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Drama de dos ciudades

Drama de dos ciudades

Con sus alcaldes enjuiciados, uno por la Procuraduría General de la Nación y otro por la justicia ordinaria, Cali y Barranquilla viven hoy “sus peores tiempos”, para usar la frase con la que empieza la célebre obra de Dickens. El drama que viven estas dos ciudades, tercera y cuarta de Colombia en tamaño e importancia, muestra los estragos que la corrupción, el clientelismo y la ineficiencia causan a la administración pública del país.

Los dos casos son ejemplos de la ligereza con la que algunos funcionarios actúan en el ejercicio de sus deberes. Al alcalde de Barranquilla, Guillermo Hoenigsberg –que hoy tiene su casa por cárcel– lo persiguen desde hace más de diez años las irregularidades en la celebración del contrato para la remodelación del edificio de la Alcaldía, adjudicado en 1993, cuando ocupaba la secretaría general en la administración del cura Bernardo Hoyos. Al de Cali, Apolinar Salcedo, le acaba de costar su destitución por la Procuraduría otro contrato, cuya transparencia fue puesta en duda en el Concejo de la ciudad antes de que lo suscribiera, en febrero del 2005, para entregarle a una firma particular el recaudo de los impuestos.

Según la Procuraduría, el alcalde Salcedo incurrió en “faltas gravísimas” porque al firmar el contrato desconoció varias normas de la Ley 80 (estatuto de contratación pública), al no realizar previamente estudios financieros y de mercado, al comprometer recursos de vigencias posteriores a las de su período, al incumplir los plazos legales de la licitación y aceptar una póliza de seguro por un valor muy inferior al recaudo que se encargó al contratista (100 millones de pesos, frente a una cifra histórica de recaudo de 300.000 millones).

Salcedo ha dicho que apelará ante la misma Procuraduría. No se sabe cuál será su suerte definitiva, como tampoco la de Hoenigsberg, que dependerá del juicio que le deberá abrir el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Barranquilla. Pero los líos judiciales de los dos alcaldes ya han causado a Cali y Barranquilla serios traumas políticos, sociales y administrativos.

Las consecuencias son visibles en el deterioro físico de ambas ciudades, el cual es especialmente notorio en Cali, donde proliferan los huecos en las calles, donde las basuras sin recoger exasperan a la ciudadanía y la seguridad anda manga por hombro: no en vano el presidente Álvaro Uribe tuvo que enviar allí al Director General de la Policía para que encabezara una contraofensiva a la ola de atentados que golpeó recientemente a la ciudad.

Más allá del problema puntual que Salcedo enfrenta hoy, la crítica generalizada al Alcalde de Cali es que en los tres años que lleva en el cargo ha cometido muchos errores y no ha hecho suficiente presencia en los momentos de crisis para resolver los múltiples problemas de la ciudad. El vacío de poder en la capital del Valle se está sintiendo hace meses. Y ahora se acentuará por la interinidad en la administración mientras se define la situación de Salcedo. Esto fue evidente ayer, cuando el gobernador Angelino Garzón y el presidente de la Cámara de Comercio de Cali, Julián Domínguez, dieron una rueda de prensa, sin la presencia del Alcalde, para anunciar el plan para recoger los montones de basura que asfixian a la ciudad.

Los líos judiciales de sus alcaldes están causando serios traumas políticos, sociales y administrativos a Barranquilla y Cali.

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