TRISTE SÍMBOLO

Teníamos la ilusión de que tras las excelentes gestiones y el sacrificio de las partes en pugna, Urabá estaba en camino de recobrar la paz. Personajes que coexisten y manejan intereses en la región, anunciaban acuerdos con los sindicatos y con ciertos grupos guerrilleros, y si se pedía la presencia del Estado era para impedir nuevos desbordes de subversivos, empeñados en quitarle piso a cualquier gestión destinada a sentar las bases de una paz estable o torpedear cualquier comienzo de solución no violenta en las diversas regiones del país. Los últimos hechos demuestran que otra vez asoman su faz sangrienta los malos hijos de Colombia. Se mata sin discriminación, con odio, con la tendencia arbitraria de usar el fusil en lugar de la ley, de aplicar la justicia por mano propia, de robar, de secuestrar, de destruir la naciente riqueza que podría llevar paz y tranquilidad no solo a los habitantes del Urabá sino de otras regiones de la patria. El vil secuestro y asesinato de un ciudadano

28 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

Cuando sus vidas terminaban, los ojos azules del inglés y los oscuros del colombiano se elevarían, por última vez, para mirar el cielo claro que en tantas ocasiones les proporcionó la alegría de días apacibles, sin nubes en lontananza. Lejos estaban de esperar el inglés cuando abandonó su tierra nativa y el colombiano cuando ocupó la posición de alcalde que su recompensa iba a ser la muerte. No un fin tranquilo y natural, sino producto de la crueldad, la maldad y la irracionalidad humanas. Se podría tomar su sacrificio como una señal de lo que ocurre en Colombia, donde se asesina sin consideración de raza, religión o nacionalidad.

El asesinato del alcalde de San Pedro de Urabá es otro crimen que, aparte de lo cruel, resulta extraño y significativo. Encadena una ola salvaje de represalias, venganzas o como quiera llamársele contra el exgobernador Bernardo Guerra Serna. Al exfuncionario, atacado algunas veces con injusticia tremenda, le ha tocado pagar y muy dolorosamente los esfuerzos que ha hecho por combatir la subversión, unificar al partido y servir a Antioquia como valiente político. A Guerra Serna hay que ofrecerle solidaridad. Es una muestra de cómo no todo en la vida política es grato ni significa negociados o prebendas. Guerra Serna pierde a una hermana, Notaria en uno de tales despachos del Círculo de Medellín. Le están diezmando a sus compañeros de actividad política, y nadie entiende de dónde salen las manos asesinas o los autores intelectuales de la persecución contra el exgobernador.

Unificar al partido, darle piso a la solución democrática en Antioquia, constituye una amenaza? Es pregunta que solo los promotores del desorden y la subversión pueden responder. El exgobernador Guerra Serna sabe que lo acompañamos en este doloroso peregrinaje. Y que no está solo.

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