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La guerra de los sexos: un concepto pasado de moda

La guerra de los sexos: un concepto pasado de moda

Los hombres y las mujeres somos diferentes, y una evidencia científica reciente lo comprueba de manera contundente y nos permite reafirmar lo que siempre habíamos sospechado.

La amígdala en el cerebro, encargada del manejo de la rabia y el miedo, es más pequeña en las mujeres, lo cual las hace menos propensas a pelear físicamente. La corteza prefrontal de ellas es más grande y madura más temprano, lo que explica por qué la mujer es más paciente que el hombre.

El centro del estrés y de los estados anímicos, al igual que el de la toma de decisiones, es más grande en las mujeres. Esto hace que se preocupen más y se demoren más que los hombres tomando decisiones.

El hemisferio izquierdo, que se encarga del desarrollo verbal, es más pronunciado en los cerebros femeninos. De ahí que las niñas hablen más temprano y que las mujeres hablen más en general.

También se descubrió que los ojos de los niños bebés son más sensibles al movimiento, y el de las niñas, al color y a la textura. Se cree que de ahí viene la preferencia de los niños, y luego de los hombres, por objetos que se mueven, como son carros, aviones, etc.

El hemisferio derecho, por otro lado, parece tener más conexiones en los hombres, lo cual los hace más propensos a la fuerza y a la destreza motora, así como a manejar más fácilmente conceptos no verbales (numéricos y espaciales).

El cerebro de los hombres maneja mejor los conceptos secuenciales y el de las mujeres, los simultáneos.

El caso es que somos diferentes y debemos aprender a celebrar estas diferencias. La respuesta parece radicar en aprender a colaborar y a cooperar con el sexo opuesto.

Debemos complementar lo que le haga falta al otro. Así se forma un buen equipo, donde se haga uso y se reconozcan las fortalezas de ambos sexos. La diferencia es la que permite que se pueda criar de manera más eficiente a los hijos. Para lograr esto se necesita un frente unido y dejar atrás la época donde tener la razón era lo correcto.

Hay que colaborar con la pareja mostrándole nuestro punto de vista, precisamente para enriquecerse del otro.

Señores, usen la paciencia de sus mujeres para calmar su premura. No la dejen preocuparse excesivamente y muéstrenle que analizando las cosas de forma lógica se llega mejor y más lejos.

Señoras, ustedes tienen la capacidad de ponerse en la situación del otro, háganlo pero déjense llevar por la parte práctica de su pareja y no traten de tener razón a toda costa. Eso no conduce a mejores logros.

No somos mejores, ni peores, solo diferentes. ¡Viva la diferencia! annieacevedo@hotmail.com

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