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TOFT: COWBOY O VISIONARIO

TOFT: COWBOY O VISIONARIO

Luego de unas cortas vacaciones me encuentro con un país convulsionado no por la muerte de uno de sus grandes estadistas del siglo XX, sino por las declaraciones de un ex funcionario de la DEA que, entre otras cosas, dijo verdades de a puño. Y si bien se excedió por lo menos en la forma y en algunas insinuaciones no sustentadas, sí nos mostró esa cara que hemos querido ocultar pero que todos en el fondo sabemos que es la verdadera: la mafia colombiana tiene hoy más poder que nunca.

Veamos las acusaciones de Joe Toft una por una.

Del ex presidente César Gaviria dijo que le había ocultado al país lo que estaba pasando en la Catedral y que los códigos penales expedidos en su mandato eran laxos con los criminales y muy favorables para los narcotraficantes y narcoterroristas.

En cuanto a la Catedral , es de conocimiento público que cinco meses antes de la fuga de Pablo Escobar el entonces procurador general, Carlos Gustavo Arrieta, tenía fotos de los lujos de la cárcel, de las construcciones que se habían hecho y se las mostró al Presidente. Los colombianos apenas nos vinimos a enterar cuando Escobar se había fugado.

Los hechos hablan por sí solos en lo que a la acusación de los códigos se refiere. Cuatro años de cárcel a Urdinola, ocho a los Ochoa, y narcoterroristas libres en menos de una década -y eso si les va mal en la sentencia- evidencian una justicia favorable, por decir lo menos. Claro, los códigos pasaron por el Congreso, lo que nos lleva a la otra acusación, pero el Gobierno ha debido vetarlos tal y como lo hizo con la ley que tipifica el delito de desaparición.

Somos una narcodemocracia? Si nos ceñimos al derecho formal, no. No existen pruebas contundentes. Si hilamos un poco más delgado y atamos cabos, la respuesta es tal vez. El nivel de infiltración del Cartel de Cali en la política es inmenso. La circunscripción nacional no ha funcionado y por eso sorprende que existan departamentos con un desproporcionado número de senadores para la población votante que tienen. Es más, la financiación de muchas campañas locales y departamentales corre por cuenta de los narcotraficantes. A sus abogados se les ve con frecuencia en el Congreso, especialmente cuando se estudian las leyes que les interesan, y como bien lo definió un politólogo, en Colombia lo que hay es un narcoparlamentarismo .

La última acusación de Toft es la de la campaña del presidente Ernesto Samper y la supuesta financiación por parte de la gente del cartel de Cali. Evidencias no hay. Investigación sobre las denuncias, tampoco hubo. Pero la opinión pública aún no cree que el caso esté cerrado, pues las explicaciones que recibió fueron tan vagas y ligeras que la duda aún existe y aflora con gran fuerza de nuevo con este tipo de denuncias.

Al Presidente le habría convenido una investigación exhaustiva, que no se limitara a decir que las grabaciones eran inválidas y habían sido editadas, para que sobre su mandato no existiera duda alguna.

Llamarnos a engaño sobre el poder de los narcos sería una gran equivocación por dos razones. Una, porque se puede subestimar este poder y luego puede ser muy tarde, o muy costoso como en el caso de Pablo Escobar, para atacarlo. Y dos, porque sólo conociendo al enemigo se le pueden aplicar estrategias útiles para someterlo o controlarlo sin tener que recurrir a fórmulas simplistas como la guerra frontal que, como ya aprendimos con Pablo Escobar y el cartel de Medellín, en el fondo no sirven para nada.

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