántas habrá hecho en sesenta años de trabajo. Lo que sí tiene claro es que el arte dejó de ser y por eso he vuelto a lo americano. Dejó de ser un puente con la dignidad y se volvió en lo que se ve en las exposiciones, en la gente que va a ver cómo puso el brochazo. Eso qué es? Eso es lo que me ha dolido del arte .

No cree en cielo ni infierno. Dios es una invención del hombre para tener explicaciones de por qué estamos aquí, y tener a quién pedirle cosas . Nunca se casó ni tuvo hijos, porque no tuve tiempo. Le tengo mucho respeto a la mujer. Uno, de artista entregado al arte de tiempo completo, de casarse me parecía pésimo sacrificar la vida de una mujer, porque por lo general terminan siendo administradoras de los asuntos de uno . Su felicidad actual es haber adoptado diez nietos , por quienes responde en todas sus necesidades. De la circunstancia inevitable de la muerte no le atormenta nada, salvo el futuro de estos muchachos. Uno lee prensa y ve televisión y se entera de cosas tan horribles, que por ellos me da pánico sobre su porvenir . Y con esa sonrisa amable, ademanes de gentleman, mirada reposada e intensa paz espiritual, sentencia seguro: de mí, no me preocupa si después de muerto me recuerden o me olviden .

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