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El dilema de Bush

El dilema de Bush

Cuando el presidente de Estados Unidos, George Bush, reciba hoy los resultados del informe del Grupo de Estudio de Irak, se abrirá un compás de espera que podría cambiar drásticamente la estrategia estadounidense en Bagdad y Oriente Medio. Es posible que el informe, unido al mensaje electoral de noviembre contra la guerra y a la situación cada día más catastrófica en el país ocupado, obligue a la Casa Blanca a dar un giro y conectarse, finalmente, con la realidad iraquí.

La entrega del informe es simbólica, pues la mayoría de los lineamientos de la comisión bipartidista de alto nivel, formada por 10 expertos en política exterior, ya fueron filtrados a los medios. La Comisión Baker, llamada así porque la preside James Baker, ex secretario de Estado de George Bush padre, sugerirá a la administración de Bush hijo tres puntos polémicos: el retiro gradual de las tropas estadounidenses de Irak, el mantenimiento de ‘asesores’ militares allí y el inicio de un diálogo con Irán y Siria para estabilizar la situación en el terreno.

La adopción de estas recomendaciones equivaldría a aceptar el fracaso de E.U. en su objetivo de instalar una democracia de corte occidental en pleno Oriente Medio. Objetivo que se volvió una trampa para las fuerzas estadounidenses (parecida a la de Vietnam), por su impotencia para controlar una sangría cada vez mayor, no solo en sus filas sino entre la población iraquí, a causa de la violencia sectaria entre sunitas y chiitas, que parece haber llegado a un punto de no retorno. Diariamente se suceden atentados con decenas y hasta centenares de muertos, como los del 23 de noviembre, que dejaron más de 200; los de la semana pasada, que causaron otro centenar de bajas y los de ayer mismo, en los que cayeron 12 soldados estadounidenses, con lo cual se elevó a 2.990 el número de caídos en las tropas de E.U.

Por eso, el debate en Washington ya no gira en torno a los objetivos militares, sino al diseño de una estrategia de salida que permita a Estados Unidos salvar la cara y al mismo tiempo impida que Irak se destruya en el caos y la guerra civil. Si alguna duda quedaba, ayer la despejó el sucesor designado de Donald Rumsfeld en la secretaría de Defensa, Robert Gates, al decir en su audiencia de confirmación en el Senado que E.U. debe reconsiderar la situación porque la guerra se está perdiendo.

Desde el punto de vista ideológico, el gobierno de Bush está en medio de dos escuelas de política exterior: los neoconservadores y los realistas. El círculo interno de asesores del Presidente pertenece a la primera. Esta aún sueña con implantar la democracia en Oriente Medio. La Comisión Baker representa la visión pragmática de avanzar poco a poco en acuerdos con los regímenes árabes. Para los realistas, Irán y Siria son potenciales aliados en la estabilización iraquí; para los neoconservadores, un acuerdo con estos gobiernos sería ceder al terrorismo.

Bush no está obligado a adoptar las recomendaciones del informe Baker, pero este le ofrece una oportunidad dorada para corregir el rumbo de su fracasada estrategia de guerra. Que ya le costó una baja de popularidad sin precedentes y una dura derrota electoral a su partido en el Congreso, hoy dominado por los demócratas. Y también podría costarles la Casa Blanca a los republicanos en la elección presidencial del 2008.

El caos y la violencia crecientes en Irak han convertido las metas de E.U.

allí en una trampa cada día más parecida a la de Vietnam.

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