CLINTON: UNA GIRA A RITMO FRENÉTICO

CLINTON: UNA GIRA A RITMO FRENÉTICO

En Estados Unidos las campañas electorales son certámenes fríamente calculados. Todo está organizado para que la prensa registre minuciosamente cada momento, para que los candidatos proyecten su mensaje ya sea con palabras como con gestos, para animar a la gente y convencerla de que la alternativa que se expone es la correcta. Tras bastidores, en la campaña de Bill Clinton y Al Gore, el entusiasmo, aunque cauteloso, es evidente. El ritmo es frenético. Los candidatos hablan una y otra vez, repitiendo el mismo discurso con escasas variaciones ante multitudes que van desde docenas de personas hasta manifestaciones de ocho mil electores potenciales.

28 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

De alguna manera, la posibilidad de que se escape de las manos una victoria que está tan cerca inyecta un cierto grado de electricidad y pasión en la campaña, que es evidente en la forma como el gobernador de Arkansas y el senador por Tennessee se dirigen a las masas.

Winston Salem (Carolina del Norte) está de plácemes: el candidato y su campaña se encuentran en el pueblo, con todo y su fila interminable de buses, camionetas, carros oficiales y semioficiales y radiopatrullas. A las 7:30 en punto de la mañana, la gigantesca campaña o el circo electoral, como lo llama uno de los periodistas, se pone en marcha en un desplazamiento masivo que no se puede pasar por alto.

A lo largo del camino, de vez en cuando aparecen grupitos de ciudadanos madrugadores que levantan las pancartas de Clinton-Gore frente a la caravana. Menos frecuentes, pero no menos entusiastas, son los que presentan pancartas de Bush-Quayle, un recordatorio de que este Estado clave del sur puede ser ganado por cualquiera de los dos equipos.

La primera parada es en la sede de YWCA (Young Christian Women Association), donde el candidato y su socio electoral aparecen en vivo en el programa de la mañana de CBS. Por esta razón, esta será la única vez que llegarán a tiempo. En adelante, el atraso del horario se acumulará hasta llegar a ser de cuatro horas cuando termine de madrugada en la helada pista de un aeropuerto de pueblo.

Bill Clinton no pierde tiempo en afirmar que su forma favorita de comunicarse con la gentes es la reunión del pueblo (town meeting), donde los ciudadanos tienen la oportunidad de preguntarle lo que quieran. Una mujer le pregunta si sabe cuánto cuesta un galón de gasolina (poco más de un dólar), una hogaza de pan (un dólar), un par de blue jeans (entre 18 y 50 dólares), una cita con el doctor ( yo conozco doctores que atienden por 15 dólares , dice y la gente ríe). Quienes afirman que a Bill Clinton le gusta hablar tienen razón. Por su manera de acercarse a la gente, de estrechar la mano de cuanta persona se le acerca, es patente que el hombre disfruta de su contacto con las masas. De vez en cuando habla más de lo necesario con alguien y firma autógrafos en abundancia. Los candidatos permanecen más tiempo del programado contestando preguntas y saludando y a estas alturas la caravana ya está tarde. A un lado de la calle del restaurante familiar a donde entran, como si hubiera sido puesta ahí por casualidad, hay una camioneta pick-up con un letrero que incita a la gente a votar por Ross Perot. Frente a ella pasan Hilary Clinton, Tiper Gore y sus hijas Chelsea y Sara, respectivamente, saludando a los transeúntes y curiosos.

Una vez más, el candidato sale, da la mano y saluda por 15 minutos, se sube al bus, comienza la estampida, se pone en movimiento la caravana hasta la siguiente parada.

El coordinador de prensa del bus afirma descaradamente que todas las paradas en el camino son improvisadas, aunque después de dos o tres de ellas es obvio que han sido cuidadosamente seleccionadas y la gente ha sido preparada de antemano. De otra forma, cómo se explicaría la presencia de más de cien niños impedidos, con enfermedades como polio, parálisis cerebral, autismo, alineados juiciosamente por sus maestros frente a una escuela especial del municipio? Después de pasar por otra escuela primaria, la campaña llega al primer mitin de pueblo una hora y media tarde. Se hace evidente que este es territorio de la clase media trabajadora, predominantemente blanca, la misma gente que ha reelegido por varios períodos sucesivos al más conservador de los senadores republicanos, Jesse Helms.

Entre quienes van a oír a los candidatos, la mayor parte ya está convencida, a juzgar por la reacción a los discursos. Los pueblos y los discursos se suceden unos a otros. Elon Collage (1.000 personas), Graham (1.500), Hillsborough (1.200), Durham (5.000), Raleigh (2.500), Zebulon (1.500), Wilson (1.000). A este último pueblo, la caravana, que estaba programada para llegar a las 7:30 de la noche, arriba a las 10:30. No obstante el frío, todavía hay gente que la recibe entusiasmadamente. El candidato a gobernador del estado, Jim Hunt, presenta a Hilary Clinton con un gigantesco pastel de cumpleaños que representa un bus en camino a la Casa Blanca. Cantando el happy birthday, la multitud entra en calor.

Ahora no queda sino llegar al aeropuerto de Kinston, la última parada de la última gira en bus de la campaña. A pesar de que es la 1 de la mañana, todavía hay unas 500 personas esperando, con todo y banda de guerra. A estas alturas, el ritual empieza por presentar disculpas a la gente por llegar tarde y por explicar las razones. Finalmente, a las 2:30 de la madrugada, la comitiva de Clinton-Gore se sube a un avión fletado que los llevará a Augusta (Georgia), donde comenzará la última etapa de una campaña que por fuera parece fríamente calculada. Por dentro, sin embargo, reina la incertidumbre por una victoria que se encuentra al alcance de la mano, pero cuya certeza es tan frágil como las opiniones del electorado estadounidense. EN CAMPAÑA VOTO HISPANO. Clinton cuenta con el 54 por ciento de los votos hispanos, según una encuesta que llevó a cabo la mayor cadena hispana de televisión de este país, Univisión. El presidente Bush obtuvo un 24 por ciento, mientras que Perot, un 12 por ciento. SCOWCROFT SE NIEGA. El consejero de Seguridad Brent Scowcroft y varios ex colaboradores del presidente George Bush anunciaron su negativa a testificar ayer ante un comité del Senado que investiga la ayuda estadounidense a Irak antes de la Guerra del Golfo. CRITICAS. La concesión de ayuda a Irak ha sido criticada durante la campaña para las elecciones del 3 de noviembre principalmente por los demócratas y el candidato independiente Ross Perot. INDAGATORIA. El secretario de Justicia, William Barr, nombró el lunes al fiscal de Illinois, William Roberts, para encabezar la investigación sobre la concesión de 5.000 millones de dólares en créditos ilegales a Irak por parte de las oficinas en Atlanta de un banco italiano. AYUDA. Los senadores del comité de bancos investigan la ayuda estadounidense concedida al presidente Saddam Hussein, que incluye tecnología nuclear con potenciales usos militares.

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