EL INFORME DE MR. TOFT

EL INFORME DE MR. TOFT

Después de siete años de servicios al frente de la comisión antidrogas en Colombia, el superagente Joseph Toft rindió su informe final al público norteamericano a través de una televisora. Hizo exactamente lo que no tocaba. Su función no era la de un informador público. Por definición, lo apropiado era rendir una información tan eficaz como fuera posible para la lucha solidaria de los gobiernos empeñados en la acción común contra el narcotráfico. Ahora resulta rota la acción solidaria de la comisión colombiana y la norteamericana y las expresiones del informe público de Mr Toft ofensivas para el gobierno colombiano. No se trata de discutir el poder que están ejerciendo los narcotraficantes y que puede reflejarse en los informes de Mr. Toft. Es tan grande que, combatiéndolo, el país ha pagado como ningún otro en América, incluyendo a los Estados Unidos. Desconocerlo, sería insensato. Quienes están haciendo, con la venta clandestina de cocaína, las mayores fortunas del mundo, y están

06 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Lo que necesitamos en el frente de la lucha contra el flagelo de la droga es algo que empieza a producir buenos resultados, como ayer mismo lo vimos, en las operaciones Margarita, Angelo II, Caza del Zorro, en que, combinadas las policías de Estados Unidos, Francia, España, Italia y Colombia, pudieron hacerse capturas en Cali, Medellín, Pereira, Bogotá, Francia, Nueva York, Washington, San Francisco, Chicago, San Antonio y Nueva Orleans.

En contraposición a este resultado positivo de una acción solidaria están lo que podríamos llamar las derrotas nacionales. Desde luego, los Estados Unidos, con 20 millones, por lo menos, de consumidores habituales de droga, que constituyen el mercado más grande del mundo, podrían sufrir el calificativo de una drogacracia, porque están preparando una nueva generación de adictos a la cocaína, que se surte con el mercado de la droga colombiana.

Tenemos el testimonio de Francia, que ha declarado que carece de una fuerza de policía suficiente para controlar el contrabando que le hacía el cartel de Pablo Escobar y ahora el de Cali, introduciendo cocaína clandestinamente. Y la impotencia de Italia para reducir el poder de las mafias. Qué hacer en Colombia para defenderse de los carteles que controlan la más grande de las industrias del país y maneja dólares en cantidades fabulosas? Las comisiones antidroga nacionales exigen una estrecha solidaridad que, en el caso del señor Toft, se ha destruido en forma impresionante.

Lo conducente sería pedirle cuentas para que hiciera precisiones exhaustivas en un informe confidencial para los dos gobiernos. Sin excluir, de la parte colombiana, un análisis frío y objetivo, porque nosotros no podemos negar el caso de presiones de los narcotraficantes que han llegado al extremo de imponer un artículo como el de la no extradición en la Constitución Nacional, cuya aprobación nadie podrá explicar sino bajo la presión de los criminales que iban a beneficiarse de esa increíble disposición.

No sé con exactitud cómo puede abordarse el caso del señor Toft, pero es el mejor ejemplo de cómo no se puede seguir trabajando lo de la guerra contra los narcotraficantes, sin tener la decisión de hacerlo en forma solidaria internacionalmente. Y en primer lugar, entre las dos naciones que tienen el mayor interés en combatir el vicio que las coloca al borde del abismo. Lo más extraño en el caso del reportaje de Mr. Toft es que, sin pertenecer él al mundo diplomático, en donde las palabras se miden con tanto cuidado, la policía, que usa un lenguaje más directo, es la menos cuidadosa, evitando agudizar los conflictos. Mr. Toft ha sido un maestro en el arte de agudizarlos. Pero no todo lo que ha dicho debemos suponer que carece en absoluto de fundamento.

Estoy íntimamente convencido de que en esta lucha contra un poder internacional de la magnitud del que maneja la droga, es fanfarronería pueril reclamar la exclusividad soberana de la nación, para tratar a los criminales que busquen, para defenderse, la protección de la nacionalidad. Su vida delictuosa se ha formado fuera del país y nada más natural sino que paguen sus delitos bajo la ley de la nación en donde los han cometido. La extradición no hace otra cosa sino poner al delincuente en manos de la justicia que ha sido agraviada por él.

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