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Una vela por esta novela

Una vela por esta novela

Al decir que con la noche de las velitas se ilumina la Navidad no se me prende el bombillo. Lo importante es interpretar las tradiciones. El fuego significa la salida de la oscuridad; la vida y la verdad. Óigase bien, la verdad. Así que fuego es lo que necesita Colombia, ¿verdad? Mejor dicho, luz, pues fuego hay hace rato. Hasta fuego amigo.

Esta tradición es milenaria. Desde cuando el hombre comenzó a poner sebo en este mundo, la humanidad siempre le ha prendido una vela a Dios y otra al diablo. Pero una lucecita lo más bonita me dijo que la fiesta viene en firme desde el 8 de diciembre de 1854, cuando el papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción. Es irreverente decir que de allá venga lo de que sin amor ni pío o sin aquello ni pío. Mas, la tradición de venerar a la Inmaculada se acentuó con Pío Nono.

En la noche de las velitas, miles de hogares le dan gracias a la Virgen por los favores recibidos. En Colombia hoy tiene un sentido particular. El Palacio de Nariño, donde hay que adorar al Niño o no nos tratan con cariño, se vio muy iluminado. Aunque seguían saliendo cortinas de humo. Debieron prender no velitas, sino velones, pues ya comienzan los apagones. Y el ‘represidente’ Uribe inició su segundo mandato con un panorama más bien oscuro. Y se le están yendo muy seguido las luces. No solo a él, sino al país. Hay zonas que pasan la noche en vela y rezando, pues las Farc han vuelto con sus fuegos artificiales. Ya en Nariño volvieron a darnos en la torre... de energía los muy malditos.

En la cárcel de máxima seguridad de Itagüí, los 59 ex jefes ‘paras’, que amenazan con sacar a la luz muchos secretos, no prendieron velas. Ellos estaban echando chispas. No chispitas Mariposa, sino como el patas, por no cambiarle una letra. Y amenazan con que en la novena van a cantar la verdad.

Que canten, así los políticos digan que son solamente pobres y humildes pajas. “La verdad os hará libres”, dice la Biblia. Aunque en este caso, solo de conciencia, pues deben pagar por sus crímenes. Ellos y los políticos.

La sagrada tradición de las velitas, asimismo, fue celebrada en casa de varios congresistas. Dizque la lluvia de acusaciones y malos vientos les opacaba la luz. Sus abogados les deben recomendar mucho cuidado con la pólvora, pues, a pesar de que son expertos en jugar con candela, algunos pueden resultar quemados en enero.

Igualmente, unas 650 mil personas, en seis capitales, llevan celebrando la noche de las velitas hace meses al no poder pagar. ¿Será que la luz de la verdad en el Gobierno no ilumina tanto y aquí hay más pobres, más desempleados, más gente en tinieblas que los que aparecen en las alegres estadísticas oficiales? Claro que con el famoso espejo retrovisor, dirán que este Gobierno no tiene velas en ese entierro.

Yo prendí mi vela por esta novela de país. Por que salga toda la verdad a la luz. Y que haya justicia. Y por que a quienes siguen en la oscuridad del secuestro la Inmaculada les ilumine el camino de regreso. Que no se les apague la luz de la esperanza.

luioch@eltiempo.com.co

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