LA OBRA DE UN GRAN COLOMBIANO

LA OBRA DE UN GRAN COLOMBIANO

Soy godo de nacimiento y conservador por convicción. A pesar de haber pasado por el cedazo civilizador de los gobiernos del Frente Nacional, aún siento con emoción, pero sin sectarismo, mis convicciones políticas. Tal vez por eso he podido entender mejor y admirar al doctor Carlos Lleras Restrepo, artífice de los cambios más trascendentales llevados a cabo en el país en los campos político y económico en el último medio siglo, marcado con su impronta. Batallador formidable, aún conservo con orgullo una que otra cicatriz -mejor rasguños- por haberme atrevido, quizás con insolencia, a defender ante él pareceres encontrados. Al llegar al número 1.000 de la revista Nueva Frontera, el semanario que él fundara hace cosa de veinte años y que dirigió con lucidez, es buena oportunidad para referirme con sincera admiración y afecto al conjunto de su extraordinaria y polifacética obra de estadista, político, escritor, orador, dirigente, que lo coloca como auténtico símbolo de unidad nacional.

09 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

He leído, o mejor dicho estudiado, las múltiples publicaciones de este eminente compatriota. Desde su primer libro sobre Estadística que escribió cuando desempeñaba la Contraloría General de la República al inicio de su fulgurante carrera; sus Memorias de Hacienda, ya clásicos de nuestra economía, por fortuna recientemente reeditadas por el Banco de la República; sus mensajes y discursos presidenciales, sus libros sobre temas económicos, como Los cambios internacionales y La política cafetera, complementados en picante contraste con el delicioso De ciertas damas. De la República a la dictadura, que recoge un doloroso tramo de la historia política nacional vivida por él, que culmina en los 11 volúmenes hasta ahora publicados de la monumental Crónica de mi propia vida.

Desde el primer número he leído con fruición los escritos del ilustre ex presidente publicados en Nueva Frontera, lectura semanal que he llevado a cabo sin perderme un solo número como un ejercicio intelectual que se facilita por el estilo limpio y castizo y por la forma amena como trataba todos los temas y todos los asuntos. Tal vez ningún otro ex presidente, con la excepción magistral de don Marco Fidel Suárez con sus Sueños de Luciano Pulgar, se ha impuesto entre nosotros una disciplina tal que le ha permitido escribir con rigurosa periodicidad, excelente factura y tratamiento profundo sobre una diversidad impresionante de temas nacionales. Falta el escritor imaginativo y con buen estilo que establezca el diálogo entre esos dos buídos personajes, Luciano Pulgar y El bachiller Cleofás Pérez .

Rasguño Como recibí uno que otro rasguño, tal como lo dije antes, no resisto la tentación de referir cómo me gané uno, para señalar otros aspectos de la personalidad rotunda del ilustre ex mandatario que tiene un fondo de generosidad que sólo se encuentra en los grandes hombres.

Cuando ocupé el Ministerio de Fomento en el gobierno del presidente Lleras Camargo redactamos con el entonces ministro de Hacienda, doctor Hernando Agudelo Villa, un documento que titulamos Plataforma económica y social del primer gobierno del Frente Nacional. En esa época, el doctor Lleras Restrepo, como jefe del partido liberal, organizó una comida bastante concurrida de la Sociedad Económica de Amigos del País en honor del doctor Agudelo Villa, a la que no fui invitado. En su discurso, el doctor Lleras Restrepo, después de hacer una amplia exposición sobre la situación económica del país y bombardear nuestra plataforma por todos los costados, le disparó un dardo venenoso al doctor Agudelo Villa, afirmando que nuestro manejo económico era débil y equivocado, porque, entre otras cosas, estábamos dejando crecer insensiblemente la inflación como la rosa en el soneto de Jorge Rojas . La plataforma del gobierno, según él, no era más que un catálogo de ideas sanas .

Aquí fue Troya, pues los periodistas tomaron esta alusión como una fisura o rompimiento (que en verdad nunca ocurrió) entre los dos Lleras, ya que todo coincidía con la reciente elección por el Congreso del doctor Darío Echandía como Designado, gracias a la poderosa influencia que en ella tuvo el doctor Laureano Gómez, quien parece se opuso entonces a la justa aspiración que tenía el doctor Lleras Restrepo a ese cargo.

A los ocho días, aprovechando la Asamblea de Fedemetal, salí lanza en ristre para contestarle el cuestionamiento de nuestra plataforma; sin dejar de reconocer su inmensa autoridad ante la opinión nacional en el manejo de los asuntos económicos, dije que convenía se revelara cuál era el alcance de ese dardo mortal y que para ello proponía leer con cuidado el último terceto del soneto de Rojas, al que había hecho alusión el doctor Lleras Restrepo, que dice: Te pongo en posesión de casa cosa/ callándote tal vez que está la espina/ más cerca del dolor que de la rosa . Mi atrevimiento, he de confesarlo, no tuvo mal recibo nacional pues incluso periódicos y revistas liberales lo señalaron como una salida afortunada.

A los pocos días me reuní con el presidente Lleras Camargo en los usuales encuentros con cada uno de sus ministros, llamados en aquella época acuerdos , para darle razón sobre lo que se había hecho en la semana, y de entrada me preguntó sobre mi discurso en Fedemetal, que yo llevaba para entregarle, pero que me pidió leyera, particularmente el párrafo en que hacía referencia al soneto de Rojas. Confieso que lo hice con la audacia y desparpajo que da la juventud y al terminar su lectura observé la sonrisa socarrona del Presidente que me dijo: Si en ese tono leyó su discurso, estoy seguro que debió recibir justo aplauso. Pero Rodrigo, no se le olvide que a las estatuas no se les tocan las barbas . Antes de un mes se produjo una crisis política con motivo de unas elecciones, y se produjo mi retiro del Ministerio. Seguramente la referencia a la estatua no tuvo influencia alguna. Pero la lección me quedó para toda la vida.

Años más tarde, cuando el doctor Lleras Restrepo pasó por Washington como candidato a la Presidencia, tuve oportunidad de encontrarlo en casa de mi amigo Leonel Torres y a los pocos minutos, cuando en un grupo muy cordial nos tomábamos el primer trago, el doctor Lleras Restrepo nos pidió que hiciéramos una sesión de las que a él le gustaban, para recitar poesías y, por supuesto, en la primera vuelta se dedicó a recordar una buena cantidad de poemas de Jorge Rojas.

Al terminar esta sesión inolvidable que duró varias horas, nos despedimos y él, con gesto irónico, me dijo que había tenido que acaparar casi toda la noche recitando poesías pues parecía que a los jóvenes se les habían olvidado, especialmente las de Jorge Rojas. Al poco tiempo, ya como Presidente de la República, me abrumó con generosas propuestas para regresar al país y como yo había redondeado diez años de estar fuera, dejé París para ocupar, gracias a su generosa insistencia, la presidencia del Banco Cafetero.

Acción de estadista Como consecuencia de su admirable acción creativa casi no hay entidad o mecanismo económico importante en el país que no haya sido fruto de su prodigioso talento: el Fondo Nacional del Café, el régimen cambiario con el mecanismo de la devaluación gradual, el Instituto de Crédito Territorial, el Instituto de Fomento Industrial, el Insfopal, el Incora, el Instituto de Bienestar Familiar, las normas constitucionales que consagraron la planeación, el situado fiscal, la iniciativa gubernamental del gasto público. En el campo administrativo queda la colección de organizaciones estatales que manejan la inversión pública en materia de educación, salud y obras públicas.

Y, por supuesto, entre las muchas realizaciones en el campo internacional están el Pacto Andino con el Convenio de Cartagena. Y lo más admirable de todo esto es que las leyes y decretos que dieron origen a esta abundante cosecha de reformas fueron redactadas de su puño y letra. Cualquiera de estas realizaciones consagraría a su autor como uno de nuestros grandes estadistas. A todo esto se agregan como corona de su vida fecunda las mil ediciones de Nueva Frontera que seguramente permanecerán en las bibliotecas de los colombianos interesados en conocer qué pasó en estos 60 años de nuestra historia y quién fue el directo autor de tantas y tan espléndidas transformaciones.

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