DONMATÍAS, UN PUEBLO DE TALLA MUNDIAL

DONMATÍAS, UN PUEBLO DE TALLA MUNDIAL

Los jeans de las marcas más famosas del mundo se fabrican en Donmatías, un pueblo de escasos 11.000 habitantes, en su mayoría mujeres, levantado en la cima del Alto de Matasanos, a 50 kilómetros de Medellín. Hasta aquí han llegado los efectos de la crisis del sector de las confecciones provocada por el contrabando, la revaluación del peso y la pérdida de mercados externos.

03 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

En este pequeño pueblo, que concentra en su zona urbana a 120 empresas maquiladoras, se confeccionan pantalones, chalecos, camisas y miles de prendas en tela índigo que después le dan la vuelta al mundo bajo conocidas marcas como Marlboro, Gitano, Parachute, o el clásico Levis. Colombia exporta anualmente cerca de 45 millones de dólares anuales en confecciones de índigo.

Sin embargo, para las comercializadoras colombianas como Caribú, El Cid, Cinsa, Coltejer y Expofaro, que son las que más contratan producción en la zona, los negocios en el exterior no han marchado muy bien por la competencia con los productos mexicanos y asiáticos.

En consecuencia, la producción en Donmatías, se ha reducido en un 40 por ciento de su capacidad instalada. Los empresarios confían en que diciembre sea su salvación.

Ricos en necesidades Aunque para los donmatieños es usual hablar en dólares, estar bien vestidos y tener una intensa actividad económica, el nivel de vida ya se ha empezado a deteriorar y los salarios escasamente alcanzan para subsistir. Este pueblo es como un barrio de Medellín y es el más caro del departamento , dice uno de los habitantes.

El sector de las confecciones en Donmatías genera ingresos por 16.000 millones de pesos anuales, que equivalen al 48 por ciento del total de los ingresos del municipio.

Las empresas maquiladoras aportan unos 90 millones anuales al Sena, pagan 36 millones de pesos por impuestos de industria y comercio, 480 millones de IVA y unos 4.600 millones de pesos en salarios.

Sin embargo, el municipio tiene un déficit de 1.000 viviendas, faltan 2.000 líneas telefónicas y la población tiene un bajo poder adquisitivo.

El 33 por ciento de la población infantil está desnutor las estrechas calles de Donmatías.

Modernas construcciones hasta de cuatro niveles rodean el parque principal y se levantan junto a viejas casas de tapia, muchas de las cuales fueron acondicionadas como talleres de confección. En el interior, decenas de operarias en fila producen un jean en 18 minutos, y cada una obtiene un salario promedio de 98.000 pesos por 25 días de trabajo.

Cada operaria paga unos 70.000 pesos mensuales por la pieza de una casa donde conviven dos o tres familias hacinadas.

Laura es una de las 3.000 personas dedicadas a las confecciones. Tiene dos hijos y su esposo hace parte de las 1.200 personas que integran la colonia colombiana en Boston, Estados Unidos porque aquí casi todo el mundo tiene un pariente o un amigo en el exterior .

Para la joven operaria que llegó con su familia hace varios años, el presente y el futuro está ligado a la confección del jean y su vida transcurre lentamente entre la casa, la fábrica y la caseta en el centro del parque.

Empresarios por tradición La calidad de la confección de Donmatías es reconocida a nivel nacional. La tradición la inició Caribú hace ya 34 años con el montaje de la fábrica Industrial del Vestido Ltda.

Hoy, esta empresa tiene 120 empleados, con un promedio de antigedad de 17 años; 25 jubilados y el único sindicato de la región dispuesto a participar en la firma de un pacto social si el gobierno y los empresarios cumplen con su parte .

Allí hicieron sus primeras puntadas muchos operarios que posteriormente se retiraron de la fábrica para montar sus propias empresas, generalmente con el apoyo de créditos de Cooperativa Donmatías, o con la venta de un carro repartidor de leche tal como sucedió con Manuel Botero, un emprendedor confeccionista que no tiene problema en reconocer que aquí, las mujeres son las que trabajan y mandan .

Hace catorce años, Botero cambió un camión lechero por diez máquinas, tumbó la porqueriza del solar y convirtió la casa de sus seis hermanas en taller. Hoy, posee casi 80 máquinas y tecnología media, emplea unos cien operarios y le sobran ánimos para ponerse a tono con los nuevos tiempos de apertura con tal que no lo deje el tren, ensayando sistemas de producción modulares.

Para algunos empresarios donmatieños, la crisis de las confecciones comienza como una leyenda pues según dicen, de Taiwán llegan fábricas flotantes hasta con 300 operarias que confeccionan prendas a velocidades increíbles en el interior de los barcos, durante los tres meses que dura la travesía por mar.

Cuando tocan tierra, un completo cargamento de ropa es desembarcado y vendido en el puerto a muy bajos precios. Después, las prendas inundan las calles colombianas o continúan su viaje a los mercados americanos donde terminan desplazando las exportaciones de Colombia.

Así, entre cuentos y cuentas por falta de créditos, los maquiladores de Donmatías acostumbran capotear los tiempos de crisis. Hace dos años, reciben los mismos 1.500 pesos por la mano de obra de cada prenda.

La crisis real la vive el dueño de la empresa para que no haya desempleo. Ahora, cuando se acerca diciembre esperamos que las cosas mejoren un poco , dice Botero sin dejar de aceptar que a algunas empresas les ha hecho un gran hueco el cierre de las exportaciones de Caribú y la proliferación de talleres piratas.

Venden una vaca, compran dos máquinas y ya se sienten empresarios , dice el director de Acopi Donmatías, Carlos Mario Acevedo, al referirse a la proliferación de talleres.

Según él, de las 120 fábricas existentes, hay 85 empresas organizadas. El 95 por ciento de ellas se dedica exclusivamente a la confección de bluyines.

Según una encuesta realizada por la Oficina de Planeación de Donmatías entre 50 confeccionistas, 21 fábricas se formaron en los últimos dos años, 11 tienen entre 2 y 5 años; 11 entre 5 y 10 años, y 6 fueron fundadas hace más de diez años.

Así las cosas, el reto ahora no es crear empresas nuevas sino mejorar las existentes, aumentando la productividad y buscando nuevos mercados.

Dirigentes cívicos y empresariales de la zona, están convencidos de que la actividad del sector de las confecciones debe ser apoyada adecuadamente para que contribuya al desarrollo integral de la región y se rescaten los valores con el fin de convertir las amenazas en oportunidades y evitar la cultura del enriquecimiento fácil.

(Recuadro MAC)

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