Secciones
Síguenos en:
Pequeños guardianes de un frágil humedal

Pequeños guardianes de un frágil humedal

Aunque estudió idiomas en la Universidad Nacional, hace más de 30 años, el profesor Luis Emiro Ramos terminó abandonando los diccionarios para consagrarse al 100 por ciento a su verdadera pasión: la defensa a ultranza de la naturaleza.

Una labor que desde hace 37 años realiza con la ayuda de niños de su localidad, Fontibón, con quienes se ha emplea a fondo para cuidar el humedal Capellanía, un área de 18 hectáreas, con un reducido espejo de agua y cada vez menos animales.

Todos los sábados, con Diego, Eduardo, Cristian, Bryan, Josué, Manuel, Sebastián, Carlos y Sergio, entre otros 15 niños, recorre el humedal, lo limpia, y de paso, les enseña los nombres de los pájaros, las ranas y los arbustos.

Eduardo, de 12 años y con uno en el grupo, afirma que lo que más le gusta de las visitas al humedal es poder ver al gavilán pollero que a veces se posa sobre los juncos.

“Ya casi no se le ve, pero es muy bacano verlo volar encima de nosotros, con sus ‘alotas’ extendidas”, dice el niño.

Para Sergio, el menor del grupo, con 9 años, lo que más le atrae de esas jornadas son las historias que relata el ‘profe’ Lucho.

“Nos cuenta que el humedal era super grande, que había mucha agua y que la gente venía en botes a pasear y alimentar a los patos”.

Y es que con esas historias, el profesor Ramos les hace el recuento de toda la extensión que se ha perdido el humedal.

“En mi juventud, Capellanía tenía unas 40 hectáreas y se veía como un lago, pero poco a poco fueron llegando las urbanizaciones y con ellas sus desechos, y le fueron ganando terreno al humedal”, dice Ramos con nostalgia.

Además –agrega– cerraron los aljibes que lo alimentaban y lo “condenaron a que sobreviviera con el agua lluvia”.

Pocos animales y muchas islas Cristian tiene 11 años y aunque confiesa que no le gusta mucho recoger la basura que encuentran en el humedal, dice que pertenece al grupo hace un mes, porque puede ver “renacuajos y arañas raras”.

Pero si hay algo que emociona a los niños son los colchones de agua, una islas diminutas que se sostienen como por milagro sobre el pantano.

Todos, sin excepción, encuentran apasionante saltar de uno en uno como en una competencia de obstáculos. Y si se caen, lo máximo que ocurre es que se ensucian los zapatos, porque tiene menos de un metro de profundidad.

Así como las micro islas del humedal, numerosas son sus peticiones: que haya más vigilancia para que la gente no haga fogatas o picnics, para que no lo invadan los indigentes y menos, las vacas que llevan a pastar. También que abran los aljibes, y sobre todo, que toda la comunidad ayude a cuidar lo que queda del pulmón de Fontibón.

UNIDOS POR EL HUMEDAL.

El humedal limita al norte con las urbanizaciones Bella Vista, Los Pantanos, Cofradía y Santa Teresa, al sur con la carrera 87, al oriente con la calle 43 y al occidente, con la Avenida Ferrocarril.

Entre los colegios que trabajan con Ramos están el Instituto Infantil Juvenil, el Costa Rica, Rodrigo Arenas Betancur, Nuestra Señora de Fátima, Fontibón, La Marsellesa y Pablo Neruda.

“Sabemos que nos toca luchar contra la modernidad, pero lo ideal es que podamos acoplar la llegada de las urbanizaciones con el ecosistema existente sin causar traumatismos”, dice Ramos.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.